Punta del Este recibió el milenio con fuegos artificiales y a todo vapor

Siglo nuevo, verano agitado

Porque en las conversaciones varias en las playas o en los boliches o incluso en reuniones de familiares y amigos, los temas tienen un fondo de preocupación: la recesión económica, el aumento del desempleo, la crisis que parece ahorcarte por todas partes y en consecuencia el devenir. Lo que vendrá a sacudirnos en una situación que muchos urguayos y argentinos analizan y/o reflexionan prácticamente con una mecánica de espejos.

Lo cierto es que en la rotación que uno practica por los sitios diversos donde hay la existencia de aglomeración de turistas en esta Punta del Este que, a la escritura de estas líneas luce radiante por el alto número de visitantes brasileños, argentinos y uruguayos, esa tensión por el futuro más inmediato, casi una variación del aquí y ahora es verdaderamente potente. Es la primera vez que, aún en condiciones de vacación, el tópico central se multiplicó tan palpablemente en los problemas financieros y en una idea de países que no están generando el bienestar y las políticas de estimulación para zafarle a la crisis.

Aun así son conversaciones que, más tarde, dejan paso a la propia rutina balnearia y sus lógicas cotidianas que en Punta del Este son siempre las mismas: los que no poseen mayor poder adquisitivo se mandaron a las playas, más tarde hicieron las típicas y generosas compras en los hipermercados para más tarde recibir en tono familiar a 2001, el nuevo siglo y el nuevo milenio.

Los de gran poder adquisitivo, sobre todo el torrente de brasileños que inundó la hotelería y las salas de juegos, y también argentinos y en menor escala uruguayos, optaron por excelentes cenas show como la que montó en forma exquisita el Hotel San Rafael –lugar al que fuimos gentilmente invitados–, además de otros lugares que verdaderamente trabajaron muy ejecutivamente para que sus clientes se sintieran bien servidos y a la vez tratados con la hospitalidad y la confortabilidad que corresponde a la cultura turística. Eso también ocurrió, después de la medianoche, en las discos y pubs cuando el fuerte caudal de jóvenes optó en algunos casos por el agite en los tradicionales El Viejo Jack y Moby Dick de la zona portuaria y en la gran mayoría optando por la megadisco que Marcelo Gattás montó en plena pista de El Jagüel u otros sitios nocturnos ya emblemáticos de La Barra como el siempre renovado Aquabarra, además de La Morocha.

Un factor común a todos los festejantes independiente de su nivel económico fueron los fuegos artificiales que iluminaron el cielo puntaesteño desde rato antes de la medianoche. El artificio, en menor cantidad y calidad que cuando arribara el año 2000, sirvió de marco al inicio de la temporada 2001.

El manantial de público turístico seguramente estirará sus vacaciones (en el caso específico de brasileños y argentinos) hasta el 5 o 6 de enero, seguirán su rutina playera, irán a ver preestrenos cinematográficos o a discotecas, al excelente show Habana Social Club (en el ex cine San Rafael) o asistir al debut de hoy a la noche de los humoristas Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle y del gran Jorge Esmoris Presidente, en el Teatro Casino (del Nogaró). Después temblorosamente se asistirá al primer recambio y ahí se decidirá definitoriamente cuál será el tenor de la temporada estival.

Punta del Este hoy posee alto rodaje, un servicio de seguridad que está trabajando en fase preventiva y correctamente, así como gente, mucha gente que quiera exprimirle lo mejor a este balneario que de la imagen palidísima navideña se reconvirtió y está despidiendo sus mejores luces. Ojalá se mantenga. Veremos.

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