Para Galimberti, la Navidad da esperanza y no utopías
El obispo de San José, monseñor Pablo Galimberti, afirmó que la celebración de la Navidad entrega a los uruguayos una esperanza firme, no una utopía, y otorga fortaleza para atravesar las «páginas negras» vividas en este año. Sin embargo, reconoció que la fibra y capacidad de aguante de nuestros habitantes está resquebrajada teniendo en cuenta su característica depresiva y la imposibilidad de asimilar las frustraciones. «En Navidad, el humano se arranca la máscara del engaño», sentenció.
Monseñor Galimberti dio su postura sobre el significado de la Navidad y su incidencia sobre los uruguayos advirtiendo que a pesar de las dificultades que experimenta gran parte de la población –desde el ámbito personal ante la pérdida de un ser querido, los conflictos familiares o la pérdida de un empleo– la Navidad no significa la negación de estos sufrimientos que aparecen tanto en lo personal como en lo social. «Debemos mirar estos aspectos negativos pero no es conveniente quedarnos solamente en las páginas negras de lo que aconteció en el año», acotó el prelado.
Explicó que la Navidad implica orientar una mirada hacia el pesebre e invita a la renovación espiritual que permite dar lucha ante las situaciones difíciles y adversas. No obstante, señaló que en los últimos años la capacidad de aguante de los uruguayos ante situaciones adversas se está resquebrajando y existen varios motivos que conspiran contra la fibra de la persona.
El obispo nombró como condicionantes negativos una tendencia depresiva de nuestra población, que se está transformando cada vez más senil.
Otro factor que influye en el ánimo de los uruguayos –según el prelado– «es la propuesta consumista de nuestra cultura, que despierta apetitos, pero al mismo tiempo, sabiendo que no todos pueden satisfacer sus deseos, crea una articulación depresiva que lleva a experimentar pequeñas frustraciones.
La tercera causa acotada es la dificultad de aprender a asimilar las frustraciones, ya que al uruguayo le cuesta aceptar las discapacidades que no son visibles y darse cuenta que todo tiene un límite.»En Navidad, el humano se arranca la máscara del engaño, asume su condición de frágil y acepta sus límitaciones. La omnipotencia de Dios se introdujo en el mundo, no con estruendos, sinó haciéndose frágil, abriéndose a los científicos humildes», sentenció Galimberti.
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