Saturado de actividad

Uno de los temas que ha alimentado abundantemente la controversia es el uso y abuso que se ha hecho del Teatro Solís en los últimos años, por la abrumadora cantidad y las particulares características de muchos de los espectáculos que se han presentado en su legendario escenario.

«En el futuro habrá que calibrar la cantidad y la calidad de los espectáculos que se vayan a representar y los riesgos que se pueden correr. No sucede nada si actúa una compañía de drama o comedia o un concierto de música clásica, pero si viene un grupo de rock con sus amplificadores de miles de vatios, esto va a afectar seriamente la estructura del edificio», manifiesta Farina.

El mito de la acústica

Siempre se han prodigado múltiples elogios a la tradicional acústica del teatro. Pero en el Solís se escucha poco y mal. En una oportunidad, el maestro Federico García Vigil sostuvo que la acústica del Solís es una de las más sordas del mundo. «En una oportunidad escuché la orquesta de Washington un viernes y al otro día sábado, la escuché en el Colón de Buenos Aires. La diferencia desde el punto de vista acústico era como escuchar una radio a transistores y la otra en un estudio con lo mejor en estéreo,» manifestaba el director de la Filarmónica de Montevideo.

Por su parte el arquitecto Farina consideró que este tema de «sordera» se debe al exceso de cortinados, tapizados y moquetas que tiene la sala, que son materiales absorbentes y que impiden una adecuada calidad del sonido.

«Esto se remonta a 1945, cuando se hizo la gran remodelación del teatro, pero los estudios que llevamos realizados hablan que ya había sido seriamente dañada en 1901, cuando se hicieron una serie de obras para elevar el techo exterior del teatro, con el propósito de darle una mayor elevación donde estaba toda la maquinaria de la escena.»

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