Sexo, sopa y rock and roll
Por Horacio Buscaglia
Si usted es hombre, ¿con qué frecuencia se masturba y en qué lugares insólitos ha mantenido relaciones sexuales? ¿alguna vez tuvo relaciones sexuales con otro hombre? ¿y con una prostituta, un animal o una sustancia alimenticia?
Si vos sos hombre o, si sos mujer, tu esposo, novio o compañero recibiera, sin explicación alguna, un cuestionario con este tipo de preguntas ¿qué harías?
Lo que hicieron varias mujeres y hombres australianos fue indignarse y así se lo hicieron saber a la revista femenina «B» que fue la que envió la encuesta.
La directora de la revista, Christina Larmer, envió cartas de disculpas a todos los que se quejaron pero defendió el objetivo del sondeo.
«Nos disculpamos con quien se ofendió. Hubiéramos debido incluir una carta de explicación sobre los motivos de la encuesta».
(Y sí, Christina, ¿qué te parece? Me preguntás cada cosa, vieja, que por lo menos me tendrías que explicar algo, ¿verdad? ¡Si hasta por las sustancias alimenticias me indagaste!)
Pero lo más interesante es la motivación de este sondeo, dijo Chris: «Estas son las cosas que nuestro público de mujeres jóvenes, entre 18 y 24 años, quiere saber sobre los hombres y pide continuamente conocer.»
«Bravas pa querer saber, aura que dice, las mujeres australianas», diría mi amigo Juceca.
Será que uno está chapado a la antigua pero la verdad es que no me imagino estar con una mujer en la etapa del «acercamiento» y que de pronto ella te diga con voz profunda y gesto intenso: «Hablemos de tu pasado, Horacio, ¿con cuántas mujeres, hombres, perros, gatos, cotorritas paraguayas, croquetas de arroz o puré de papas, te acostaste?
Además ponele que uno se sincere y confiese su tempestuosa relación con una caja de fideos cucusú que se vio truncada por un acto de infidelidad al flecharme el gusanito de seda que trajo mi sobrino de la escuela: «Yo lo veía contornearse y contornearse haciendo el capullo y ¿qué querés? ¡Uno no es de fierro!»
Ponele, digo, que le cuentes y, como siempre pasa, esas cosas quedan, seguramente nunca podríamos tener una mascota, ni siquiera una tortuguita de tierra o unos pececitos de colores, por aquello de los celos y la desconfianza ¿viste? Y de comida ni hablar, sólo productos congelados.
Yo conocí gente que se enamoró de su moto, hacía dormir a su mujer en el garage y otro que se apasionó con su heladera, que es bastante comprensible porque ese ronroneo que tiene te digo que ¡te pudre el bocho, te pudre! y también está el triste caso de Marquitos que se vino a encamotar con una licuadora. ¡Pobre, no me atreví a visitarlo en el hospital! Claro, la licuadora era francesa y se puede llegar a comprender, pero «sustancias alimenticias»… yo qué sé.
Estos son algunos de los lugares donde los australianos declararon que tuvieron relaciones sexuales: en ómnibus urbanos, Misas, platea de campeonatos de ajedrez, cornisas de edificios, refrigeradores (¿) y me parece que se coló algún uruguayo de los que están allá porque uno declaró que lo hizo «debajo de la parra tomando mate». (Seguramente con bombilla doblada, ¡si no, es un peligro! Te la podés clavar en el paladar.)
En fin, que siempre se está aprendiendo algo en esta vida.
¿Se dio cuenta que no le dije nada del plebiscito del 18?
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