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El número mayor de estos jóvenes, 6.910, se encuentra en barrios de la periferia capitalina, y constituye el 16.87% del total de la población masculina que vive en esa zona de la capital del país, que es de 40.950.
De acuerdo con un informe elaborado por la Comisión de Juventud de la Intendencia Municipal de Montevideo, la población de jóvenes entre los 15 y 24 años, es de 110.917, un 17,76% de la población masculina que vive en Montevideo.
El trabajo destaca que la situación de la periferia constituye la «Gran Zona» con mayor heterogeneidad interna.
«La máxima distancia interna (10.3%) se observa entre los barrios Carrasco Norte, Maroñas y Malvín Norte con un 10,9% de jóvenes hombres de 15 a 24 años que no estudian, no trabajan, ni buscan empleo», y el barrio de Paso de la Arena con un porcentaje de 21,2% de jóvenes en la misma condición.
Todos los barrios de la región periférica presentan dispersiones relevantes en relación al porcentaje total del conjunto de la Gran Zona».
Según el informe, el piso porcentual más bajo de los jóvenes que no estudian, no trabajan ni buscan trabajo en los barrios periféricos –lo que se da en los barrios Maroñas, Carrasco Norte y Malvín Norte– es más alto que los promedios de las tres Grandes Zonas de la ciudad consolidada (Coste Este, Area Central y Primera Corona de la zona pericentral).
«La heterogeneidad interna de la periferia en el comportamiento de este indicador, cuando la unidad de análisis son los barrios, resulta inseparable de su inscripción dentro del hecho metropolitano mencionado al comienzo de este informe. La simple observación de los barrios con mayores porcentajes de jóvenes hombres de 15 a 24 años que no estudian, no trabajan ni buscan trabajo presenta una fuerte consistencia con la geografía de los asentamientos irregulares», se expresa en el informe.
«Cabe suponer» –dice el documento– «que una hipótesis plausible a explorar en el futuro es que existe algo más que «desinterés» juvenil con las instituciones del mundo educativo y algo más que «desmotivación» con los imperativos del mundo del trabajo. Hay ausencia de motivaciones de vida o de producción de sentido en el ciclo juvenil que pueden orientarse, más que hacia la rebeldía, hacia la anomia (en un orden social pluralista y complejo resulta adicionalmente imposible definir un único marco cultural de referencia para la producción de las identidades juveniles) o los otros desvíos del modelo mertoniano.
Pero avanzar en esta dirección de investigación supondría explorar los problemas socioculturales de la «condición juvenil» propiamente dicha.
«Resulta clara, en cualquier caso, que la distribución del «divorcio» está lejos de ser «neutral» en el territorio y entre las diferentes capas sociales de origen de los jóvenes y que, por tanto, el desinterés y la anomia también se distribuyen desigualmente, comprometiendo gravemente el futuro de la sociedad montevideana».
El patrón difuso que asume el hecho metropolitano supone no sólo la disposición de grandes extensiones de suelo urbanizable para su apropiación por distintos grupos sociales –adoptando muchas veces modalidades irregulares– en un marco de ausencia de reglas de juego compartida entre agentes sociales y de políticas efectivas de concertación para el ordenamiento territorial.
El espacio metropolitano se convierte en un territorio de zonas de incertidumbre para la acción de los agentes y de disputa por el control y la gestión de las incertidumbres o «resquicios» abiertos en el territorio para las estrategias de los agentes, sea desde una lógica de mercado, sea desde estrategias de sobrevivencia «compensatorias» de las pérdidas provocadas por las dificultades de acceso a las redes de protección social o de logro del preciado bien de la vivienda propia.
Entre los rasgos del patrón difuso de la metropolización adquiere relevancia la multiplicación de periferias, diferentes e inconexas entre sí, dotadas de funcionalidades contrapuestas cuando no conflictivas.
Algunos de los barrios periféricos son periferias deprimidas por la deslocalización empresarial o la flexibilización laboral de las empresas; otras adquieren mayor dinamismo, algunas son «nuevas» otras antiguas pero «renovadas» por el tipo de actores sociales que las conforman.
Según el documento en último término, el modelo urbano, que está en crisis, había supuesto que la ciudad moderna articulaba una vigorosa centralidad con una abigarrada periferia homogénea, una clara distribución de los premios y castigos entre las clases, una dimensión de integración social urbana fuerte –basada en relaciones reguladas entre capital y trabajo– y sostenida en redes públicas de amplia protección social, y, finalmente, una dimensión en la cual el sector público aseguraba la «red de sostén» (saneamiento, transporte, vialidad, infraestructura de base) del funcionamiento del mercado urbano.
