La murga emblemática
Daniel Porciúncula
La categoría de murgas es sin lugar a dudas, además de la más numerosa en cuanto conjuntos participantes, la más popular y la que identifica con total certeza, el Carnaval y sus cantos.
Las figuras de mayor destaque de la historia de la fiesta, en su inmensa mayoría han estado o están vinculadas a esta expresión emblemática.
La categoría de murgas no es la más antigua en Carnaval ya que las comparsas están enraizadas casi desde la fundación de nuestra nacionalidad y sus manifestaciones arrancan en la época colonial.
No obstante en los albores del siglo XX surge como una imitación por parte de un grupo de muchachos, a una expresión artística que desde Cádiz cruzó el Atlántico, integrando una comparsa de zarzuelas. A partir de allí quedó indeleblemente grabada dentro del Carnaval uruguayo, adquiriendo a poco de llegar «carta de ciudadanía oriental», con aditamentos propios, adaptada definitivamente a nuestra idiosincrasia.
El reglamento y su definición
De acuerdo a la reglamentación, la categoría de murgas es conceptualmente un natural medio de comunicación, trasmite la canción de barrio, recoge la poesía de la calle, canta los pensamientos del asfalto. Es una forma expresiva que trasunta el lenguaje popular, con una veta de rebeldía y romanticismo.
La murga, esencia del sentir ciudadano, conforma una verdadera autocaricatura de la sociedad, por donde desfilan identificados y reconocidos los acontecimientos salientes de la misma, lo que la gente ve, oye y dice, tomados en chanza y en su aspecto insólito, jocoso y sin concesiones y si la situación lo requiriera, mostrará la dureza conceptual de su crítica, que es su verdadera esencia.
El contexto del libreto, así como la crítica social, tendrá un nítido sentido del ingenio, picardía y autenticidad. La veta de protesta punzante, irónica, aguda, mordaz, inteligente y comunicativa, es la estructura y la esencia de la murga.
El panfleto político o demagogia, como los elementos integrantes de la misma, le retacean creatividad y la despojan de la natural y espontánea autenticidad popular.
La mística de la murga se mantiene en la medida de una natural autenticidad del libreto que trasmite y logra crear una corriente fluida de comunicación con su auditorio, integrándolo y haciéndolo participar espiritualmente de sus canciones y hechos.
Distingue la murga la mímica, la pantomima, la vivacidad, el movimiento, el contraste, la informalidad escénica y lo grotesco. La sincronización de movimientos se conceptuará válida si esta diera brillantez al espectáculo y no atentara contra la idiosincrasia de la murga.
La sátira como diferentes situaciones creadas en la murga, pasan a través de todas las categorías, ya que esta, en su creatividad permanente, parodia situaciones o personajes y realiza humoradas, a través de su libre inventiva.
Sus textos estarán apoyados por músicas popularmente conocidas o inéditas, teniendo la posibilidad de realizar su propia música, si así lo requiriera.
La inercia, inacción y en definitiva el quietismo, serán factores de empobrecimiento general del espectáculo.
La pintura o maquillaje del rostro, es fundamental para contribuir al complemento del vestuario el que a su vez, con su originalidad mantendrá viva su verdadera identidad.
Hasta aquí lo que expresa el reglamento.
Cabe destacar por nuestra cuenta, como ya manifestamos en nuestra primera nota, que consideramos a este reglamento poco práctico, redundante, por momentos arcaico y definitivamente necesario de ser reformulado –no emparchado–, para así contar con una herramienta verdaderamente válida.
Lamentablemente esta reforma que todos reclaman, no se concreta y año tras año, una vez finalizado el concurso, a la luz de los resultados se cuestiona duramente el reglamento, en especial por quienes tienen la obligación y la potestad de bregar por su modificación definitiva. De todas formas, son las reglas del juego y nos guste o no, habrá que ceñirse a ellas hasta tanto los propios actores del Carnaval resuelvan otras.
Compartí tu opinión con toda la comunidad