Vidrio y vino: de la autonomía a la dependencia
La elaboración y venta de vino en Uruguay ronda hoy los 90 millones de litros anuales. Se estima que si se continúa trabajando bien, con estrategias adecuadas, en el mediano plazo esa cifra puede subir mucho. Se habla de unos 130 millones de litros al año.
Tanto la creciente producción actual con su incremento previsto, pone en primer plano el tema de las botellas y otros envases de vidrio que esta actividad requiere cada vez en mayor cantidad. La ecuación es obvia: si se producen más litros, más envases se necesitan.
Al mismo tiempo, la tendencia actual en este sector apunta hacia el uso de botellas de menor volumen. Por tanto, si las botellas tienen menos volumen, se necesitarán cada vez más para envasar la producción siempre en aumento.
Pero además, las políticas comerciales predominantes en el ámbito vitivinícola confluyen en la fabricación de botellas más delgadas, de menor costo y desechables. Como consecuencia, se requiere cada día más envases para reponer los que se descartan.
La suma de todos estos factores multiplica sin pausas la demanda de envases de vidrio para el vino. Por eso, poseer industrias del vidrio propias y en constante perfeccionamiento tecnológico, es vital para las naciones donde como en Uruguay se han desarrollado pujantes núcleos empresariales vitivinícolas.
Nuestro país tuvo esa industria. La tuvo durante más de un siglo, pero se deshizo de ella en abril de 1999. Pese a que aquí se produce más vino que nunca, la poderosa y monopólica Cristalerías del Uruguay cerró. El grupo económico que la controlaba se pasó al plástico y los bodegueros se quedaron sin botellas de vidrio.
Como consecuencia, los bodegueros deben comprar los envases a empresas de Brasil y Argentina. Están obligados a traer de afuera lo que antes tenían aquí. «En esto, que es tan importante, la producción vitivinícola uruguaya pasó a depender de empresas extranjeras», dice Angel Spinoglio en su centenaria bodega de Camino Mendoza.
Antes y ahora
Spinoglio resume un inquietante escenario posible: «Tú encaminás hoy una línea de trabajo por la vía de una botella, de un envase de determinadas características, y de repente los proveedores extranjeros te dicen que ahora ya no podrás disponer más de esa botella, de ese envase, que tenés que cambiar de estrategia porque ya no tendrás más eso que estabas usando. Yo no quiero decir con esto que mañana mismo nos vaya a pasar eso como consecuencia de la dependencia que ahora tenemos de las fábricas extranjeras, pero creo sí que la seguridad sería mucho mayor si la industria del vidrio está dentro de nuestro país».
Esa imprescindible seguridad siempre estuvo al alcance de la mano mientras Cistalerías del Uruguay funcionó. Spinoglio dice:
«Con el industrial del vidrio aquí, las cosas eran totalmente distintas. Estábamos en contacto permanente con él, con su gerente, con sus corredores, con sus cobradores, y eso permitía establecer relaciones que nos permitía a todos saber lo que estaba pasando, lo que se podía esperar. Los bodegueros analizábamos nuestras estrategias con ellos, en conjunto. Podíamos decirles ‘¿qué te parece si sacamos una línea de estas características?’, y así se iban haciendo las cosas y las cosas marchaban bien. Ahora eso cambió, tenemos otra realidad muy distinta desde que se dejó de producir vidrio en el país».
El cierre de Cristalerías también afectó a la logística de la industria vitivinícola:
«Antes nos llegaban las botellas en un camioncito como los nuestros, que para esos camiones están organizadas nuestras bodegas. Ahora los enormes camiones que vienen de Brasil y de Argentina no entran en algunas bodegas y están descargando en la carretera. Toda una estructura que caminaba se pierde, se distorsiona. Puede que eso no sea pecado, pero es otra cosa».
La obligada importación de envases de vidrio también implicó un aumento de los costos. En algunos casos, los bodegueros están pagando por los envases importados mucho más de lo que pagaban cuando se producían aquí. Spinoglio subraya:
«Se supone que una fábrica como Cristalerías del Uruguay hubiera seguido la tendencia mundial de abaratamiento de costos por la vía de la disminución del peso del envase y de la organización del reciclamiento. Así, las botellas que hoy nos llegan del exterior a valores similares a las que tenían las de Cristalerías, ahora nos podrían costar menos».
