Crónica de la tragedia
En el lugar, LA REPUBLICA pudo percibir el imponente olor que comenzaban a desprender los cadáveres en descomposición que aún no habían podido ser desenterrados de montañas de escombro y barro. Brigadistas comentaron a este enviado que los tres primeros días trabajaron intensamente especialistas en estas catástrofes, procedentes del extranjero, quienes con perros y equipos especiales buscaban rastros de vida bajo los escombros. Después del tercer día ya se retiraron del lugar y comenzaron con sumo cuidado a trabajar las máquinas excavadoras en busca de cadáveres. Allí LA REPUBLICA fue informada que de ese lugar se desenterraron unos 300 cadáveres y que se seguirá trabajando a la búsqueda de más cuerpos. Una imagen verdaderamente dantesca la que podía percibirse en el desolado lugar.
Al mismo tiempo en los centros de refugiados, el denominador común es la insuficiencia de alimentos y abrigo para aquellos que vieron destruidos sus hogares. LA REPUBLICA estuvo en El Cafetalín, un albergue del Departamento de Libertad, donde bajo construcciones precarias fabricadas con nailon, telas plásticas y cartones se hacinaban familias enteras, a la espera de ayuda gubernamental. Sin embargo, tanto allí, como en la ciudad de Armenia, los alimentos aportados por el gobierno y por la ayuda humanitaria internacional no resultaban suficientes.
Jesús López Vázquez, de 22 años, quien trabaja haciendo changas, y su esposa de 23, con sus dos hijos de 1 y 2 años, explicaron a LA REPUBLICA que hasta ahora «no hemos recibido ayuda de tipo alguno. Solo algo de comida que hacen los de la Alcaldía, pero que a veces no alcanza para todos, muchas veces nos preocupamos que los niños puedan comer y a veces nos quedamos con la barriga vacía. Pero no hemos recibido ni ropa, ni nailon para hacernos este refugio», comentó Jesús.
Los momentos vividos por esta familia , en su casa del barrio San Martín, fueron narrados a este enviado. «A eso de las 9 de la mañana, ya prontos para empezar a preparar la comida del mediodía, fue cuando empezamos a sentir el temblor de la tierra. Enseguida nos preocupamos por sacar a los niños, las paredes temblaban y tratamos de salir a la calle. Uno de los chicos me quedó enterrado hasta la cintura, ya que las paredes de lodo de mi casa se comenzaron a derrumbar. Lo pude desenterrar y salimos a la calle. Perdimos todo, absolutamente todo».
Jorge Durán, licenciado en obstetricia, explicó que tuvo que atender un alumbramiento y controlar a varias embarazadas que están en El Cafetalín. Añadió que las enfermedades gastrointestinales, respiratorias, cutáneas, así como las crisis nerviosas que viven muchos de los evacuados, han llegado a grados preocupantes. La mala alimentación, el frente frío que acaeció sobre El Salvador en las últimas 48 horas, llevando las temperaturas a 18 y 20 grados, bajas para una población acostumbrada a los 30 grados, han ocasionado numerosas indisposiciones entre los 10 mil refugiados del lugar.
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