La gran batuta
En su homenaje y ante un puñado de amigos se realizó una misa en la iglesia de San Agustín, en pleno barrio de la Unión, el que fuera su barrio.
Tito Pastrana fue sin dudas uno de los mojones más relevantes de la categoría de murgas en los últimos años, considerado el último gran director de una estirpe que con él desapareció.
Creó la Nueva Milonga, la murga-murga, en el mismo año 1952, en que junto a otros relevantes directores carnavaleros funda Daecpu, la institución insignia de los directores de Carnaval. Su forma «candombera» para dirigir su murga y su clásico «saltito» instituyó un estilo que legó a las nuevas generaciones de directores, marcados a fuego por su presencia avasallante.
Amigo entrañable de esta casa, proclamó en todos los ámbitos su adhesión a LA REPUBLICA y a su prédica a favor de los más desposeídos junto a quienes, en el más absoluto anonimato, estuvo siempre, como lo reveló para el asombro de muchos, el padre Ernesto Popelka, al despedirlo junto a su tumba. Tuvimos el triste privilegio de ser los últimos en recoger sus palabras, internado para el tratamiento de una fractura en la Sociedad Española, cuando nada hacía sospechar tan rápido y trágico desenlace, aun cuando su enfermedad de fondo venía minando su ya debilitado físico.
Su tradicional jocosidad, no exenta de ásperas y nada diplomáticas expresiones y su optimismo, tanto en su recuperación como en el inminente nuevo Carnaval, se volcaron en una nota que insólitamente publicamos en la mañana del mismo día en que, por la tarde, falleció.
Su figura entrañable, su elegante presencia sobre los escenarios y su amor por la murga como genuina expresión del sentir popular serán siempre referentes ineludibles, al momento de recordar al gran maestro con mucho respeto y un inmenso cariño.
Compartí tu opinión con toda la comunidad