De la inocencia infantil
Por Horacio Buscaglia
No había mucho tránsito, el ómnibus se desplazaba con agilidad y yo iba haciendo cálculos de cómo se superaba el promedio habitual de los 16 kilómetros por hora. ¡Un vértigo Montevideo, un vértigo!
En eso sube un padre con su hijo de muy pocos años y se sientan muy cerca mío.
Dejé de calcular para poder escuchar el siguiente diálogo.
Hijo: Papá, los jubilados tienen aftosa.
Padre: Pero no, ¿por qué decís eso?
H.: Porque el abuelo dijo que los tienen en cuarentena.
No tendrán aftosa, pero si te muerden te contagian el cólera, ¿verdad?
P.: Pero estás loco, vos.
H.: ¿Y entonces por qué ese hombre en la parada decía que el tema de los jubilados es muy peligroso, que en cualquier momento se pica?
P.: Hablaba desde el punto de vista político.
H.: ¿Los políticos tienen abuelos?
P.: Claro, y madres también.
H.: Eso ya sé, yo te escuché hablar de ellas muchas veces.
¿Y los abuelos de los políticos no quieren que les aumenten la jubilación?
P.: Yo supongo que sí, que quieren.
H.: Entonces, los políticos deben estar peleados con sus abuelos.
No los quieren.
P.: Mirá Raulito, hablemos de otra cosa. La política no es un tema para hablar con los niños.
H.: Ah, la política es como el embarazo. ¿Los políticos salieron de un repollo o los trajo algún bicho volador?
A mí se me ocurrió una respuesta pero me aguanté, no podía agredir la tierna inocencia de aquel niño. Y seguí escuchando.
H.: Así que entonces el Presidente es el que manda.
P.: Y sí, es como yo en casa
H.: ¿…?
P.: Bueno, como tu madre.
H.: ¿El Presidente les tranca la puerta a los ministros cuando se demoran en el boliche y a veces los hace dormir en el living?
P.: Me refería a otra cosa.
H.: Pero si el Presidente es el que manda por qué no dice,»delen» más plata a los jubilados, y chau.
P.: Porque tienen que aprobarlo en el Parlamento. Ponerse de acuerdo los partidos políticos.
H.: ¿Los partidos políticos están partidos, rotos?
P.: No, los partidos son agrupaciones de gente elegida por el pueblo.
H.: ¿Los jubilados son pueblo?
P.: Claro, una parte de él.
H.: ¿Y se consulta al pueblo cuando hacen una ley?
P.: Al pueblo no se lo consulta porque el pueblo son los partidos políticos. No se puede meter a tres millones de personas adentro del Palacio Legislativo. Los políticos son representantes del pueblo.
H.: ¡Pa! Pero cada uno representa a un montón de gente, ¿cómo se acuerdan de la cara y del nombre de todos los que representan?
P.: Esteee…
H.: Y entonces los jubilados por qué no van a ver a los que los representan y les dicen: «si no me aumentás, no te dejo representarme más.»
P.: Mirá Raulito, vamos a dejarla acá. ¿Qué te parece si nos bajamos y te compro un helado?
«Bárbaro» gritó el chiquilín, y luego de una pausita dijo como en secreto: «Papá, vamos a no contarle al abuelo que te gastaste en la heladería más de lo que a él le aumentaron en un mes, ¿ta?»
Y se bajaron para ir rumbo a la heladería.
Yo también me bajé pero me quedé recostado contra un árbol, pensando.
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