Sin noticias desde Arabia Saudita
En una nota publicada por LA REPUBLICA el 30 de mayo de 1992, la ciudadana uruguaya Silvia Tortti manifestaba que su hijo de 11 años de edad «fue raptado por mi esposo y llevado a Arabia Saudita». Han pasado casi nueve años, y esta madre aún no ha recuperado a su hijo.
En aquella oportunidad, Tortti radicó una denuncia penal de secuestro en el juzgado de 5º Turno, contra su esposo, Mohamed Nabil Ousta, un hombre de origen sirio.
Ni el tiempo ni la vía judicial lograron cambiar el curso de esta historia de una señora que intenta volver a encontrarse con su hijo.
Contó que su marido forma parte de la tercera familia más rica y poderosa de Siria, y a su vez está emparentado con la realeza saudí».
Silvia Tortti y Mohamed Nabil Ousta habían contraído matrimonio en 1986 en la ciudad de Progreso, oportunidad en la cual firmaron un permiso donde cada parte autorizaba a la otra para sacar a su hijo del país cuando así lo requirieran. Esta práctica es muy común en matrimonios acostumbrados a viajar. En este caso esa vía legal facilitó lo que luego se constituiría en un «rapto» de un menor.
El niño, Samer Gerardo Ousta Tortti, quien en 1992 tenía 11 años, había nacido en Zaragoza, España, y tiene la triple ciudadanía: uruguaya, española y siria.
Según Tortti, su esposo, del cual se encontraba separada en esa fecha, viajó con Samer a París para asistir a la inauguración del parque Eurodisney y luego tenían pensado ir a España.
«Lo dejé ir con el padre porque no lo quería privar de hacer un viaje tan maravilloso como es ir a Eurodisney» reflexiona ahora desde su domicilio de la ciudad de Progreso hasta donde llegó LA REPUBLICA.
De acuerdo a los datos aportados por la madre del niño, este partió junto a su padre desde Montevideo el 3 de marzo de 1992, y debería haber vuelto solo el 22 de abril de ese mismo año. El pasaje que habían comprado para el chico era de ida y vuelta, lo que obviamente no aseguraba su retorno.
En aquel momento, Tortti vivía en Montevideo junto a Samer y sus otros dos hijos de un primer matrimonio, Fernando y Pablo, que actualmente tienen 28 y 25 años de edad respectivamente. Ese año Samer iba a comenzar 6to. año de primaria en la Escuela Chile.
Tortti manifiesta que durante cuatro años fue casi todos los días al Juzgado donde había radicado la denuncia y durante seis años y medio fue todos los días al Palacio Legislativo en busca de un apoyo político que le ayudara a recuperar a su hijo. Se entrevistó con la mayoría de los parlamentarios, y «no puedo decir que un político me haya ayudado», cuenta con amargura.
Recuerda que mantuvo una entrevista con el entonces presidente de la República, Luis Alberto Lacalle, quien dio una «orden presidencial» a Jorge Barba, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, para que atendiera el caso de su hijo Samer. Según la señora Tortti, el día que tuvo la entrevista con Barba, este le dijo que «no hay orden presidencial que me mande o que diga que yo la tengo que atender, porque me voy de vacaciones ahora». Así la despacharon de la cancillería.
También en el año 1992, dice, le pidió 47 entrevistas al entonces ministro del Interior, Juan Andrés Ramírez, «y me las negó todas» y mantuvo entrevistas con Hugo Batalla, ex vicepresidente de la República durante el pasado gobierno del presidente Julio María Sanguinetti.
Durante estos nueve años, esta señora solicitó ayuda en las embajadas de Arabia Saudita, Siria, y España, y a su vez se entrevistó con agentes de la CIA, de Interpol, de la policia española.
Tortti cuenta que le aconsejaron contactarse por e-mail con judíos uruguayos para ayudarla a sacar a su hijo de Arabia Saudita, porque, según ella, su hijo está viviendo en la ciudad de Jeddah.
Durante un año realizó llamadas telefónicas internacionales, hasta que en 1993 pudo localizar a su hijo en Arabia Saudita. Confiesa que debe U$S 5.000 a Antel, «pero hasta que yo no lo encontré, Interpol no lo buscó», reflexionó.
Fuentes reservadas le manifestaron que en Arabia Saudita, Interpol le cobraba U$S 40.000 a su marido cada vez que este sacaba del país a Samer.
«Para buscar a mi hijo, me convertí en musulmana para poder estudiar y entender un poco más las leyes de esa cultura. Me vestía como las mujeres musulmanas e iba a rezar todos los viernes a la Mezquita», pero todo fue inútil.
Hace pocos días también pidió una entrevista con el presidente Jorge Batlle, y ahora está esperando que la reciba.
El próximo 6 de mayo, Samer Ousta cumple 21 años y su madre asegura que lo único «que deseo es verlo, no pido quedarme con él porque sé que económicamente está muy bien, y yo no le puedo dar todo lo que le da el padre» pero seguiré buscándolo.
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