Alta calidad
Punta del Este
Impactante y a la vez despojada puesta en escena, gran manejo de las texturas de luces y sus diferentes coloraciones, atrayente cuerpo de baile con palpable plasticidad, imaginación y destreza y por supuesto el maestro Federico García y sus extraordinarios instrumentistas (y cantantes invitadas provenientes de los Estados Unidos) construyendo una superficie de sinuosa, elegante armonía para un público que festejó todo el extenso recorrido del repertorio seleccionado con agudeza para el «Concierto del Milenio II».
Todo funcionó a la perfección: el nivel de ejecución de la orquesta alcanzó momentos de versatilidad y virtuosismo, con solistas de inobjetable temperamento expresivo y el respaldo de una línea de cantantes (especialmente la impecable Madelyn Washington abordando la perdurable música de George Gershwin, por ejemplo), además del cuerpo de baile que apareció secuencialmente para darle mayor vuelo estético a la música del filme «Titanic» y o a las polcas de Johan Strauss.
Lo esencial es que Federico García Vigil logró asentar un modelo de exposición orquestada donde el cruce de estilos, de lenguajes sonoros, de modos compositivos se encadenan sin estridencia y sin que la diferencia entre música culta y música popular sea cada vez más estrecha.
Es la gran lección que se puede tomar de este «Concierto del Milenio II»: lo que vale, en definitiva, es la calidad de los compositores que fueron elegidos y que, ciertamente, le brindaron al concierto todo una unidad por momento fascinante y en una escala de intensidad de menor a mayor donde pueden aparecer versionados con refinamiento compositores como John Williams y al mismo tiempo los Strauss, hacer «New York New York», y de pronto el sensible ataque a la «La cumparsita».
La música es simplemente buena o mala y deviene universal, parece ser el mensaje de García Vigil y sus formidables instrumentistas. Se gestaron atmósferas envolventes, luminosas, siempre seductoras que convirtieron a este concierto en uno de los más importantes del verano puntaesteño en materia musical.
García Vigil lució espléndido: dirigió a su orquesta sinfónica con esa dosis de control y de soltura pasional que debe poseer todo buen director. Y la gente ovacionó hasta la extenuación. Valían esos bravos y esos aplausos interminables.
Compartí tu opinión con toda la comunidad