Desde el asiento de los bobos

Feliz Año Nuevo

Por Horacio Buscaglia

Ayer, 24 de enero, subo al ómnibus y como venía pensando en cualquier cosa menos en la acción de pagar el boleto, ya que eso forma parte de mis reflejos condicionados, al tomar el susodicho papelito entre mis dedos, miré al guarda y con una sonrisa le dije: «Feliz Año Nuevo». El guarda me clavó los ojos con cara de pan con grasa sacado del horno antes de tiempo (que es una cara así,¿vio?, como de estupefacto pero torcido), pero fuera lo que fuera a decirme se vio detenido por la pregunta de una señora: «¿Así que no van a estar más acá?», a lo que el señor cortaboletos respondió. «No señora, vamos a estar pero va a haber un control vía satélite». La mujer lo miró y sus ojos se fueron agrandando como arroz recalentado (hoy estoy para la comparación culinaria), y yo me di cuenta que ella estaba viendo al guarda sentado en una silla flotando alrededor del planeta con la mano en una piolita que bajaba y bajaba y bajaba hasta llegar a la campanilla de un ómnibus en la Tierra.

Una mujer que iba sentada le dijo en un murmullo a la que estaba a su lado: «Los satélites ven todo por rayos infrarrojos, ¿no?» y corrigió la otra: «No, ultravioletas». Se hizo un silencio y la primera mujer miró por la ventana, hacia el cielo, como escudriñando el espacio sideral y dijo para sí misma: «Tenía razón mamá, siempre hay que salir con la ropa interior limpia. Y ahora con estas tecnologías, más que nunca».

Un nene le preguntó a su padre: «¿Papá, los guardas van a ser astronautas?». Y del fondo del ómnibus se sintió una voz aguardentosa que dijo: » Con lo alto que están los precios, para poder vivir en este país todos tenemos que ser astronautas.»

Otra voz acotó: «¿Será que nos parecemos a ellos, porque allá arriba hacen sus necesidades encima?».

Y un joven agregó: «Nos parecemos en que los de arriba se arreglan ellos y encima se olvidan de nuestras necesidades. Y así nos va como la mierda».

«Más decoro, joven. Que hay niños y señoritas». Dijo una anciana muy seria. Y volvió a tomar la palabra el nene: «Pero allá arriba no hay ley de gravedad, todo flota. Hasta la caca y el pichí flotan». Todos imaginaron el ómnibus lleno de esas cosas flotando e hicieron un gesto de asco, algunos hasta esquivaron algo y todo. Y otra vez rugió la voz profunda del fondo del bondi: «Acá todos flotamos y el que más flota es el presidente. Ese flota con tracción a gualén: blablablá blablablá, blablablá».

Y una voz dulce como la miel (comparación culinaria, pero obvia. Debería decirse dulce como kiwi muy maduro, por lo menos) dejó caer con la suavidad que cae un pañuelo de gasa lila sobre un campo plantado de girasoles (Ápá! Me parece que esta literatura es una patología). En fin, aquella voz dijo: «Pero acá hay una ley de gravedad urgente y por más Newton que haya, le vamos a votar en contra el 18 de febrero».

Todos miraron la hermosa cara de la joven que habló y no sé si fue por su fisonomía o por lo que dijo, pero todos decían que «Sí» con la cabeza.

En realidad yo dije Feliz Año Nuevo porque era el Año Nuevo Lunar que festejan los chinos. Y este es el año de la Serpiente, les va a ir bien, dicen los maestros de Feng Shui, a los nacidos en 1917, 1929, 1941, 1953, 1965, 1977, 1989 y 2001.

Tranquilos, yo ya averigüé, Jorge Batlle nació el 25 de octubre de 1927.

(Para comunicarse con H. Buscaglia: [email protected])

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