Desde el asiento de los bobos

Les juro que no morí

Por Horacio Buscaglia

En el número 14 –editado en diciembre 2000– de Marejada, revista barrial que se difunde en Punta Carretas, Pocitos, Buceo y Parque Batlle, se puede leer en la página 30 iniciando una nota sobre el traslado del Teatro La Candela, el siguiente texto:

«El Teatro La Candela fue fundado el 2 de agosto de 1981. La primera obra en tablas fue Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, bajo la dirección de Horacio Buscaglia (uno de sus fundadores, recientemente fallecido)».

Sí, sí, leyó bien, dice «recientemente fallecido». Imagínese, me levanto de la cama todavía medio dormido para atender el teléfono y me entero que acabo de fallecer. Diego, mi amigo que llamó para dar el pésame, al principio dudó de que fuera yo el que lo atendía. El es uno de los que cree en la palabra escrita.

«¿Estás seguro, ‘Corto’, que no estás muerto?», me dijo. Y claro, cuando a uno le hacen una pregunta así, empieza a dudar. (Hay tanta gente por ahí que anda respirando aunque está muerta). «No –pensé–, no debo de estar muerto porque, si no, Mary (mi señora) se hubiera dado cuenta antes de irse. Aquella es muy detallista».

En fin, lo cierto es que luego de varias investigaciones, estoy en condiciones de poderles asegurar que no estoy muerto y no tengo pensado estarlo, por lo menos durante el verano. Porque, como diría el gran Woody Allen, la muerte no me preocupa, solo que no quisiera estar allí cuando ella llegara.

Eso sí, lo que más me calienta no es que me hayan matado así como así, sin siquiera avisarme. Lo peor de todo es que el/la cronista metió «recientemente fallecido» ¡y siguió de largo!, ni siquiera puso un «lamentablemente», ni que hablar de un obituario con foto y frases sentidas recordando todo lo que hice (y olvidándose de todo lo que no pude hacer). No sé, pero los muchachos de La Candela podrían haberle puesto mi nombre aunque sea al baño de los hombres.

Pero nada. Ni una lagrimita che, por mí. Ni una.

¡Uno se muere y no pasa nada! Solo dos palabras en una revista barrial. Muchas gracias, así da gusto haber vivido. Es más, viendo los resultados estoy pensando muy seriamente en no morirme nada, y chau.

Algunos dicen que esto me alarga la vida. No sé, pero me gustaría que me dijeran cuántos años más me dieron de vida, ¿tres, cuatro?

Así volvería a fumar por 3 o 4 años, sin complicarme.

De cualquier manera me gustaría encontrarme con quien dio esa noticia para tomar unos whiskies, pagados por él por supuesto. Es lo menos que puede hacer un asesino con su víctima.

Yo le propongo a Marejada que la próxima vez que se enteren de mi muerte, no publiquen la noticia hasta que yo mismo se las confirme.

Y bueno, termino esta nota por acá, me siento un poco cansado.

Esto de morir cansa. Pero resucitar cansa mucho más. Y si no vean al flaco, que resucitó al día y todavía hoy se lo siguen festejando.

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