Spinoglio subraya que los problemas creados por el cierre de Cristalerías no afectaron solamente al sector vitivinícola sino a vastos sectores de la actividad agroindustrial:
«No sólo los bodegueros hemos sufrido el impacto. Tenemos el vino pero también la fruta y muchas cosas más que proceden del sector agroindustrial, tan importante para el país. Por eso hace tanta falta el vidrio y también disponer de una oferta de envases de diferentes formas y tamaños, accesible, cercana, a la que se pueda recurrir rápidamente, cada vez que sea necesario. Antes, si por cualquier circunstancia necesitabas más envases de los que habías previsto, para tenerlos solo tenías que llamar por telefóno a la fábrica. Ahora se necesita sacar un permiso de importación».
Por eso afirma:
«Borrar del escenario nacional una industria tan necesaria y además tradicional como la del vidrio es duro, ¿no? Es un signo de desintegración que realmente impresiona. En el fondo, todo esto indica que en ciertos estamentos de la vida nacional permanece la influencia del Uruguay pastoril. ¿Qué cosa más sencilla que pastar ovejas y vacunos y luego vender, llevar al frigorífico y llevar a las tabladas, y comprar en el exterior todo aquello tan bueno que se produce en el exterior? Esa concepción de país fue siempre defendida y sigue siendo defendida ahora».
Futuro posible
Como ya se demostró contudentemente hace casi dos años, Cristalerías estaba en condiciones de brindar óptimas utilidades. Sin embargo, la cerraron y vendieron su maquinaria a una empresa chilena, a precio de chatarra.
El ingeniero industrial Nelson Salle, quien integró el equipo de expertos que analizó la viabilidad de Cristalerías cuando se manejaba la posibilidad de que pasara a ser gestionada por sus trabajadores, sostiene que la fábrica seguía siendo rentable, al contrario de lo que pretextaron sus propietarios para cerrarla. Salle revela:
«Demostramos que con nuestro proyecto de reactivación, Cristalerías daba un excelente retorno de tasa interna del 19.6 por ciento. Tanto el Ministerio de Industrias como la Dirección Nacional de Industrias consideraron que nuestra conclusión era inobjetable. Toda la estructura tecnológica de Cristalerías había sido modernizada.
A tal punto, que de producir 30 botellas por hora pasó a hacer 140 por hora. Solo en los últimos cuatro meses anteriores al cese de actividades, que se consumó por un lock out patronal que el gobierno toleró, Cristalerías logró completar un stock de cinco millones de dólares. Pero faltó voluntad política para reflotar la fábrica».
El antiquísimo edificio de Cristalerías aún conserva los grandes y costosísimos hornos, imprescindibles para la fabricación de vidrio. Con esa base y maquinaria que a juicio de Salle es perfectamente posible traer de Bélgica y otros países europeos, la fábrica podría reiniciar actividades en el marco de un protecto cooperativo autogestionado por sus trabajadores. Salle afirma:
«Aquí hay un gran mercado para el vidrio y un emprendimiento de este tipo no es para nada utópico, como lo demuestran todos los estudios realizados. Un camino posible es que la Intendencia de Montevideo expropie el edificio de l
a fábrica en el marco de sus reformas urbanísticas y, en tanto se diagraman los planes para esa zona de la ciudad, lo ponga a disposición de los trabajadores para que ellos retomen la producción de envases. Posteriormente, la fábrica puede ser trasladada. Este es un proyecto realizable que sin duda contará con los apoyos indispensables que muchos sectores de la actividad productiva están en condiciones de brindar. La reinstalación de una Cristalerías autogestionada será muy útil para la industria agroindustrial y, por supuesto, para el país».
Interés nacional
A juicio de Spinoglio, volver a producir envases de vidrio exigirá estrategias de reciclamiento:
«Eso será necesario para pasar de la botella tradicional de retorno a la moderna desechable. Así se podrá resolver no sólo la ecuación económica sino también la ecológica. Para eso el vidrio es perfecto, impecable, porque una vez usado, el reciclamiento permite convertirlo otra vez en materia prima sana».
Y concluye :
«Desde el punto de vista del interés nacional y, en ese contexto, de los intereses agroindustriales, es deseable, necesario, que se reinstale la industria del vidrio en nuestro país».
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