Terápia Sexual
El día 17 de diciembre, en la página 19, leí lo más aberrante y asqueroso que se pueda escribir en un diario público, donde hay distintas edades que lo leen. Es repugnante la primera pregunta, porque eso no es cultura, es liberalismo, no es educación sexual. De manera que, si quieren seguir vendiendo LA REPUBLICA, eliminen esa página porque el español es rico en expresiones idiomáticas, pero esto es asqueroso al punto que dudo de que siga comprando LA REPUBLICA los domingos.
Estimada lectora: lamento que mi columna le resulte tan desagradable. Por suerte no es el sentir de la mayoría de los lectores de LA REPUBLICA que vienen apoyándola hace casi 3 años ininterrumpidos.
Sé que hay preguntas que son hechas en un lenguaje que no es el «más correcto» e incluso ya he explicado en otras oportundiades por qué no corrijo al publicarlo y hoy lo reitero: en la educación sexual es necesario partir de la terminología con que se nos consulta y luego ir proponiendo gradualmente palabras más «científicas» para asegurarnos el entendimiento de quien no tenemos presente ni sabemos su nivel cultural, y también para no inhibirlo si no conoce otra forma de expresarse.
En el caso de las tres preguntas que usted menciona, expliqué antes de contestarlas que, aunque, tenían toda la apariencia de haber sido hechas con un sentido distinto del que desearía que tuvieran quienes me consultan, no iba a dejarlas de lado.
Tres motivos me llevaron a tomar esa decisión: el primero es que hasta la fecha he contestado todas las preguntas que se me hicieron y no quiero hacer excepciones, porque la idea de esta columna es ir venciendo el tabú que nos impide hablar de nuestra sexualidad con naturalidad y, creo que si eligiera para responder sólo las preguntas que sean hechas en un lenguaje «académico», limitaría la educación sexual al núcleo de nuestra sociedad que menos la necesita.
En segundo lugar, no quise que la persona que las hizo, pensara que me iba a escandalizar o inhibir con su lenguaje o con sus risas mientras las hacía y que le daría un tratamiento diferente que a otras preguntas.
Por último, considero que, aún de las preguntas hechas en esas condiciones se puede enseñar algo, quizás no a quien la hace, pero sí a otra persona que no se animó a efectuarla pero la pensó en algún momento.
La educación sexual es uno de los temas más contradictorios de la política educativa de nuestro país que, por un lado permite la promoción de la vivencia temprana de la sexualidad en pareja a través de los medios de comunicción masiva y por el otro intenta reprimirla, negándole a los adolescentes los conocimientos necesarios para vivirla responsablemente.
Si la educación sexual en nuestro país estuviera dentro de los programas de estudio de nuestras instituciones educativas, no sería necesaria mi columna, pero en tanto, me parece importante mantenerla, aun con el riesgo de que personas como usted no compren más el diario los domingos. Con seguridad habrá otras que antes no lo hacían y que comiencen ahora a leerlo.
Con respecto a que el diario lo leen personas de distintas edades, no tengo la menor duda, me han escrito chicos de 12 y 13 años, pero no creo que mi columna sea lo más escandaloso que se publica en los periódicos (hablemos de las múltiples violaciones de los derechos humanos, de corrupción política, de guerras y matanzas injustas, etc., etc.). Le agradezco la oportunidad que me dio de explicar todo esto una vez más a los lectores de esta columna.
La felicito por su página. Tengo 24 años y me salieron verrugas en el pene. Fui al dermatólogo y me dijo que eso a él no le corresponde. Quisiera saber qué me aconseja.
Dentro de las enfermedades de transmisión sexual existe una llamada verrugas genitales o condilomas acuminados, ocasionada por el paponavirus. Aparecen luego de tres meses del contacto sexual, sin preservativo, con la persona infectada.
Las verrugas se forman a partir de la entrada del virus en la piel, a través de una lesión, a veces imperceptible y crecen a veces en forma de cresta de gallo o de racimos de uva. El aspecto es desagradable y puede llegar a producir molestias en el coito. Son frecuentes en varones y mujeres entre los 25 y los 35 años.
Mi consejo es que concurras cuanto antes al médico. El tratamiento del varón lo hace el urólogo, el de la mujer el ginecólogo. Si tienes pareja estable, deben concurrir ambos al médico pues, de lo contrario, seguirán reinfectándose.
Agradezco tus felicitaciones.
Mi pareja es desde los 8 años insulinodependiente. Quiero saber si eso puede traer problemas en su erección y en nuestra sexualidad. El tiene 27 años.
Si bien se dice que es común que los diabéticos tengan problemas con la erección, no todos los casos son iguales. Además, en estos últimos años, han aparecido medicamentos que ayudan a superar esa dificultad.
La ansiedad y el temor a no poder desempeñarse adecuadamente, con la angustia consiguiente, después de haber «fallado», y pensar que eso se va a repetir siempre es causa de disfunciones bastante más difíciles de tratar que las únicamente físicas.
El alcoholismo, el tabaquismo y el consumo de diversas drogas pueden también ser factores desencadenantes y/o agravantes de disfunciones sexuales instaladas por otros motivos.
Evidentemente, cuando todos estos elementos se juntan, no van a producir la misma respuesta sexual que cuando se dan por separado.
Creo que si tu pareja te importa, sería bueno no dejarle nunca toda la responsabilidad de que la relación sexual sea o no gratificante ni que dependa exclusivamente de la erección de su pene.
El libro «Todo lo que los uruguayos querían saber sobre sexo y se atrevieron a preguntar» Tomos I y II, que recopila los dos primeros años de esta columna, se pueden adquirir en Galicia 1125 apto. 207. Tel.: 908 37 34 (Conviene llamar primero)
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