Tiene la palabra
Alumnos «forzados» por sus padres a concurrir a un colegio
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Si bien ya no vivo en Uruguay, siempre leo con interés su diario y, unas dos veces tuve oportunidad de enviarle cartas. Aprecio sus artículos y el espíritu que anima su diario. Es por eso que en el día de ayer, domingo 21, experimenté un gran disgusto al ver que, en carta de lectores, habían convertido su diario en… (perdone esta palabra) letrina.
El señor (¿?) Gustavo Pastorelli intentó basurear a un Colegio, a la Iglesia y al mismo Cristo, «Dios bendito para siempre» (San Pablo). Pero … ¿cuál ha sido el resultado? Nada más ni nada menos que una radiografía de su no-personalidad, de su neurosis, de su miopía y de un irracional resentimiento con signos de patología.
El pertenece a esas clase de alumnos «forzados» a concurrir a un colegio religioso (en este caso no saben exigir ejercer su libertad ante un padre «que tuvo la infeliz idea de introducirlo en el sistema educacional religioso»). Y, por no entrar con recta intención y coherencia, hacen mucho daño a sí mismos, a los colegas y al colegio.
El confiesa que «estaba apurado por… vomitar» y lo hizo de manera vergonzosa queriendo echar el máximo desprecio sobre lo que Murcea Eliade llama: «No una dimensión del ser humano, sino La Dimensión». Pero el señor Pastorelli no sabe de eso. Entonces, cuando hay incapacidad de tratar ciertos temas, tales personas se honran mejor… callando. Salud a usted con la más alta estima.
José Gasparrini – DNI (Arg.) 93310260
¿Por qué muere el carnaval?
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El otro día fui al Teatro de Verano a ver bailar a mi hija en una revista musical del Carnaval de las Promesas. Amén de la natural emoción que pude sentir como padre, me sorprendió gratamente la evolución del conjunto, con un gran despliegue de danzas, alegría, colorido y coreografía. La sensación que quedó fluctuando entre todos los asistentes (que no solo eramos padres) fue que sin problemas la revista seguiría en carrera, con grandes posibilidades de pelear por los primeros lugares. ¡Oh sorpresa! La revista fue eliminada. Nadie sabe por qué y el Jurado no puede dar explicaciones hasta después de finalizado el concurso. ¡Cuánto esfuerzo borrado de un plumazo! (Ensayos, espectáculos para recaudar fondos, deudas, colaboración de amigos, compra de ropas, locomoción, etcétera).
Cuántos niños llorando tratando de encontrar una explicación que no llega y si llega no conforma.
Ahora entendí por qué está muriendo el carnaval. Niños que se sintieron despojados no quieren volver a bailar. Padres que trabajaron duramente están pensando si vale la pena seguir, si tanto esfuerzo valió la pena. Y mientras tanto, aquellos que ya están haciendo del Carnaval de los Niños un negocio, siempre siguen en carrera. ¡Así estamos!
Juan Carlos Rodríguez – C.I. 1.799.922-2
Un lamentable episodio parlamentario
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El episodio parlamentario en la Comisión Permanente que culminó con la renuncia del presidente del Banco Hipotecario, ingeniero Noachas, no prestigia al Parlamento ni el funcionamiento institucional. Está, además, en disonancia con la línea ética que pretende imprimir el Presidente a su gestión.
Damos por ciertos los hechos que provocaron la concurrencia del señor Noachas, acompañado del ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Institucionalmente debió ocurrir a la inversa. El convocado debió haber sido el ministro, acompañado por el Directorio del Banco. Pero dejemos de lado la formalidad de la concurrencia.
En el episodio, la discusión se centró en las adjudicaciones de viviendas a familiares del presidente del Banco Hipotecario. La defensa de las adjudicaciones se basaron en la legalidad de los actos, como si el ámbito de tratamiento del tema fuera un ámbito académico y no político institucional. La argumentación del senador Correa Fleitas constituyó una confesión de un «mea culpa». Su argumentación se fundó en que, como los legisladores y directores de entes autónomos siempre han cometido esos actos, el vicio hay que admitirlo. «Que nadie se rasgue las vestiduras por estos hechos» habría dicho. Parecería, siguiendo su línea argumental, cuando se cometen irregularidades, en lugar de corregirlas, hay que acostumbrarse a convivir con ellas. Pero lo grave es que esto lo diga un senador que es, además, catedrático en la Universidad de la República.
Pero es lamentable, también, la pasividad del ministro. Nos duele como blancos que un ministro, que está en representación del Partido, haya observado una pasividad que no es digna de los blancos ni del sentido ético que el Presidente pretende imprimir a su gestión.
¿Por qué el ministro no aplicó, ante la evidencia de los hechos, el artículo 198 de la Constitución, que habilita al Poder Ejecutivo la destitución de los miembros del Directorio «por la comisión de actos que afectan su buen nombre o el prestigio de la institución a que pertenece».
Es lamentable que el episodio termine con la renuncia del señor Noachas. La renuncia no debe ser aceptada, sino que se debe rechazar la renuncia y el ministro debe proponer la destitución por las causas que habilita el artículo 198 de la Constitución. Solo así el sistema institucional quedará a salvo. Así hubieran procedido Herrera y Wilson Ferreira. Es la opinión de este blanco que quizá peque de radical e intransigente. Pero cuando es la moral administrativa y la ética, el Partido históricamente fue así. «Sólo habrá regocijo abajo cuando haya dignidad arriba» (Saravia).
Pero, en definitiva, tuvimos un presidente del Banco Hipotecario para tres generaciones, pues hasta un nieto resultó adjudicatario. Solo faltó el espíritu santo.
Dr. Artemio Caraballo – Convencional del PN – CI 3.532.999-4
De la edila Cristina Ferro
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Montevideo, 22 de enero de 2001
De mi consideración:
En su edición de la fecha en la página 11, sección Tiene la palabra, aparece una carta cuyo autor no desea identificarse ante el público, aportando el seudónimo de Omar, lo que la transforma hasta el presente en un anónimo.
No contesto anónimos, pero en este caso por responsabilidad y respeto a su diario efectuaré algunas puntualizaciones que entiendo ilustrarán debidamente a sus lectores.
Previo a ello, además como en la misma se realiza una apreciación que intenta vincularme con condiciones golpistas, es que le solicito formalmente la identificación del firmante a los efectos de las acciones legales pertinentes ante el claro propósito calumnioso del mismo, de degradar mi persona ante la consideración pública.
En primer lugar me permito señalar que mi conocimiento de la actividad hípica no se reduce exclusivamente a ser la hija de Tito Ferro, situación de la que siento profundo orgullo. Nací, me crié y viví la mayor parte de mi vida en Maroñas y mis primeros pasos y todos mis hijos fueron siempre en los patios de los Studs. Además mi esposo fue durante muchos años empleado del Jockey Club, permanente y por reunión llegando a gerente de la Entidad. Uno de mis hijos fue entrenador de caballos de carrera y en la actualidad todos igualmente seguimos vinculados a la actividad turf
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