La ley del carrito

RFL

No hace falta designar los nombres de los tres hipermercados que están compitiendo desde hace temporadas en forma feroz en Punta del Este. Esa constante, ciertamente, en el transcurrir de estas primeras semanas de 2001 ha tenido un crecimiento notorio, más que nada por la tendencia de los turistas a hacer compras en lugar de salir a cenar masivamente a los restaurantes o boliches.

El suceder de consumidores durante todos los días en los hipermercados es tan arrollador, que es necesario hacer algunas consideraciones:

-Sin carrito no podrá avanzar por los corredores que a usted le interesa de acuerdo al producto que vaya a comprar.

-Lleve casco de fútbol americano, coderas y rodilleras porque en algún giro puede llegar a aplastarlo la tribu de consumidores de la que usted también forma parte.

-Apague su celular. Dele un poco de pausa al pobre aparato. ¿No vio que cuando ingresa al hiper hay un concierto permanente de distintas sonoridades? Los celulares como orquestación gratuita de los supermercados.

-No se olvide de cortar el número para ser atendido. Y guarda con tratar de adelantarse porque fuiste, man. La gente está tan apresurada que los hipermercados parecen minicircuitos de fórmula uno, perdón, fórmula carritos.

-No pague en cash. Siéntase importante y muestre su tarjeta gold o la platino. O sencillamente la de plástico para formar parte del alicaído rebaño vip puntaesteño.

-Compre muchas cosas, de todo tipo. Hay que caretear y demostrar que se tiene un ancho poder adquisitivo. Usted entenderá.

-Grite, corra y fue. No fume, porque los hipermercados preservan el medio ambiente pero no el colesterol.

-No se pierda ninguna de las promociones: es fashion, viste, queda bien y ponga su pesito colaboración para el Iname en uno y para una fundación en otro. Colabore, siéntase turista y a la vez solidario que el mundo liberal neoliberal le proporciona esas satisfacciones en su corazón y su alma.

-Saque pecho al mostrar la tarjeta y párese como gardeleando en bermudas de marca y siéntase lo que no es, pero que es por quince minutos de gloria en el mercado o catedrales del consumo.

-En el parking, saque el auto con elegancia y plagado de bolsas: usted sí que está en onda y cuando agarre la avenida, sonríale a todas las promotoras. Qué lindo, che, es veranear en los súper.

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