Los uruguayos empiezan a aceptar las siliconas y la cirugía estética
Viviana estuvo casi una semana buscando precios aunque no decidía si su prótesis mamaria debía ser de 180 o de 200 centímetros cúbicos de silicona, que corresponde a una talla 85 o 90 de ropa interior. Al final compró las de origen brasileño en forma de gota texturizada, por las que pagó U$S 700 y por honorarios del médico debió afrontar una erogación de más de U$S 2.500. La operación duró dos horas, se realizó con anestesia local en una clínica privada y resultó mejor que lo que ella esperaba aunque el posoperatorio fue muy doloroso, contó.
Era la primera vez –casi a los treinta años– que dejaba de usar soutien de niña y no los rellenaba con algodón. Viviana asegura que el complejo que vivió durante toda su adolescencia la afectó en varios aspectos. Por eso, después de pensarlo mucho, se decidió a colocarse los implantes de seno que, según ella, le cambiaron la vida.
En Uruguay hay solo un importador de siliconas mamarias, que está ubicado en la calle Colón. En el mercado solo existen las inglesas y las brasileñas, que por su calidad son las preferidas de los entendidos. Cuestan aproximadamente U$S 800. Se eligen según la complexión física del cliente y los gustos personales en una elección compartida con el cirujano. Las hay redondas con aspecto de globo, en forma de gota, de perfil alto o bajo, lisa o texturizada y se pide por centímetro cúbico en relación al tamaño. En la década de los ochenta este tipo de operaciones tuvo mala prensa pero después de varios estudios se comprobó que los nuevos senos no «explotan» –como se decía– ni son cancerígenos ni riesgosos y se puede amamantar con ellas implantadas. Uno de los riesgos señalados por los especialistas es el encapsulamiento –que es doloroso–, que deviene del rechazo y la opresión del organismo al cuerpo extraño.
Hay varias maneras de insertarlas, ya sea por detrás del músculo o de la glándula mamaria. Las cicatriz intenta esconderse siempre. Hay diferentes métodos: de surco, en la axila o en forma de aureola siguiendo la línea del pezón.
Sin embargo, más allá del problema que quiera corregirse y lo que se manifieste en el consultorio, el especialista también pone atención en el «móvil» que lleva a la persona a cambiar su imagen. Para el psiquiatra Rafael Ramagli, existe un perfil de personalidad determinado capaz de someterse a una intervención impulsivamente y sin pensarlo demasiado, casi en forma irresponsable. Los individuos narcisistas, inseguros y disconformes dependen de un cambio externo para sentirse mejor, depositan toda su expectativa y ansiedad solo en lo estético, aunque si su estructura emocional no es muy sólida, después de lograr sus objetivos siguen sintiéndose desagradables y disconformes, porque en realidad son aspectos de su vida interior lo que desean reparar y no se dan cuenta. «Hay personas que son conscientes que someterse a estas prácticas también es un arma de seducción y lo pueden manejar con equilibrio y buen razonamiento. Es imposible que un médico opere a una persona que está atravesando una crisis matrimonial, quien quiere reconquistar a su pareja o se siente deprimido por alguna razón», afirmó.
El diseñador de moda Oscar Alvarez afirma que las «plásticas» son comunes de una clase social donde es frecuente estar operada y hasta es sinónimo de estatus. De toda su clientela más de un 25% reconoce haberse operado en algún momento o lo delata la perfección de su cuerpo. «La mayoría lo oculta siempre que se trate de estiramientos faciales. Las mujeres que se colocan siliconas en el pecho lo dicen o piden vestidos escotados para poder lucir la nueva delantera. Aunque no lo confiesen, es fácil darse cuenta cuando las mujeres ostentan unas figuras bellísimas y pasan los cincuenta años».
¿Qué buscan?
El sentido común, la prudencia y la elección de un profesional serio son las claves para enfrentarse a la primera consulta. En nuestro país existe la «Sociedad de Cirugía Plástica», que funciona desde hace 43 años, entre otras cosas como un ámbito gremial y de discusión entre profesionales del área. También se brinda asesoramiento al público mediante su página web: cirugiaplasticauruguaya.com.
Esta sociedad tiene más de cien integrantes y son ellos mismos quienes aconsejan a los que deseen operarse «ser exigentes» y pedir a este Centro información y el currículum del profesional escogido. Dicen que nunca se debe seleccionar un médico por la guía o porque aparece en un programa de televisión haciéndose propaganda porque los plásticos serios tienen perfil bajo. Más bien para la elección recomiendan el consejo de quien ya fue operado o el acercamiento a la Sociedad.
Si bien en nuestro país no hay farándula, los especialistas dicen que los periodistas –en especial los de televisión y los políticos– cada vez se operan más.
