Tienen la Palabra…

El poder de los ciudadanos y el derecho al pataleo

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Casi todos los días, la prensa escribe sobre comentarios que realizamos los ciudadanos, sobre cómo nuestros gobernantes conducen los destinos del país.

Unos son bien elogiosos, otros no tanto.

Es notorio que hay mucha gente desesperanzada.

Que no se vislumbra un futuro más o menos viable.

El presente, incluso, para muchos no es sostenible. Escuchamos, que la dirigencia hace, o no hace que tiene ingenio, que no tiene.

En fin, toda la gama de situaciones que a muchos les parecen inadecuadas.

Pero no olvidemos algo. A nuestros gobernantes, políticos, autoridades, los elegimos nosotros. Entre todos.

En forma totalmente libre y democrática.

Por mayoría de votos nosotros entregamos «el timón» y la autorización de manejarlo.

Por lo tanto «no hay derecho al pataleo».

Ahora bien. Quien nos representa debe, no solo emitir señales, posponer y refugiarse en tiempo, en mejorar situaciones que son coyunturales que no eran esperadas, que no vinieron de afuera y son imprevistas.

Deben actuar y guiar bien el barco (llamado país); sí o sí. Porque la ciudadanía, que es «el soberano», puede, en la próxima elección, no otorgar el timón a quien no le representó a satisfacción.

Por lo tanto «no habrá derecho al pataleo».

Atentos saludos

Carmi Rauch –C.I. 866.784-6  

Ciudadano que presenció el fallecimiento de una señora que cayó al túnel tras, ser atropellada, reclama una solución definitiva

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Sr. Director de División de Tránsito

Sr. Felipe Martín

El motivo de esta carta tiene origen en un accidente de tránsito ocurrido el 23.01.01 en la intersección de las calles Avelino Miranda y 8 de Octubre.

Más allá de las señalizaciones de tránsito que se encuentran en el lugar, el accidente ocurrió.

Habiendo presenciado el hecho debo afirmar que ignorar la presencia de los carteles indicadores llevaron a tal resultado.

Una señora de 72 años fallece al caer inmediatamente después del impacto de los rodados.

Señor Felipe Martín usted no se imagina lo que fue ver perder el equilibrio a esa señora y oírle gritando al caer al vacío. Todo sucedió en un instante y ninguno de los presentes pudimos hacer nada para auxiliarla. Luego un profundo sentimiento de impotencia y de bronca me invadió percatándome de que habían pasado ya más de cinco minutos y con tres mutualistas ubicadas en el lugar ninguna prestó auxilio de inmediato (pero esa es una parte de toda la situación).

Desconociendo si está permitido o no, circular a peatones por el canterito a modo de minivereda que allí existe pienso que de no estar permitido el tránsito peatonal no debe existir más esa minivereda, desprovista de espacio suficiente para transitarla. Otras cosa que quiero que usted por favor considere es la poca altura de los muros que rodean el túnel empezando desde las esquinas hasta el final del mismo.

Tal vez a usted no le competa (laboralmente hablando) la medida del muro; pero déjeme recordarle que por ese motivo es que se perdió una vida humana; (solo por la altura o debería decir bajeza de un muro).

La verdad es que no me interesa si la vista queda tapada, en el caso de que alguien se decida a levantar el muro o si queda antiestético, en el también hipotético caso de que se les ocurra poner una reja alrededor del túnel, lo que no quiero y le pido por favor es que ese muro se quede así, lo que no quiero (si lo del muro no es su trabajo) es que solo haya un cartel de ceda el paso o de pare; quiero que pongan semáforos, lomos de burro o lo que sea más efectivo que un simple cartel que puede o no ser respetado porque temo que esto vuelva a suceder si no se toman medidas urgentes; temo por los míos, y por todos porque somos víctimas potenciales e indefensas.

Sin otro particular y quedando a sus órdenes y esperando una respuesta efectiva a mi pedido, que me atrevo a hacerlo extensible a toda la población, me despido de usted.

Marcelo Montanari – C.I.2.900.907-3 

Agradecimiento de un luchador social

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Quien suscribe tiene el deber de hacer saber a usted que en este país existen personas que valoran y (al cabo de los años) y agradecen, su enorme aporte a la democracia uruguaya.

