Noche de lleno en el Ramón Collazo

Momosapiens dio un gran paso

El comienzo de la jornada estuvo a cargo de los Duke’s, inaugurando la categoría de mascaradas musicales.

Entendemos que fue un buen espectáculo, con mucha creatividad y buen humor que contagió al público.

Ruben Boyer, un hombre de larga experiencia carnavalera, tomó debida cuenta de los errores cometidos en la anterior edición y que lo distanciaron de las otras propuestas dentro de la categoría. Imprime a la presente actuación mucha dinámica, buenas canciones muy bien cantadas, conformando un grato espectáculo. En una cartegoría con sólo tres participantes, todos ellos experientes y al igual que Duke’s buscando primero su pasaje a la tercera ronda (van dos) y posteriormente alcanzar el ansiado primer premio, Duke’s está en ese camino y, pegó primero.

A segunda hora muy buena exhibición brindó la revista La Pequeña Lulú.

Lo suyo se sale de los moldes tradicionales, pero está perfectamente encuadrado en lo que marca el reglamento para la categoría. Se baila se canta, se actúa con gran solvencia, con presencias verdaderamente muy atractivas en cada rubro pero además, con enorme alegría, divirtiendo y divirtiéndose, abordando muchos temas, incluso de contenido social y político, sin perder la dimensión de espectáculo de carnaval, de transmisor de alegría y vitalidad que debe tener. Y lo logra, ¡vaya si lo logra!

El público es atrapado por aquella vorágine de gags, a punto de partida de esa feria casi de ilusiones, magníficamente representada en el escenario.

Los vestuarios de Julio Martínez, coreografía de Larisa Russo, arreglos corales de Esteban Pintos,escenografía de Adrián Bornes y puesta en escena de Coco Rivero, son puntos altísimos a favor de lo realizado por La Pequeña Lulú. Si a eso agregamos las dotes histriónicas de Fabián Fata Delgado actuando y cantando muy bien, la participación desopilante de Beatriz Belloni, o Adrián Bornes, es fácil suponer que el resultado final hubiera sido tan excelente. Punto alto significaron en esta actuación los libretos de Pablo Fidelín.

En definitiva La Pequeña Lulú marcó tal vez el punto más alto de lo que va de la categoría. Falta actuar al formularse este comentario, otro conjunto y una segunda ronda de todos, la que en definitiva determinará los merecimientos de cada uno para integrar los dos que estarán en la liguilla.

A tercera hora se produjo la reaparición de murga Divina Comedia. Cimentada en la sólida base de una buena integración, de los arreglos de Alvaro Gallo, de un vestuario muy carnavalero, colorido y funcional, la Divina llevó adelante una actuación de buen nivel. Tal vez porque habíamos perdido la capacidad de sorprendernos, por lo muy bueno hecho el año anterior, esta actuación no nos impresionó tan atractiva como aquella.

Entiendo que si bien la puesta en escena hace lucir a la murga, en sus vestuarios, en sus accesorios, le resta fuerza al coro que por momentos se oye bajo.

Los textos de Fernando Shmidt son para lucirlos más de lo que la murga lo hizo, no tanto por carencias del conjunto (que no las tiene), sino por no haber encontrado el equilibrio necesario entre la puesta en escena y el canto.

Excelente actuación solista de Coco Rivero aportando en este caso su calidad como actor.

También nos impresionó gratamente la batería integrada por Fulvio Modernel, Sebastián Grosso y Leonardo Alonso.

Más allá de lo apuntado La Divina Comedia, rubro a rubro, debe haber punteado bien, por lo que su chance está intacta.

El cierre resultó el gran espectáculo de la noche.

La expectativa del público innegablemente estaba centrada en los parodistas de Horacio Rubino. En un conjunto que cada año da muestras de gran calidad artística, con propuestas creativas muy bien realizadas, con el soporte técnico de una plantilla fenomenal, en la que están Horacio Rubino y Enrique Vidal en los libretos, Jorge Velazo en los arreglos corales y orquestales, Juan Campo y Marcos Cabrera en los bailes y coreografía, Esther Barbero con Raquel Pedemonte en los vestuarios, Jorge Irigoyen en la escenografía, por nombrar algunos de los que componen esta plantilla. Este año en particular vuelve a conformar su plantel con figuras prestigiosísimas, alguna de ellas, léase Pendota Meneses, referente ineludible cuando de actores y parodismo se trata.

Momosapiens no defraudó. Realizó un trabajo de gran nivel presentando dos parodias muy disímiles, como fueron Billy the Kid y nada menos que la Madre Teresa de Calcuta.

Dicho así, esta segunda parodia casi puede suponerse una irreverencia o cuando menos una temeridad. No lo fue. Por el contrario, resultó una parodia creíble, bien realizada, por momentos muy emotiva, sin recurrir a sensiblerías trasnochadas y por momentos divertida, sin irrespetuosidades.

La primera parodia en sí misma fue una gran divertimento que el público disfrutó como creo que disfrutaron los propios actores.

Cantando estupendo, allí estaban Javier Fernández, Aldo Martínez, Toby Morgade. Bailando, como apuntaba un espectador a mi lado «un disparate». Todo en Momosapiens se disfruta. Nombrar figuras sería repasar puntualmente su ficha técnica, porque todos rindieron en forma estupenda. Darwin Pirri, Roberto Romero (un fenómeno), el propio Horacio Rubino, fueron soportes de esta gran presentación de los Momos.

Falta mucho para concluir el concurso, siquiera para llegar a la tercera rueda, de todas formas, Momosapiens superó ya una etapa fundamental y seguramente con puntajes que deben haber orillado los máximos.

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