La ciudad desnuda

Boquita pintada

Ettore Pierri

Manuel, oficial de Policía jubilado, salió del bar poco después de las 22. Fue hasta General Flores bajo una llovizna fría. La avenida estaba casi desierta. Esperó un taxi pero como no pasaba ninguno empezó a caminar.

Mientras caminaba vio que a pocos pasos, casi en la esquina de General Flores y Concepción Arenal, un hombre maduro hablaba con una niña. Impulsado por viejos hábitos profesionales que, dice, «siempre conservás aunque estés retirado», se detuvo cerca para registrar la escena. No perdió detalle porque, explica, «después de toda una vida en la Policía sos una mezcla de máquina de fotos y grabador».

Y recuerda:

«El hombre era bajo, rubio, ojiazul, gordo, con impermeable verde oliva, traje gris y corbata a rayas rojas y blancas anchas. Creo que pesaba como 90 kilos. Tendría 50 años, más o menos. La chiquilina no pasaba de 12. Era morocha, de ojos negros, muy flaca, con el cabello corto y los labios pintados. Le sonreía al gordo pero tenía los ojos tristes. Nunca vi una mirada tan triste. Te juro que me impresionó. Llevaba una minifalda amarilla, buzo de lana verde bien ajustado, championes blancos y una bolsa de nailon colgada del hombro izquierdo. Temblaba de frío».

El gordo le preguntó a la niña:

–¿ Cuánto cobrás ?

–Cobro cincuenta -contestó ella sonriendo.

–¿Dónde? -preguntó el gordo.

–Aquí cerquita, en un zaguán.

El aceptó y la niña le dijo:

–Seguime. Me pagás antes de entrar.

–No me voy a escapar -se defendió el gordo.

Iban hacia la esquina cuando apareció un patrullero. Venía por General Flores muy lentamente. «Â¡Chau!», dijo la niña y se fue corriendo por Concepción Arenal. En la carrera se le cayó la bolsa de nailon.

El gordo volvió tras sus pasos. Se paró para mirar al patrullero que pasaba de largo, vio a Manuel y le comentó:

–Se asustó. A lo mejor encuentro otra. Siempre hay varias por aquí. ¡Qué frío esta haciendo! ¡Y eso que estamos en verano!

Cuando el gordo se fue, Manuel levantó la bolsa de nailon. Antes de dejarla donde había caído, la revisó y vio que tenía un lapiz labial, dos manzanas, medio plan flauta y una revista argentina vieja con Rodrigo en la portada.

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