Historia de un paradigmático fragmento de cultura

En el año 1840, Montevideo tenía una población de alrededor de veinte mil habitantes incluyendo las zonas aledañas al casco urbano. Algunos de sus ilustres vecinos decidieron en el invierno de ese año, integrar una sociedad de accionistas, con el propósito de concretar la realización de: «un teatro que esté en armonía con la prosperidad y riqueza de la República, siendo una necesidad indispensable para nuestra sociedad a la altura que ha llegado su ilustración y su comercio», según los considerandos del contrato social.

La comisión directiva que impulsó el proyecto quedó integrada por Luis Lamas, Juan Miguel Martínez, Juan Benito Blanco, Francisco Solano Antuña, Juan Francisco Giró, Enrique Artagaveytia y Vicente Vázquez.

Tres terrenos estuvieron en la mira de estos accionistas, optándose finalmente por el predio que hoy ocupa el Solís, que era propiedad de Don Ramón de las Carreras, sobre la calle San Sebastián, actual Buenos Aires, el que fue adquirido en $ 31.000.

Este predio había sido considerado apto por el arquitecto Carlos Zucchi, quien fue el responsable del primer proyecto y de los primeros planos para construcción del teatro.

El arquitecto Zucchi vivió en permanentes conflictos con los directivos de la sociedad de accionistas del teatro y esto trajo aparejado un clima de hostilidad contra su persona. Se le acusó de ser simpatizante del gobierno porteño de Juan Manuel de Rosas –a quien Rivera le había declarado la guerra en marzo de 1839– y también del ex presidente Manuel Oribe. Vamos a entrar en los comienzos de la Guerra Grande.

La construcción pasó a manos del arquitecto Francisco Xavier Garmendía, cuyas obras se ejecutaron con arreglo a los planos originales de Zucchi, de acuerdo a una resolución de asamblea de accionistas efectuada el 30 de noviembre de 1842.

Entre 1843 y 1851, la obra quedó prácticamente paralizada debido al conflicto que significó la Guerra Grande.

En 1856 se terminan las primeras obras del teatro, concretamente la parte central del edificio, quedando para 18 años más tarde la construcción de los cuerpos laterales, que fueron pensados para comercios y también para servir de viviendas. El frontispicio del teatro es idea del arquitecto ítalo – uruguayo Clemente César y se compone de un peristilo de ocho columnas corintias, que son el adelanto al cuerpo del edificio, apoyadas sobre una escalinata de mármol.

El Teatro Solís fue inaugurado el 25 de agosto de 1856 con la presentación de la ópera, «Hernani» del compositor italiano Giuseppe Verdi. En 1887, se inauguró la iluminación eléctrica junto con la presentación de la actriz francesa Sarah Bernhardt, considerada por muchos la más brillante actriz teatral.

Otros datos curiosos se refieren a que el telón de boca del escenario es obra nada menos que del pintor Juan Manuel Blanes y que la linterna roja que aún se enciende en las noches de espectáculos, tiene su origen en la inauguración del teatro, cuya luz advertía a los vecinos que esa noche había función.

En sus cuerpos laterales, también funcionaron el Diario del Plata y el cine Parlante, cuyo techo se derrumbó el 30 de setiembre de 1940 causando la muerte de un espectador y diversas lesiones a otros.

La Intendencia de Montevideo adquirió el teatro a los descendientes de aquellos accionistas el 24 de junio de 1937, en la cantidad de $ 600.000. En 1945, el Solís fue sometido a una profunda recuperación de sus estructuras con el afán de modernizarlo y rejuvenecerlo, lo que insumió un año de trabajo. Fue la última vez que el viejo edificio supo de una atención personalizada. Parte de la información contenida en esta nota histórica fue extractada de de los libros «Montevideo y sus teatros» de Pablo Montero Zorrilla y «La historia del Teatro Solís» de Alfredo R. Castellanos.

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