La mayoría solicita una hora de consulta cuando la clínica está vacía y guardan el hecho en el más profundo secreto. Los consultorios son visitados por mujeres a partir de los 18 años hasta los 70 y un menor número de hombres que se va incrementando a pasos agigantados.
Las mujeres solicitan más las liposucciones para quitarse la grasa localizada, que no se elimina con ejercicio ni con dieta. Esta es una de las técnicas más seguras que existen y es muy efectiva para el abdomen, los glúteos y la parte interna de las piernas, llamada pantalón de montar.
Las «megalipoesculturas» aspiran la grasa de casi todo el cuerpo hasta varios litros de una sola vez y logran que la paciente baje varias tallas. En Uruguay solo se han hecho dos o tres operaciones de este tipo, que son más riesgosas que las anteriores. El segundo lugar en demanda lo tienen los implantes de siliconas para dar volumen al busto o las rinoplastias, para corregir la forma de la nariz. Estas son las consultas más habituales, aunque hay pedidos tan variados e insólitos como partes del cuerpo existen.
En el caso de los hombres, la liposucción abdominal, los párpados y la operación de la calvicie son los que ocupan los primeros puestos. Hoy está de moda el uso de la llamada toxina botulínica, el botox y el uso del láser, como complemento quirúrgico en la eliminación de arrugas asociadas a los espasmos musculares, como las del entrecejo.
La cirugía plástica reparadora intenta corregir lo anormal hasta llevarlo al estándar de normalidad, como malformaciones congénitas, tumores, accidentes domésticos y laborales. Las plásticas estéticas –en cambio– solucionan algunos problemas en base a una anatomía normal para explotar al máximo la belleza de quien se somete. Por eso también el éxito del procedimiento y la armonía depende de la base con que cuente el profesional.
En el Hospital de Clínicas han aumentado en el entorno del 30% las operaciones de cirugía reparadora. Se realizaron unas 700 en el último año. En la mutualista Casmu se realizan cerca de 1.200 intervenciones de este tipo por año, cifra que se ha mantenido en la última década. Lo que no existe es un registro del número de cirugías estéticas, ni acá ni en otro lugar del mundo, ya que siempre son prácticas que se llevan a cabo en el ámbito privado y los profesionales dicen que no justifica llevar estadísticas.
Según el profesor de la Cátedra de Cirugía Plástica del Hospital de Clínicas, Héctor Juri, «antes de llevar a cabo la operación el paciente y el médico tienen que lograr una buena comunicación, no menos de cuatro consultas, y en la segunda o tercera el profesional accede o no a su requerimiento, que muchas veces es sensato y posible y otras disparatado. En la última sesión con el médico, se
toman fotografías de la zona a operar, se fija día y hora y el paciente firma un documento. Por escrito se deja sentado entonces el tipo de cirugía, las cicatrices que van a quedar, los riesgos y la autorización del paciente a exponerse a que se le tomen fotos durante la intervención, antes y después para eventualmente presentar en Congresos Internacionales de medicina y también para medir el resultado comparativamente».
La intervención
No existen en esta especialidad aranceles fijos sino que dependen del profesional. Los costos también varían según la patología y deseo que presente quien consulta, aunque los especialistas afirman que en nuestro país los precios son los más bajos de la región y se adecuan a la realidad socioeconómica.
El método de cada operación depende del paciente y del tipo de intervención. Hay casos en los que se utiliza anestesia local, un sedante y la recuperación es en el domicilio. Otros requieren anestesia general e internación aunque son los menos. Los riesgos de estas cirugías son como los de cualquier otra.
No hay ningún tipo de intervención que no deje una cicatriz. Las marcas siempre existen aunque se trata de realizarlas en lugares estratégicamente ocultos y aunque la profundidad de la marca depende del tipo de piel y del poder de cicatrización de cada uno, nunca desaparecen totalmente. El dolor está siempre presente pero varía la intensidad según la zona y el umbral de tolerancia del paciente. La duración de sus resultados también es individual y variable. Se sabe que la exposición al sol, el cigarrillo, la mala alimentación, la suba y pérdida de peso constante y la propia biología de los tejidos atentan contra su mantenimiento. Hay casos en los que hay que reintervenir y ya se sabe de antemano, otros en los que el paciente quiere retocarse y están aquellos en los que no se toca nunca más la zona. Los médicos aconsejan no perder el contacto con el paciente para seguir supervisando la evolución con el paso del tiempo. Se sabe que el número de denuncias por mala praxis ha aumentado significativamente, aunque no hay registros de médicos procesados ni condenados por una cirugía plástica mal hecha.
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