El centenario espacio artístico sólo reabrirá dentro de cuatro años

Teatro Solís, en terapia intensiva

El arquitecto Alvaro Farina, quien junto a su colega Carlos Pascual son los responsables del denominado «Proyecto Solís», sostienen que la puesta a punto del teatro junto con todas sus divisiones no estará lista hasta dentro de cuatro años. Siempre, claro está, que haya dinero para ello. Las oficinas o cuartel general donde trabajan los integrantes del proyecto de restauración del Solís están ubicadas en el ala izquierda del añejo edificio sobre la calle Bartolomé Mitre, donde se encontraba el área del Museo de Historia Natural. Enormes tablas sobre firmes caballetes, varias computadores, infinidad de carpetas, viejos planos del teatro en pesados marcos apoyados sobre las paredes y un viejo afiche con un rostro dibujado de Margarita Xirgu, presiden el despacho donde trabaja el arquitecto Alvaro Farina.

«Para poner en ejecución la recuperación a fondo del Teatro Solís tuvimos que trabajar sobre la base de lo que nosotros definimos como unidades de investigación. Esto es lo que nos permite acumular la necesaria información sobre las áreas de definición de este añoso edificio. Esta investigación supone tres aspectos concretos: la búsqueda de información, la puesta a punto de los criterios de selección de la misma y la forma de conducir cada una de las operaciones a desarrollar. Esta conducción se realiza por parte de un equipo conformado por un asesor en cada área específica, un coordinador de unidad y sus asesores.», manifestó Farina a LA REPUBLICA.

Tras definirse y procesarse las etapas de la investigación, se ingresa en lo que el arquitecto Farina ha denominado el ingreso a las «capas ocultas» o «capas intermedias», donde se desarrollan las tres secuencias fundamentales de todo este minucioso trabajo: reconocimiento de las estructuras del edificio, la del proceso histórico y la de los modelos.

«Aquí es fundamental lo referente al proceso histórico del edificio, es la bisagra entre el universo de los construido y el universo a construir, representa presente y analiza y define el pasado del edificio. De esta forma, hemos delimitado una primera etapa del Proyecto Solís, relacionada con el conocimiento de toda su historia edilicia, lo que nos permite pasar a la segunda etapa, que es la de las propuestas para llevar adelante las obras de restauración. La idea nunca fue de hacerle algunos arreglos de electricidad, resolver algún problema de cañerías o de humedad, algo de pintura y otra vez a la calesita de espectáculos.

Esto es mucho más complejo. Para hacer un trabajo en serio y de responsabilidad teníamos que investigar toda la estructura del teatro, este es un edifico antiguo con serios problemas estructurales, que nos obligaron a hacer diversas demoliciones por peligro de derrumbe», enfatizó el técnico. Para efectuar los primeros trabajos básicos de cateo y demolición se contrató a una empresa constructora local, que funcionó en régimen de administración. Para ello fue necesario desalojar las dependencias de la Escuela de Arte Dramático, la Filarmónica, oficinas de administración, talleres de vestuarios, archivo, biblioteca y el Museo de Historia Natural, junto con el restaurante del Aguila, éste a punto de colapsar. «Tuvimos que reubicar a más de trescientas personas que cumplían tareas dentro de estas dependencias», preciso Farina.

Ampliación y rediseñó

En el futuro Solís la idea es agrandar el escenario, rediseñar todo el hall de entrada y eliminar las entradas de las calles Juncal y Bartolomé Mitre. «Los accesos a todas las localidades se harán por el frente del teatro y el otro para artistas, proveedores y personal será por la calle Reconquista.

Todo estará interconectado por dentro del edificio, donde habrá salas para ensayos, cursos y de alternativa, junto a oficinas y todo lo que necesita un teatro de este nivel», indicó el arquitecto a cargo del ambicioso proyecto. Sobre las críticas que algunos sectores políticos por las demoras en la concreción de las obras, nuestro entrevistado no parece sentirse preocupado.

«Sucede que los tiempos de los políticos son tiempos diferentes a los nuestros. Un teatro de estas características en Europa o en Estados Unidos lleva un período de cuatro a seis años ponerlo a punto y nadie se alarma, ni lo cuestiona. Este teatro es un protagonista de la vida social, histórica y cultural de Montevideo y es un compromiso ineludible que tenemos los habitantes de esta ciudad, de tenerlo integrado en sus mejores condiciones. En eso estamos todos.» Ir caminando entre andamios, por los corredores y diversos espacios del teatro, hoy callados a la música y a la declamación, estas paredes despojadas de revoques y manposterías dejan al descubierto todas las heridas que el Solís ocultaba detrás de las luces, del brillo de sus mármoles y del terciopelo de sus cortinados.

Hoy se dejan ver vigas de hierro que han cumplido su ciclo de vida, entrepisos al borde del hundimiento, rajaduras en paredes internas y externas, problemas de electricidad, cañerías en estado de vetustez. Todo indica, hasta para el más desprevenido observador, la necesidad de una puesta al día del histórico y añejo edificio. En esto se encuentra el arquitecto Alvaro Farina y su calificado equipo de colaboradores, muchos de ellos, avanzados estudiantes de arquitectura. Todo aquel que quiera ver de cerca la puesta en marcha de esta obra sólo tiene que acercarse los sábados a la puerta de Buenos Aires y Bartolomé Mitre y en una visita guiada podrá recorrer la platea, el escenario y los corredores del teatro. Se cuenta con dos opciones a las 11 y a las 12 horas. Vale la pena, este teatro es de todos los uruguayos.

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