Parto discutido
El director del Centro Latinoamericano de Perinatología, José Belizán, y los investigadores Haroldo Capurro y María Cafferata habían formulado polémicas declaraciones en octubre pasado en la Comisión Especial de Género y Equidad, de la Cámara baja, sobre rasurado vaginal, enema, colocación de suero y episiotomía, que se practican en el parto en Uruguay.
Los tres profesionales se refirieron también a la dificultad de los médicos para modificar ciertas prácticas. «Hay muchas conductas –indicó el médico argentino Belizán–, tanto en Uruguay como en el resto de América Latina, que se aplican mal. Hemos hecho una gran tarea de difusión, informando a los prestadores de salud qué se debe hacer, pero, sinceramente, hemos sido poco exitosos en lograr que cambien».
La Sociedad de Ginecotocología del Uruguay (SGU) respondió que «no cuestiona los conceptos técnicos» porque «son opiniones discutibles», pero entienden que «algunas conductas cuestionadas no son caprichos de los ginecólogos sino que figuran en normas nacionales».
Belizán expresó en la comisión parlamentaria que si se observa el proceso de un parto en un hospital público de cualquier país de América Latina y en Uruguay, se ve a una niña de 14 o 15 años a la que llegó al embarazo sin saber mucho. En el hospital, en primer lugar, la aíslan, le hacen un enema, la rasuran y le ponen un suero endovenoso, y la confinan a una cama, sola. Luego viene un señor y le hace tactos, a ella le duele y no entiende. Tiene dolores, la llevan a la sala de partos, donde le hacen un corte, y termina con su niño, luego de un proceso que es muy parecido a una cámara de torturas, en una habitación con otras mujeres en la misma situación, que gritan y se quejan».
Los ginecólogos nucleados en la Sociedad Ginecotocológica del Uruguay, señalaron que «la idea de tortura se reitera al referirse a la práctica de la episiotomía (una intervención menor, indudablemente molesta y con posibles complicaciones como cualquier acto médico, pero que se practica intentando prevenir otros riesgos), con lo cual deja la idea de que existiría una especie de conjura médica (ginecológica) para «torturar», «mutilar» o lesionar por el mero placer de dañar a otros o de ejercer poder sobre otros».
Solas
Los ginecólogos uruguayos «nos sentimos cuestionados éticamente por la propia Organización Mundial de la Salud» y por ello la Sociedad de Ginecotología «repudia abiertamente esas manifestaciones y pondrá en marcha todos los mecanismos para demostrar que son falsedades tendenciosas y peligrosas».
Sin embargo, los tres declarantes dijeron que «también está comprobado que el enema no debe ser aplicado ya que no representa ningún beneficio, lo mismo que el rasurado. Se ha demostrado que durante el trabajo de parto la mujer puede estar libre, caminando, y que no representa beneficio alguno el que esté en una cama.
Se ha comprobado que el suero endovenoso que le colocan con esa atadura, como si fuera algo grave, no sirve para nada, y que el corte vaginal, la episiotomía que se practica en forma sistemática, tampoco debe ser realizada. Hablamos de que ese corte sistemático es una especie de mutilación de la mujer latinoamericana, similar a la que se realiza en el Africa subsahariana».
«Lo hemos difundido muchísimo y no hay médico que no lo sepa; lo saben, pero no cambian», subrayó Belizán.
Uruguay es el país del mundo –continuaron los tres galenos– con más alta tasa de episiotomías: al 92% de las mujeres uruguayas que tienen su primer hijo se le practica una.
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