Las vacas locas
Carlos Bouzas
Todos los gobiernos europeos están preocupados por la transmisión a los humanos consumidores de carne bovina, de la enfermedad conocida con el nombre del título y que científicamente se llama encefalopatía espongiforme bovina. En concreto, el cerebro se va poniendo como una esponja y el individuo atacado va perdiendo funciones, hasta morir.
El origen del mal se le atribuye a la alimentación que suministran al ganado, consistente en piensos compuestos, a falta de extensas praderas de hierbas.
Todo está en estudio. Los distintos gobiernos europeos adoptan disposiciones sanitarias no siempre idénticas y discuten la mejor manera de enfrentar el mal.
Desde el punto de vista de la producción, los ganaderos afectados por lo que aquí llamamos el rifle sanitario, protestan porque no quieren sacrificar los animales a cambio de los escasos subsidios que les otorgan los Estados. En algunos lugares, la matanza de reses ha provocado contaminación en los cursos de agua y crecen las protestas.
Los consumidores, por su parte, optan por no comer carne bovina, por precaución.
La carne constituye nuestra principal fuente de divisas.
En nuestro país los animales se crían y engordan pastando al aire libre, comiendo en praderas naturales o mejoradas por la acción del productor. De esa manera obtenemos novillos que pesan alrededor de cuatrocientos quilos, cuando van al frigorífico y suministran buenos churrascos para consumir vuelta y vuelta o muy hechos, según el gusto.
Esta forma de producción difiere sustancialmente de la producción europea, con animales que se crían en establos, sin ver la luz del sol, sin moverse, alimentados por esos piensos de los que hoy se sospecha, pero que van al frigorífico pesando setecientos quilos. Claro: cuando uno pretende hacer un churrasco en la plancha, obtiene un miserable bifecito hervido, nadando en un charco de agua.
En la actual situación enfrentamos un peligro y una posibilidad. Por un lado, el consumidor europeo, temeroso de contraer la enfermedad de la vaca loca, se retrae. Por otro, es posible que decida volcarse a reclamar a su carnicero que le venda carne proveniente de animales criados en armonía con la naturaleza.
Por haberlo entendido de esta manera, el gobierno argentino ha iniciado una campaña en toda Europa, poniendo de manifiesto las bondades de su carne, similar a la nuestra. Y para no gastar mucho, ha recurrido a todos los famosos que tiene residiendo en el viejo continente, que se han prestado gustosos y gratuitamente, para decirle al público que los adora, que ellos se criaron comiendo carne argentina. Se han involucrado desde el futbolista Gabriel Batistuta hasta el bailarín Julio Bocca.
Yo no sé si el método elegido por el gobierno del país hermano es el mejor. Pero estoy convencido de que hay que hacer algo de manera urgente y sostenida.
Porque, pese a los que opinan que debemos concentrarnos en el software, considero que la agropecuaria es nuestra principal fuente de riquezas, da trabajo a muchos uruguayos y sabemos hacerlo bien.
* Militante del EP-FA
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