DISCAPACITADOS HOY

Alfredo Reif, ejemplo de vida

Estamos finalizando el año y con ello, la celebración de las clásicas fiestas tradicionales, augurando desde nuestra columna, los mejores deseos de salud, paz y prosperidad para todos nuestros lectores.

Quizás es el momento oportuno para homenajear a uno de los tantos anónimos que en base a ese tesón, deseo constante de superación, aporta su dedicación y esfuerzo hacia los demás, procurando devolver en algo lo que la sociedad le brindó a él para el logro de su difícil rehabilitación. Su nombre es Abraham (Alfredo) Reif que hoy ostenta sus jóvenes 76 años de vida. Alfredo, como le conocemos, quedó ciego desde muy joven y se rehabilitó en el Instituto Tiburcio Cachón en 1974, y desde ese instante, su vida la dedicó al servicio de las personas con discapacidad.

Su afán de superación le llevó a realizar un curso de relacionista público. Se integró al Club de Leones, habiendo sido presidente del Club Montevideo-Prado. Actualmente es miembro del Club de San Felipe y Santiago. Durante nueve años trabajó en las salas 8 y 12 del Hospital Vilardebó como relacionista público honorario, actuando de nexo entre los pacientes y la sociedad. A su función original se le fueron anexando otras, fundando la «Escuelita de las flores», formación de un conjunto musical y coro, la producción de una comedia «Amanecer Soñando», festejos de la Navidad y fundación de una Comisión de Amigos de las Salas 8 y 12, así como Comisión de Padres del enfermo psiquiátrico y cuerpo de voluntarios de la Salud Mental. En 1981, Año Internacional de los Impedidos, lo encuentra entre los fundadores de Monami (Movimiento Nacional pro Recuperación del Minusválido), siendo su socio Nº 1. Hoy se dedica de lleno a la rehabilitación de personas ciegas, siendo director de la Asesoría de Rehabilitación de Personas Ciegas del Club de Leones. Su labor como formador de voluntarios, le ha llevado a recorrer el país y demostrando a su vez, a cuanto puede llegar la persona ciega para el logro de su independencia (dejando de lado la condena de un rincón de la casa en la cual habita) y su integración social, educativa y laboral.

Dentro de su programa de difusión de lo que puede lleva a cabo una persona ciega, organizó conciertos de órgano con la participación de otro activo colaborador ciego de Monami, Frater y Plenadi, el maestro Orosmán Zeballos, y del guitarrista Sergio Castro. Hoy a pesar de una grave enfermedad cardíaca y sus 76 años de vida, Alfredo no baja sus brazos y sigue trabajando por todas las personas con discapacidad.

Su objetivo es claro, «devolver a la sociedad en algo de lo mucho que ésta le dio y permitió su rehabilitación».

Hoy nos permitimos levantar nuestra copa y brindar con Alfredo, este amigo que resulta un claro y fiel ejemplo de vida, para celebrar, junto a todos nuestros lectores por una Feliz Navidad para todos.

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