La derecha al timón del gigantesco poder norteamericano
La alternancia en el poder de los partidos norteamericanos suele generar en este «patio trasero» una serie de reflexiones que transitan, idea más conclusión menos, siempre por los mismos senderos interpretativos.
Una paradoja se hace notar con frecuencia por parte de los especialistas: las fuerzas que en el desarrollo de la acción política interna de los EEUU suelen tener posiciones más centristas acostumbran a ser los más duros cuando, con relación a sus vecinos del Sur, de defender los intereses del imperio se trata.
No obstante, existe cierto consenso en señalar que bajo unos u otros las políticas del «gran hermano» del Norte han sido siempre dominadas por los egoísmos de potencia mayor, la defensa irrestricta de sus empresas e intereses estratégicos, su desinterés por alentar políticas de desarrollo económico y estabilidad social en las desvalidas repúblicas del Sur.
Sin que el triunfo de Dole hubiera despertado grandes expectativas, la sustitución de los demócratas y el advenimiento del conservador entre conservadores, el ex gobernador de Texas, George W. Bush, abre para los pueblos de América Latina sombrías aprensiones.
En este plano, estrictamente referido a las relaciones internacionales y –entre ellas– a las que el nuevo gobierno norteamericano desarrollará hacia Latinoamérica, se pueden señalar ejes de acción preocupantes.
En primer lugar la ofensiva anunciada por Bush en el sentido de avanzar en la concreción de una zona de libre comercio que incorpore a través del ALCA a todo el continente a las reglas de juego vigente en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, según la sigla en inglés) cuyo impacto en el desarrollo de las economías de los países del sur podría ser devastador.
El «hiperlibremercadismo» podría significar a corto plazo la ruina de los tambaleantes pero significativos procesos de industrialización, como el de Brasil, incapaces de soportar la competencia de la impetuosa industria norteamericana.
Un segundo aspecto preocupante es la eventual profundización de la política de Clinton en Colombia y las concepciones manejadas por el nuevo secretario de Estado, el general retirado Colin Powell, en su comparecencia en el Senado, donde habló de la regionalización del conflicto en Colombia ante la posible «migración» de los narcotraficantes hacia otros países de la zona.
Tanto la política anterior, el llamado «Plan Colombia», como la que se insinúa en estos primeros días supone para nuestra América el incremento de la violencia, el militarismo, la guerra, el desplazamiento de refugiados y el conjunto de calamidades que el conflicto ya tiene y que los planes yanquis en curso no hacen más que exacerbar.
Dentro de esta problemática habría que agregar los anuncios inquietantes de Bush en el sentido de su intolerancia con relación al gobierno comunista de Cuba y las advertencias y amenazas proferidas contra el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, cuyas actitudes de distancia con la política norteamericana son por demás evidentes.
Hay un tercer aspecto que importa a nuestros países, aunque su importancia va más allá de nuestra región.
Nos referimos al entusiasmo de la nueva administración por el programa de Defensa Nacional Antimisiles.
Como observa el analista internacional de Página/12, Claudio Uriarte, «se trata del diktat militar unipolar elevado a la enésima potencia, …, esta «defensa» es ataque a los ojos de las potencias nucleares… adversarias de los EEUU, como China.
El programa antimisiles de Bush amenaza con romper todo equilibrio ya que construir una infranqueable muralla en torno a los EEUU lo capacitaría para descargar un «primer golpe» contra cualquiera sin temer en las consecuencias.
Más allá de estas preocupaciones y conjeturas, es evidente que a través del incremento exagerado del gasto militar en los EEUU se estará, rápidamente, generando condiciones para una reanudación vertiginoso de la carrera armamentista a escala mundial, con los consiguientes perjuicios para aquellos países que esperan de la ayuda financiera de las grandes potencias para salir de las situaciones de pobreza y estancamiento en que se encuentran.
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