El historiador Gerardo Caetano propuso dejar atrás al Estado "fofo"

Bombas de tiempo

El historiador y director del Instituto de Ciencias Políticas, Gerardo Caetano, abordó el tema de la relación de la Iglesia y el Estado, en un encuentro realizado días atrás en la Universidad Católica, organizado por el Departamento de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal Uruguaya.

En el marco del «Catolicismo y el espacio público en el Uruguay de hoy», explicó que se están experimentando cambios en el ámbito público y privado, pero acotó que Uruguay es un país que disimula sus propias transformaciones, convive mal con el cambio y «esto es particularmente complicado en un tiempo dominado por los cambios vertiginosos, de destino incierto».

El docente indicó que en los últimos 15 años vivimos una revolución divorcista que ha transformado al Uruguay como el país de tasa más alta en América Latina en materia de divorcios. Afirmó que tanto el Estado como la Iglesia no supieron adaptarse a los cambios ni proponer estrategias para esta nueva sociedad, donde el modelo familiar imperante ya no es el de la familia nuclear integrada por el «casal» y que por diversos motivos hay una multiplicidad de arreglos familiares: hogares monoparentales, jóvenes y adolescentes con hijos, convivencias intergeneracionales complejas y muchos solitarios.

Afirmó que cuando el Estado habla de la Familia lo hace explícitamente o implícitamente de un modelo que ya es minoritario y deja afuera a una fuerte mayoría de arreglos familiares que están ubicados, además, en las zonas de pobreza y marginalidad. «Porque la mayoría de estos arreglos familiares están allí», enfatizó Caetano. Sentenció que «la sociedad uruguaya tiene bombas de tiempo muy peligrosas que no se están viendo en su gravedad». Relató que casi la mitad de los menores 15 años son pobres o marginales y más del 40% de los menores de 25-30 años son pobres o marginales y más de 4 de cada 10 recién nacidos nacen en hogares pobres y marginales que ocupan una franja de la sociedad que es claramente minoritaria hoy. Si se toman los datos del Instituto de Economía, representan un 12% o 15% de la sociedad, y –según comentó el historiador– este porcentaje es un escándalo, ya que nuestra pobreza y marginalidad está dominada por niños y por jóvenes. Esto lleva a que la sociedad tenga bombas de tiempo muy peligrosas, reflexionó Caetano.

«El Estado fofo, gordo…» El analista político hizo reparos a la efectividad del Estado en atender exitosamente la demanda colectiva, argumentando que las mismas podrán ser respondidas por la articulación de actores diferentes. «El viejo modelo de estatización de lo público ya no funciona por ningún lado y en Uruguay ese fue un modelo muy exitoso pero nos dejó un legado muy complicado que es esa imposibilidad de pensar lo público fuera del Estado, lo que no quiere decir negar el Estado». Dijo que la sociedad uruguaya tiene con la política una relación dual, ya que por un lado participa de un creciente distanciamiento crítico respecto de los políticos y de los partidos, pero le sigue transfiriendo un enorme poder, «espera mucho del Estado, de los políticos, de los partidos. Y el poder tiene múltiples dimensiones y uno es transferencia. Si uno espera mucho está transfiriendo poder y está perdiendo protagonismo. Eso no le pasa sólo a la Iglesia Católica, hay muchos otros actores que han transferido poder».

Explicó que este nuevo espacio público que se avizora, es un espacio que por primera vez no podrá ser absorbido por el Estado. «Y esto es un cambio revolucionario porque a diferencia de otros países de América Latina, en Uruguay históricamente, cuando pensábamos en lo público, de inmediato pensábamos en el Estado y hoy ya no puede económicamente, culturalmente, ya no puede políticamente, no tiene condiciones para esa tarea y yo digo enhorabuena».

Propuso para defender al Estado, «pasar de este Estado fofo, gordo, que no tiene capacidad de incidencia sobre su sociedad, a un Estado que haga menos cosas pero fundamentales.

El historiador puso como ejemplo para lograr la equidad social, impulsar la educación preescolar pero contemplando también a los padres; «porque sabemos que lo que se acumula en la escuela se puede desacumular en la casa. Y si no hay un compromiso de los padres, del barrio con un proyecto educativo de una escuela o de un liceo, las mejores intenciones se quedan cortas».

A fin de alcanzar logros, Caetano pretende un Estado menos abarcativo, sin sobredemandas y al mismo tiempo establecer un territorio de disputas mucho más societales. Sugirió desresponsabilizarlo en algún sentido y responsabilizar a otros protagonistas que están adormecidos o no son visibles.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje