Una mujer casi pierde la vida al ser golpeada por la quilla de una tabla de surf

Tablas peligrosas en el mar

Rocha

El martes 16 de enero, a media tarde, María Nela Pérez llegó a la playa con su esposo Laureano y sus hijos dispuesta a compartir unas horas en la costa, ritual que cumple todos los veranos desde que tiene uso de razón. Laureano recuerda que el mar estaba algo «picado», no había mucha gente y sí podía distinguir un grupo de surfistas a unos 40 metros de la playa.

La zona de balneario La Aguada, en el murallón, es una de las más concurridas y particularmente se realiza una concentración de surfistas en un sector de playa que une La Aguada con La Paloma, ya que presenta excelentes características para «correr olas» casi en forma permanente.

Es en esa zona donde se han realizado torneos del clásico deporte en La Paloma aunque no se trata de una playa a la que concurran solo los seguidores del surf, como no ocurre en casi ninguna de las playas señaladas.

La pareja llegó a la costa y resolvieron darse un baño juntos para luego dedicarse a uno de los hijos más pequeños, a quien le indicaron que se quedara en la costa esperando. Juntos esperaron la ola para la zambullida; la que venía (se veía desde lejos) era grande por lo que se quedaron abrazados dispuestos a tirarse. Al estar debajo del agua sintieron el fuerte golpe.

Laureano recibió el golpe en la boca, lo que le provocó el desprendimiento de dos piezas dentales. María Nela estaba parada a algunos metros suyos agarrándose el cuello.

«Pensé que nos habíamos golpeado entre nosotros, pero cuando sacó la mano la veo sangrando y con un corte bien profundo en el cuello. Solo atiné a salir lo más rápido posible de la playa, aunque la salida se me hizo una eternidad», recordó Laureano, quien después se enteró que el golpe lo había recibido de una tabla de surf.

María Nela, mientras tanto, recuerda que ella sintió como un revolcón seguido de un golpe pero no terminó allí. El cordón que une la tabla al surfista se le había enredado en el cuello y la cabeza, y sólo atinaba a sostenerlo mientras en la confusión el propietario de la tabla tiraba del cordón sin saber en qué se había atorado.

Así recuerdan ambos el momento del accidente e intentan recomponer la historia señalando que no habían visto al surfista cerca de ellos, ni lo vieron entrar al agua. Les sorprendió además su presencia porque el grupo de más de 20 pesonas que estaban surfeando se encontraba a casi 50 metros de donde el matrimonio se bañaba.

Indican que seguramente el muchacho se cayó justo delante de ellos y topó con la pareja al momento de salir de abajo del agua. La tabla golpeó al hombre mientras que la mujer habría sido golpeada con las quillas y de ahí el profundo corte en el cuello.

 

Horas después

«Yo estuve consciente en todo momento», recuerda María Nela y agrega que no va a olvidar lo que le dijo el doctor José Pedro Herbón, en la policlínica de La Paloma cuando la atendió: «Dios estaba contigo, porque por unos milímetros no cuentas el cuento».

Debió ser trasladada en ambulancia a Rocha, donde fue examinada por varios especialistas. Ahí ya «estaba más tranquila porque estaba controlada y fuera de peligro», recuerda.

Posteriormente fue derivada a Montevideo, donde estuvo internada algunos días para luego continuar su recuperación en un régimen de internación domiciliaria.

Cuenta que este accidente le dejará seguramente secuelas físicas y también psicológicas debido al shock que padeció.

«Nos levantamos y nos acostamos hablando del tema», confiesa María Nela Pérez y señala que no dejan de formularse hipótesis respecto a qué hubiera sucedido si los golpeados eran sus hijos «o cualquier otro chico que estaba allí en la playa, porque, además, estábamos con el agua por la cintura».

«De hecho yo ya le tomé miedo y no sé cuánto me va a costar meterme al agua». Dice que quedó muy sensible: «Me asustan las frenadas de los autos y no me animo a bajar a la costa».

 

Esperar a que se haga algo

El pasado fin de semana, en el marco de la recuperación médica y mostrando claras secuelas psicológicas por el accidente, la pareja recibió a LA REPUBLICA para recordar una vez más los detalles del hecho y deseosos de querer difundir lo sucedido «para que no ocurra una tragedia».

Entienden que de alguna forma se deben establecer límites para no encontrarse en un espacio de costa con cientos de bañistas e innumerables tablas en la costa.

En el diálogo hacen conocer y «dejan en claro» que no es su intención la de hacer una campaña en contra de la práctica del deporte.

Una de las soluciones podría ser que se establezcan zonas de baños y otras de deportes o para pesca «de manera tal que no haya malos entendidos».

«Si vos vas a una playa con espacios para jugar al fútbol o al volley y te sentás con una silla, es claro que te pueden pegar un pelotazo…», dice Laureano a modo de ejemplo de lo que se podría hacer en las playas rochenses con carteles explicativos en las playas habilitadas para surfistas.

María Nela, quien tiene un hijo adolescente que practica surf, señaló que conoce cuáles son los detalles relacionados con esta práctica.

«Yo sé cómo es esto, que las playas cambian porque hoy hay olas acá y mañana no, ellos persiguen las olas», señala al proponer que los propios guardavidas podrían ser los encargados de definir (con banderas) en qué playas se puede practicar surf.

«En la policlínica nos decían que han ido personas con cortadas o contusiones producto de golpes con tablas, pero ninguna de tanta gravedad», señala la mujer accidentada.

 

Y ahora

De este accidente hay una denuncia presentada en Prefectura, concretamente en el apostadero naval de La Paloma, «que pasó a Judicial», complementa María Nela.

A raíz de esa denuncia en Prefectura se enteraron que el surfista es un muchacho de 19 años que tendría radicación en la capital del país y de quien recuerdan solamente que estaba «tremendamente asustado».

Ambos señalan a LA REPUBLICA que están de acuerdo en que fue un accidente, pero coinciden en que, al igual que en un choque de autos, hay un responsable.

Ante la consulta periodística no descartaron formular acciones de reparación, aunque indicaron que esa instancia no está definida y restaba un asesoramiento jurídico al respecto.

«Nuestra mayor preocupación es que se haga algo», para que esta situación no se repita y más gente pueda salir herida o algo peor, afirma la pareja.

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