Informe uruguayo cuestiona la manipulación genética

Alimentos bajo sospecha

Elsa Perrone y Perla López, dos uruguayas, terapeutas en medicinas alternativas, elaboraron un informe sobre la incidencia de los productos transgénicos y llegaron a la conclusión de lo nocivo que es la utilización de alimentos genéticamente manipulados para el hombre, su economía y el propio medio ambiente.

La propuesta del presidente Jorge Batlle de recurrir a los productos transgénicos como una forma de mejorar la situación del sector agropecuario y de nuestra población generó polémica en el seno de nuestra sociedad, principalmente de aquellos que rechazan la manipulación genética por considerarla perjudicial para la salud y el desarrollo de la agricultura tradicional.

Las terapeutas Perrone y López, ante el presunto peligro del consumo de productos transgénicos, dieron un alerta, para contrarrestar «las falsas promesas hechas por la industria de ingeniería genética, que dice alejará a la agricultura de la dependencia a los insumos químicos, disminuirá los costos de los insumos, ayudando a reducir los problemas ambientales».

De acuerdo al estudio uruguayo, los transgénicos llevan a una comida de baja calidad, afecta la salud de animales, altera organismos y provoca enfermedades más virulentas. Entre los daños que provocaría la manipulación genética se consigna el padecimiento de cáncer, defectos de nacimiento, una fertilidad decreciente, envenenamiento por salmonella, asma y leucemia, entre otras patologías.

Las terapeutas denunciaron que la mayoría de los países, con excepción de varios estados europeos y Japón, dan vía libre a las compañías que producen estos productos sin obligarles a dar información etiquetada sobre su procedencia. De esta afirmación se desprende –indican Perrone y López– que se pretende mantener al público en la ignorancia acerca de la rápida propagación de los alimentos transgénicos en la mesa familiar; y evitar que los epidemiólogos sean capaces de rastrear los efectos en la salud, «en caso de aparecer, ya que nadie sabrá quién fue expuesto a los productos genéticos nuevos y quienes no».

Las terapeutas reclaman a las autoridades controlar el ingreso de estos productos que pueden provocar daño en la salud sin ceder ante los imperativos comerciales. Debido que en Europa están prohibiendo la utilización de transgénicos, estas compañías están buscando mercados en países más «permeables» como los sudamericanos, carentes de información sobre el tema.

 

Animales y vegetales afectados

Se comprobó que algunos alimentos transgénicos tuvieron efectos negativos en la salud al transmitir el potencial alérgico, como el caso de la «soja transgénica», creada con la finalidad de aumentar el valor proteico.

En Argentina, el 70% del cultivo de soja es elaborado a base de genética y por ende la mayoría de los productos que contengan aceites vegetales o soja van a incluir componentes de ingeniería genética.

Existen fuertes evidencias sobre los efectos cancerígenos causados por la hormona del crecimiento bovino (BGH), comercializada por la compañía Monsanto con la marca Posilac.

Según consigna el informe elaborado por Perrone y López, la compañía Monsanto patentó en 1993 el uso de la BGH, ignorando las protestas de que la droga dañaba a los animales y generaba un riesgo para los consumidores de leche. Un estudio demostró que los animales en los que se usó BGH aumentaron los riesgos de infertilidad, de padecer cojera y desarrollar «mastitis», una dolorosa infección en las ubres.

Esta hormona en 1999 era usada por 13.000 productores de leche de EEUU y un número importante, en México y Brasil, ya que les permite aumentar su productividad.

Tanto el BGH, como el triptófano tóxico –una bacteria que crea suplementos alimenticios– y pesticidas estrogénicos podrían ser los responsables de un 50% de reducción de la cantidad de espermatozoide en los varones.

Es más, las bacterias que formaron el triptófano mataron a 37 personas y dejaron inválidas a otras 1.500 en EEUU.

El informe uruguayo cita a las compañías Monsanto, Novartis (Ciba-Geigy), Dupont, Bayer y Rhone-Puolenc como las principales transnacionales que promueven las semillas de transgénicos.

 

Genes de peces en remolachas

Los organismos transgénicos están presentes, según el informe, en productos alimenticios como en margarinas, chocolates Nestlé, hamburguesas vegetarianas, leches para niños, algunos aceites vegetales, productos para copetín e incluso las papas fritas que se venden en McDonald’s.

A través de la manipulación genética se sacaron genes de una trucha y de un mosquito y los implantaron en un tomate. Experimentaron con un maíz tóxico para los gusanos; y remolachas recibieron el gen anticongelante de un pez que les permite resistir las bajas temperaturas. Se crearon plantas cuyas semillas se autodestruirán –«semillas suicidas»– con la finalidad de vender estos productos todos los años. Llegaron a triplicar el tamaño de un salmón y a multiplicar la productividad de la leche vacuna debido a la acción de una hormona. También según el trabajo opuesto a la manipulación de alimentos se utilizaron los genes de la toxina del escorpión para cubrir frutas con un veneno que mata insectos.

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