Crisis de las periferias
La crisis de este modelo de ciudad se expresa ante todo como una crisis de las periferias que experimentan –con mayor intensidad que los otros segmentos de la trama urbana– los procesos de desintegración social y cultural urbana, y la formación de «regiones» o «subregiones» «ganadoras» y «perdedoras» en los procesos de reorganización espacial que se desarrollan en la inserción competitiva de las ciudades, desde un marco de economías abiertas, en la regionalización y globalización.
Los impactos asociados al patrón difuso de metropolización se reflejan en el mercado inmobiliario –amenazado por la producción informal de suelo urbano– la ausencia o la distribución más desigual de los equipamientos urbanos por la rápida extensión de la mancha urbana-suburbana o rururbana, y en una segmentación «interna» del espacio urbano (con frecuencia asociada a tipologías urbanas que refuerzan el aislamiento entre los grupos sociales y sostienen la «deserción» del espacio público urbano) muy fragmentada que, sin embargo, es complementaria de tendencias duras de segregación de la ciudad, y sus periferias en grandes aglomeraciones estructurales en torno a la distribución y el acceso a los equipamientos urbanos de punta y los bienes de mercado.
En tercer lugar el análisis del indicador nos muestra la emergencia de una nueva dimensión de riesgo, con fuertes desigualdades en el territorio, que naturalmente no aparecían en los indicadores de nivel educativo alcanzado y condición de actividad..
Las Grandes Zonas
El estudio estructuró cinco Grandes Zonas de relativa homogeneidad desde el punto de vista urbano.
Esas zonas fueron determinadas así: Area Central ( Ciudad Vieja, Centro, Barrio Sur, Cordón, Palermo, Parque Rodó, Capurro/ Bella Vista, Aguada, Reducto, Jacinto Vera, La Figurita, Villa Muñoz/ Retiro, La Comercial y Tres Cruces.
Zona Pericentral: Primera Corona (Parque Batlle/ Villa Dolores, Unión, Larrañaga, La Blanqueada, Mercado Modelo/ y Bolívar, Aires Puros, Atahualpa, Brazo Oriental, Paso de las Duranas y Prado/ Nueva Savonia.
Zona Pericentral: Segunda Corona (Flor de Maroñas, Jardines del Hipódromo, Ituzaingó, Villa Española, Castro Castellanos, Cerrito, Las Acacias, Cerro, La Teja, Sayago, Belvedere.
Franja Costera Este: Punta Carretas, Pocitos, Buceo, Malvín, Punta Gorda y Carrasco.
Periferia: Casabó/ Pajas Blancas, La Paloma/ Tomkinson, Nuevo París, Tres Ombúes/ Victoria, Paso de la Arena, Conciliación, Lezica, Peñarol/ Lavalleja, Colón Sureste/ Abayubá, Colón Centro y Noroeste, Casavalle, Piedras Blancas, Manga/ Toledo Chico, Villa García/ Manga Rural, Manga, Malvín Norte, Bañados de Carrasco, Maroñas/ Parque Guaraní, Las Canteras, Punta
de Rieles y Carrasco Norte.
En primer lugar la observación de las diferentes intra Grandes Zonas muestra claramente que, cuando la unidad de análisis son los barrios, las diferencias dentro de las Grandes Zonas aumentan considerablemente y son mucho mayores que cuando se toma como unidad de análisis a los Centro Comunales Zonales. En segundo término no todas las Grandes Zonas presentan los mismos grados de heterogeneidad en relación a este indicador.
El Area Central presenta mayor dispersión interna que llega a su máximo entre los barrios de Villa Muñoz/ Retiro, con el 14% del total de jóvenes hombres de 15 a 24 años que no estudia, no trabaja ni busca trabajo y Tres Cruces con sólo 5% de jóvenes hombres en la misma situación (una diferencia máxima de 9 puntos). Con todo, esta máxima diferencia Inter-Barrios del Area Central, es menor que la máxima diferencia Inter-Grandes Zonas (entre Costa Este y Periferia) que alcanza 9.4%.
La Segunda Corona de la zona pericentral presenta una distancia interna máxima de 8 puntos entre los barrios del Cerro –18,6% de jóvenes hombres entre 15 y 24 años que no estudian, no trabajan ni buscan trabajo– y Sayago con sólo 10,7% de jóvenes hombres en la misma condición.
Pero, no obstante el conjunto de los valores del resto de los barrios se aproxima cercanamente del promedio porcentual de jóvenes que no estudian, no trabajan ni buscan trabajo en toda la zona de la Segunda Corona pericentral que resulta ser entonces bastante homogénea.
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