Desempleo, alcoholismo y adicciones detonan la tragedia

La psiquiatra Silvia Peláez trabaja en abordaje a crisis suicidas, porque así empezó la organización que dirige hace más de 8 años. Luego fue tomando otras áreas como prevención, promoción, educación e investigación en salud, todo siempre relacionado con el tema.

La especialista está al frente del centro «Urgente Respuesta», institución pionera en ayuda a personas en situación de riesgo. Entrevistada por LA REPUBLICA explicó cuáles son las causas y situaciones de riesgo de autoeliminación. Pero además contribuyó a desmitificar una creencia popular entre los periodistas, que se niegan a informar sobre suicidios: en realidad informar responsablemente evita más muertes.

–¿Existe algún impedimento, desde el punto de vista científico, para informar sobre casos de suicidio?

–La prensa no debe informar con sensacionalismo, pero sí debe informar en forma responsable ya que hacerlo es aconsejado por la Organización Mundial de la Salud como manera de ayudar a evitar muertes evitables. Incluso, se hacen talleres para periodistas, a los efectos de que tengan un panorama claro sobre cómo abordar el tema. Pero, reitero, informar está dentro del sentido común, tanto que el 28% de la puerta de entrada a nuestra institución es por notas de prensa.

–¿Cuál es la ubicación de Uruguay en cuanto al número de suicidios?

–En Latinoamérica, después de Cuba es el segundo país y en el mundo está en la mitad de la tabla. Cada año, por esta causa, mueren entre uno y dos uruguayos diariamente.

–¿Ustedes han registrado a qué sexo y franja etaria pertenece la mayoría de los suicidas?

–Quienes consuman el suicidio son sobre todo hombres y a medida que avanzan en edad las posibilidades de muerte son mayores, con mayor énfasis por sobre los 60 años.

–¿Registran casos entre menores de edad?

–Tenemos consultas e información de médicos forenses, por la que sabemos que la tasa de suicidios entre adolescentes aumentó.

Los adolescentes llaman, pero no tanto como deberían. Lo hacen sus padres o sus amigos.

–¿Por qué razones una persona decide autoeliminarse?

–Es un problema complejo, multicausal. Se destaca el desempleo en varones de edad media, sumado al alcoholismo o a la adicción a drogas ilegales. En mujeres inciden los problemas afectivos, como los abandonos, la partida de los hijos del hogar y también el abuso sexual y la violencia doméstica.

La desesperanza, la depresión y la soledad, son factores, todos corregibles, pero que conducen a situaciones de riesgo suicida. En estos primeros días del año, hay toda una movilización en las personas y una necesidad de más atención, quieren ser escuchadas. Yo le pediría a quienes lean esta nota, que se acerquen a alguien que esté solo y que se ocupen de que no haya tanta gente sola. Eso es contribuir a la prevención del suicidio desde la comunidad.

Porque los asuntos sanitarios no solo son problemas de los médicos o comunicadores, son un problema de toda la comunidad. Desde nuestros lugares, tenemos la obligación de encararlos.

–¿Es tan grave la sensación o sentimiento de soledad?

–Sí. Hay quienes se sienten solos en la multitud. Hay gente que no tiene un grupo de referencia o no encuentra dónde debatir sus puntos de vista. Ese aislamiento, que es más fácil que se dé en el Interior, representa un grave riesgo.

–A su juicio, ¿la estructura social que tenemos genera esos riesgos?

–Las actuales condiciones no promueven la integración social, sino el aislamiento y el individualismo. Y eso alienta al suicidio.

El psiquiatra argentino Eduardo Kalina asegura que cada suicidio que se consuma denuncia el fracaso de una respuesta comunitaria.

–Quien decide autoeliminarse, ¿lo resuelve de un momento para otro o existe un proceso?

–Hay todo un proceso, lo cual facilita la prevención. Muchos meses antes, a veces hasta un año, la persona pasa por consultorios médicos, pero las señales no son atendidas. El personal médico no está preparado. Los servicios de salud están atravesados por los mismos prejuicios de toda la sociedad.

–¿Esas señales son visibles a la sociedad?

–Si la sociedad se preparara, serían visibles. Pero ocurre que no está preparada. Incluso las lee mal, porque la sociedad y a veces muchos colegas, sostienen que el que dice que se va a suicidar no lo hace. Eso no es así. Además de que leyó mal la señal, la decodificó en forma incorrecta. El que lo dice lo puede hacer, está dando una señal.

–¿Qué tanto contribuyen al suicidio las depresiones y los cuadros de pánico?

–La depresión es uno de los puntos de riesgo, pero no todo deprimido se suicida ni todo suicida está deprimido. No está contento, pero tampoco está deprimido en el sentido psiquiátrico. En cuanto a los ataques de pánico son de altísimo riesgo suicida. Hay momentos de descontrol y de desesperación muy grandes.

–Nadie desconoce que Uruguay atraviesa tiempos difíciles, por la alta tasa de desempleo y la desesperanza. ¿Esta situación puede ser caldo de cultivo de las tendencias suicidas?

–El desempleo, que trae desesperanza, es un factor desencadenante de desequilibrios, sobre todo en hombres de edad media. Incluso, no siempre se suicidan los desempleados, sino personas de su entorno. El que se suicida es portavoz de lo que pasa en la comunidad, no sólo actúa desde su individualidad, también lo hace desde el colectivo.

Estos son conceptos con los que se maneja «Ultimo Recurso».

–¿Usted tenía información sobre lo que ocurre en Maldonado en materia de suicidios?

–Sé que es más alto en el Interior, sobre todo en Rocha y San José, pero no sabía que era tan alta la tasa de Maldonado. Pero cuando hay tantos accidentes y homicidios, tantas muertes violentas, uno debe preguntarse sobre suicidios porque es otra causa de muerte violenta.

–Si alguien que lea esta nota entiende que necesita ayuda ¿adónde puede llamar?

–Puede hacerlo al 094 440877, a cualquier hora los 365 días del año. Siempre hay personal idóneo dispuesto a escuchar. Bajo la premisa de que si hay alguien que escuche, no hay suicidio. Otra cosa que no me cansaré de decir es que quien dice que se quiere matar, no quiere morir sino dejar de vivir de ese modo. Eso es también lo que alienta nuestro trabajo. Esa persona que cree que se quiere suicidar debe saber que en realidad no quiere morir, lo que no quiere es sufrir más. Y para eso estamos los profesionales: para ayudarlo a encontrar mecanismos de resolver sus problemas.

–¿Y qué va a encontrar la persona que los llame?

–Va a encontrar un lugar donde le escuchen y la posibilidad de mantener una entrevista personal. Un lugar de contención y comprensión, independientemente de lo que plantea. Acá se combate el tema, no se combate a la persona con problemas.

–O sea que una persona que se sienta mal, sola, desamparada ¿también puede llamarlos?

–Exacto, porque está dentro de la situación de riesgo. También quien crea que un vecino, un amigo, un pariente o un compañero de trabajo puede estar en situación de riesgo, que sospeche o tema, es suficiente para que nos llame.

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