Economía del derroche impide generar empleos y producir más alimentos

En Montevideo se tiran al mar U$S 6 mil diarios en pescado

Ettore Pierri

La lacha es acompañante de las corvinas. Cohabita con ellas, y, por eso, cuando las mallas de los pescadores artesanales capturan corvinas también atrapan lachas.

Durante la zafra estival de corvinas, un denso ejército de lachas invade las aguas de Pajas Blancas, pesquero ubicado en la costa oeste de Montevideo. Pero la lacha dejó de ser rentable para los pescadores porque las políticas de mercado no le asignan valor económico.

Sin embargo, hasta no hace mucho Uruguay exportaba lacha. Los países compradores pagaban unos U$S 260 por cada tonelada. Brasil y China adquirían grandes volúmenes y eso significaba un buen ingreso de divisas.

Pero ese negocio se cortó y hasta hoy Uruguay no recuperó los mercados perdidos. Como consecuencia, los exportadores uruguayos de pescado no compran lacha. Con férrea lógica empresarial dicen: «¿Para qué la queremos si ya no se coloca en el exterior?».

Como las empresas exportadoras ya no compran lacha, los pescadores artesanales deben descartarla. Están obligados a hacerlo porque nadie la quiere. En Pajas Blancas, donde ahora transcurre el período zafral de la corvina, se desechan diariamente unos 23 mil kilos de lacha, según estiman intermediarios que abastecen a las empresas acopiadoras.

De acuerdo con cálculos moderados, basados en precios mínimos de exportación, esas 23 toneladas equivalen a unos seis mil dólares. Seis mil dólares diarios que Uruguay pierde sólo en un caladero.

 

Ganar mercados

La apertura de mercados externos para la lacha puede evitar este derroche. Eso no sólo permitiría obtener divisas sino que mejoraría el siempre escaso jornal de los pescadores artesanales. Julio Manuel Segredo, veterano propietario de chalana, dice en Pajas Blancas:

«Si compran la lacha que está saliendo, tendríamos una fuente de ingresos que nos ayudaría. Hay muchísima lacha pero los compradores no la llevan porque no tienen coloque y así perdemos todos».

Freddy Imperial señala:

«El país está desperdiciando una fortuna en lacha. Y nosotros los pescadores artesanales también nos perjudicamos por eso, pero ya sabemos cómo son las cosas. Aquí se habla y se habla de hacer de Uruguay un país realmente productivo,pero todo queda en palabras».

El también pescador Daniel Bayarres subraya que se debería explicar por qué Uruguay ya no vende lacha a los compradores tradicionales y agrega:

«Uruguay debe hacer todo lo posible para entrar otra vez a esos mercados o abrir nuevos. Pero aquí se le da la espalda al mar y por eso carecemos de una buena política en materia de pesca que impida despilfarros como este».

Con estas opiniones coincide el diputado Guillermo Chifflet:

«El tema de la situación creada por el enorme deperdicio de lacha confirma la necesidad de una política eficiente en materia de exportaciones. El Ministerio de Relaciones Exteriores y nuestras embajadas pueden y deben trabajar intensamente para conquistar y ampliar mercados. El caso de la lacha es muy significativo y hay por cierto muchos otros».

 

Uso local

Pero con la lacha Uruguay también puede producir alimentos baratos y sanos, tal como se hace en muchos otros países de todos los continentes, donde esta especie es apreciada por su gran caudal de nutrientes.

Rica en proteínas, la lacha tiene muy buen sabor y sirve para innumerables preparaciones, tanto fresca como en enlatados, y es apta para generar una pujante industria alimentaria.

Otras naciones la procesan y exportan en forma de alimento industrializado. Se sabe, por ejemplo, que varias marcas extranjeras de atún en pasta que Uruguay importa tiene un altísimo contenido de lacha.

Según Gabriela Pignataro Otman, doctora en Veterinaria y experta del Instituto de Investigaciones Pesqueras, la lacha ofrece mumerosísimas opciones para el consumo humano, como ya lo han demostrado varias exitosas experiencias locales.

Una de estas experiencias, piloteada por el propio Instituto, consistió en la producción de lacha ahumada. Los resultados obtenidos confirmaron que esta especie reúne excelentes condiciones para ser incluida en la dieta, señala Pignataro.

Los pescadores aprovechan la pulpa de lacha para hacer embutidos y hamburguesas artesanales de excelente calidad. Elaborados en volúmenes adecuados, estos productos, que exigen mínimas inversiones, pueden constituir un excelente alimento de bajo precio para muy vastos sectores de la población nacional.

Los filetes de lacha fresca o congelada también tienen creciente demanda en varios países. Esta es otra posibilidad para una industria alimentaria local basada en la utilización de este pez que ahora se descarta.

Pignataro subraya que la lacha sirve para muchos otros usos, como la preparación de harinas de pescado. También se la puede utilizar como alimento animal: «En forma de ensilado es muy buena para los cerdos, por ejemplo, como ya se ha probado en nuestro país», informa.

 

Más empleo

Con la utilización racional de la lacha, Uruguay generará no sólo divisas sino una buena cantidad de nuevos empleos tan necesarios hoy. Las vías de desarrollo en esta materia son abundantes y todas, desde la pesca hasta el procesamiento final, son útiles para ocupar mano de obra, coinciden en afirmar las fuentes consultadas.

No obstante, el derroche de lacha continúa sin que ningún organismo oficial del ramo haga algo para evitarlo. Y es inmensamente más grande de lo que se piensa. En efecto, las 23 toneladas diarias que se desechan en Pajas Blancas apenas constituyen un indicio de lo que está sucediendo, porque los barcos de las flotas pesqueras privadas tiran al mar cantidades enormemente mayores.

Esta especie a la que ahora no se le asigna valor económico porque carece de mercado comprador, puede sin embargo impulsar no solo a la pesca artesanal sino también a la producción nacional en múltiples ámbitos, sostiene el investigador Clemente Dutra Espinoza.

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