Al solo efecto de que sepa, quien le dispensa estos conceptos diré que tengo 79 años, desde 1937 (tiré mi primer volante por la república española) luego continué luchando, contra el nazifascismo. En 1944 fui cofundador de un sindicato en el transporte y durante la dictadura militar mi casa fue saqueada, una y otra vez (doce años humillado, robado y con mi único hijo preso). Mi economía se quebrantó, y perdí el placer de leer la prensa, ni diarios ni semanarios, me satisface, vichar de garrón sus títulos. No me duele el precio que hube de pagar por mantener mi integridad y dignidad, porque valoro estas cosas es que resolví enviarles estas líneas.

Nuevamente gracias, hace muchas temporadas que tenía dispuesto hacerlo. Ambos merecemos un monumento al coraje. Con la seguridad de que no lo harán aflojar le saluda cordialmente

M.L. – CI 1.493.219-8  

Respuesta al «cantaautor popular» Omar Molina sobre la labor periodística en la cobertura de las páginas de Carnaval

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Los duros (casi groseros) comentarios del «cantautor popular» Omar Molina, hechos públicos días pasados a través de Cartas al Director de nuestro diario, a partir de un triste episodio por suerte superado, de prohibir parodiar una obra en Carnaval, no ameritarían una respuesta, mucho menos para defender mi supuesta capacidad periodística.

Probablemente muchos lectores opinen como él y puede que tengan razón.

De todas formas, su insistencia me lleva a plantear algunas reflexiones.

En primer lugar no conozco al remitente, ni personalmente ni por su actividad artística y en esto, asumo humildemente la ignorancia: no es su culpa sino mía.

Por otro lado, valoro su opinión en tanto y cuanto según lo estampado al pie de su firma primaria, indica ser asesor de RRPP de Agadu, función no desmentida por la asociación, una institución que respeto profundamente, por su denodada defensa de los derechos de los autores nacionales.

Lamento no obstante, no haya recabado en lo previo a su libelo, con alguno de los muchos directivos responsables de Agadu, entre ellos su presidente, amigo personal, sobre actividades que en conjunto realizamos, para promover entre los carnavaleros, precisamente los alcances del acuerdo de Berna, que el señor cantautor, asegura, desconozco.

Hubiesen podido informarle también, sobre el decidido apoyo que con nuestra modesta prédica brindé y sigo brindando a la notable iniciativa de Agadu al crear los premios Víctor Soliño, para la canción inédita en Carnaval, consecuencia y apoyatura relevante de aquella campaña institucional.

Hoy por hoy, esta iniciativa resulta una exitosísima y grata realidad que beneficia a todos, en especial a los creadores y autores nuestros.

Bien podría favorecerle incluso a mi detractor, posibilitándole algún sainete carnavalero, dicho esto, sin ninguna intención peyorativa.

No voy en este caso a reprocharle al señor Molina su ignorancia de estos hechos (aunque ello desautorice algunas de sus apreciaciones), co
mo espero, no reproche la mía por desconocer su trayectoria.

No obstante, como corolario y para halago personal, inmodestamente lo confieso, fui conmovido por la solidaridad recibida por parte de amigos y colegas, incluso de ámbitos de trabajo distintos a los míos y que mucho agradezco.

Algunos, destinando demasiado de sus muy valiosos espacios periodísticos a tales efectos.

Una última reflexión. Menos mal que (por lo menos hasta ahora), en los medios para los que sirvo, no hicieron caudal de los conceptos de este «cantautor popular», de lo contrario, hubiera logrado el poco grato privilegio, tal vez para él no, de haber incluido en su currículum, un desocupado más.

Lo que sí y esto dicho con la mayor seriedad, reivindico con énfasis el calificativo de Referente Carnavalero, con el que califiqué la entrañable figura de don Antonio Iglesias, mal que le pese al señor Molina.

En cuanto a las palabras rebuscadas o grandilocuentes que me reprocha usar, basta un simple diccionario de bolsillo para descubrir su significado, incluso para constatar que no son ni una cosa ni la otra.

Daniel Porciúncula – Periodista – C.I. 1.381.007-2  

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