Maestros del humor
Hay una sensación que queda flotando en el aire, después de asistir al show que va todas las noches en el Conrad: hay un gran manejo de la especialidad escénica, rigor en la construcción de los personajes (en particular Gasalla), y una señal humorística que le saca partido a lo caricatural y a lo paródico, a un torrente flemático de adjetivaciones en torno a la realidad inmediata y sus personajes farandulescos y también a los de la clase política (los presidentes De la Rúa y Jorge Batlle no iban a ser la excepción).
Gasalla es el más arrojado y Perciavalle su digna ancla. Gasalla parecería, como venía ocurriendo con su presencia televisiva, que está más allá del bien y el mal y coloca su agudeza y su filo de navaja a personajes con los que convive factiblemente todo el año, pero no hay tutía, el individuo arriesga y arriesga y en segundos su actitud paródica se vetea de una lógica grotesca.
Perciavalle es igualito al discurso de Perciavalle de años atrás. Mantiene los chispazos, pero de igual modo como que el brillo de su vestuario no posee su equivalente en los gags que presenta. Hace reír y también te deja de cara, como mal parado y no precisamente porque no se comprendió, sino por la previsibilidad.
En realidad, a estos dos grandes del humor rioplatense en este espectáculo les falta sorpresa, verdadera política de la trangresión que aquí en definitiva se queda en el gesto.
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