La noche de Oscar Alvarez
Su reciente espectáculo se permitió aires de despedidas y albores de bienvenidas por el cambio de siglo, elegancia, permanencia en lo clásico y un corrimiento a lo neomoderno, que es una contratapa de lo clásico.
Entonó fados portugueses la cantante Cristina Fernández, en un escenografía despojada con una especie de estalactitas invertidas en semicírculo. Primera anotación: el lugar y su escenificación metafórica con estalactitas o icebergs, por donde emerge una modelo. Esbelta y elegante, de aire intergaláctico la exquisita Eunice Castro, con un fondo de coros new age, presenta esta situación de lo próximo, lo actual y el ayer, en una sola prenda que posee audacia en su despliegue y clasicismo en su terminación.
Esa puesta en escena anotada, tal vez una cueva que remite al fondo de los tiempos o a la cueva del conocimiento de Platón, cálidamente veteada por los spots, es la que prepara el discurso del diseñador Oscar Alvarez en la línea del cambio de siglos. Y, desde luego, se percibe un mensaje y una lectura muy abierta: cambia el siglo y seguimos siendo los mismos y, en definitiva, lo que cambia es el cómo, las formas pero nunca los contenidos.
Todo parece indicar que Oscar Alavarez (y sus colaboradores más cercanos como Carlos Arbele, Carlos Pirelli y Germán Aller) construyen un espectáculo que rebasa el mero desfile de modelos, bajo una banda sonora que las envuelve de hits veraniegos.
En cada espectáculo de Osacar Alvarez hay un diseño, un plan y una estructura, un discurso que se despliega desde los modos de la moda. Aquí queda desterrada por completo la acepción despectiva que le otorgamos ya naturalmente al término fashion (moda). Alvarez siempre propone más allá de lo meramente perimetral de un desfile: la elaboración de un discurso, un modus operandi que se vuelve modus vivendi. Por lo que el espectáculo es irreductible, por sus formulaciones metafóricas y el suceder de la elegancia en la pasarela.
Todo supone o es ritual: no hay concesión ni al facilismo ni a lo efectista y hay siempre una apuesta al refinamiento en este diseñador.
Hay una actitud de orfebre para que después del hecho discursivo, se logre esencializar la prenda que se expone. Otra vez la elegancia, la fineza en la hechura y en los colores puros o combinados, según lo elaborado (sport, traje de noche, etcétera).
Los fados portugueses que de pronto ataca con su espléndida voz Cristina Fernández, completan la performance. El clima letánico, de registro melancólico en la coloración de la voz, aparece como una despedida al siglo. A Cristina Fernández la rodea un grupo de muchachos con velas en sus manos, y la mujer expande su voz en forma avasallante: el toque melancólico en los tonos altos marca la señal de un Cambalache que ya fue pero que a la vez se renueva.
Compartí tu opinión con toda la comunidad