Discapacitados hoy

Cultura de la diversidad

Luis W. Messeguer

Las capacidades del hombre y sus reservas morales le han posibilitado, ayer y hoy, superar las más resistentes barreras psicosociales y, en consecuencia, ofrecer su legado al patrimonio cultural de la Humanidad. A la capacidad que presentan ciertas personas, a veces con un alto grado de sobreponerse a las adversidades, algunas se han visto fortalecidas por las características de la personalidad de quienes la sustentan.

Ha resultado siempre valiosa la influencia que sobre estos hombres significaron los apoyos recibidos, descubriéndose que en cada situación está la presencia de un familiar, amigo, coterráneo, grupo o institución.

Como consecuencia de reflexionar sobre estos hechos surge la importancia de valorar y apuntalar en forma sostenida a las personas con diferentes discapacidades, evitando colocar barreras físicas, sociales y/o psicológicas que obstaculicen sus procesos de aprendizaje y desarrollo y por el contrario ofreciéndoles oportunidades para su potenciación (acción que debe ser asumida por otros). Es así que logramos contribuir a la construcción de la «Cultura de la Diversidad» donde conceptualizamos al hombre y a las diferencias, reasignándolas, como valor cuyo reconocimiento configura la dignidad humana.

Es necesario, de acuerdo a estos elementos, la necesidad de construir una alternativa educativa desde el reconocimiento de que la cultura de la diversidad es el motor del cambio para construir una sociedad más solidaria, más justa, más libre, más tolerante… más humana.

Al final del siglo XX se ha evolucionado desde una pedagogía terapéutica basada en los déficit a una educación especial basada en las necesidades educativas especiales.

La pionera de la Educación Especial en nuestro país y proyectándola al resto de América y el mundo, fue la profesora María Eloísa Etchegoyen de Lorenzo.

En nuestro país y en nuestros días nos sentimos gratificados de poder compartir, permanentemente, historias de vida de nuestros compatriotas, como, entre otros, la de Laura Espíndola (ciega-sorda), Jorge Llerena (atleta ciego) y Natalia Malhos (hipoacúsica), dado que ellos lo hicieron posible, derribando los enormes obstáculos que se les presentaron para poder integrarse a la comunidad.

Pero no debemos olvidar cuántas personas y sus familias conocemos o encontramos en nuestro diario vivir, que día a día se superan logrando metas y que sin brillar como estrellas, desde un lugar anónimo, son verdaderos triunfadores en la vida, siendo su fuerza ejemplo de su condición humana.

A nivel mundial, muchos son los ejemplos de vida, como el caso de Ludwig van Beethoven, superando su sordera que comenzara a los 28 años; Toulouse-Lautrec, pintor; Vincent Van Gogh, pintor; Helen Keller, ciega-sorda que abrió caminos, que generó estudios y nuevos adelantos, Christy Brown, paralítico cerebral, autor de «Mi pie izquierdo»; Stephen Hawking, uno de los físicos más importantes desde Einstein, a pesar de su esclerosis lateral amiotrófica; David Blunkett, ciego, con proyección política en Inglaterra; Annalisa Minetti, la hermosa ciega, cantante, modelo de Italia, y uno de los casos más recordados, Christopher Reeve, el protagonista de Superman que sufriera un accidente que lo llevó a una silla de ruedas permanente y que desde allí impulsa las investigaciones médicas para ayudar a los cuadrapléjicos. Ejemplos como estos son los que nos permiten tener bien en alto nuestra mirada, fijando siempre un horizonte positivo, dejando de lado cualquier tipo de obstáculos que quieren bloquear nuestro camino. Acepte usted amigo lector, este desafío diario y, seguro, se sentirá mejor.

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