Casting

El aviso decía:

«Necesitamos señoritas de buena presencia de 18 a 25 años para spots publicitarios. Presentarse de 9 a 18 con Cédula de Identidad. Con o sin experiencia».

Marisa, con 19 cumplidos el lunes pasado, llegó a las 8.30 y ya había 15 muchachas en la cola. » Todas sin trabajo, como yo –cuenta–. La oficina abrió justo a las 9. Presentabas la cédula, anotaban tu nombre, te daban un cartoncito con un número y tenías que esperar parada en una salita hasta que te llamaban. Mientras pasaban las primeras, llegaban más. A eso de las 10 ya había como 40 . Algunas tenían que quedarse afuera porque todas no cabíamos en la salita».

La oficina, ubicada en Ejido entre Colonia y Mercedes, tiene sólo dos ambientes. Uno es la recepción, donde dan los números, y el otro un despacho en cuya puerta hay un cartel que dice «Casting». Marisa dice: «Cuando te tocaba el turno, una señora rubia te hacía entrar al despacho. Cuando yo entré había un hombre sentado atrás de un escritorio de cármica».

El hombre, de cabellos castaños, cuarentón, con lentes oscuros, traje y corbata, le dijo:

–Es para una promoción de un súper. Tenés que aparecer en un grupo. Primero hay una prueba. Necesitamos a 10. Si salís bien en la prueba, quedás y te pagamos 100 dólares. ¿Te sirve?

–Sí– dijo Marisa. ¿Cuándo es la prueba?

–Mañana o pasado. Nosotros te avisamos. O si no llamás vos.

El hombre de los lentes oscuros se levantó y le dijo a Marisa:

–Pero… Ahora me parece que… ¿Te molestaría caminar hasta la puerta? –No– dijo Marisa y se dio vuelta y caminó hasta la puerta.

Cuando regresó, él le dijo:

–Vos no necesitás prueba. Estás muy bien. De repente, hasta te hago un contrato largo. Es buena plata. Podés tener mucho trabajo conmigo.

Lo que venía era obvio. Marisa empezó a retroceder pero él se acercó rápidamente y le tocó un seno. Marisa lo empujó, salió corriendo del despacho y atravesó la recepción a toda velocidad. «Las chicas que esperaban me miraron como si yo estuviera loca», recuerda con una sonrisa amarga. Salió también corriendo del edificio donde, en el primer piso, está la oficina, y solo se sintió tranquila cuando en Mercedes subió al 143 que la llevó a su barrio.

Dos semanas después, Marisa vio la foto y el nombre del hombre de los lentes oscuros en una revista que edita la Comisión de Fomento de un balneario. La comisión –dice la revista– está organizando un concurso para elegir a «Miss Verano » y él será presidente del jurado.

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