La Policía comunitaria emerge como un instrumento de paz social integrado a la comunidad

Buenos muchachos

Marcelo Bustamante

La Policía de nuestro país pretende cambiar su imagen, que le devuelva la confiabilidad y le permita actuar positivamente ante los nuevos conflictos de la sociedad contemporánea. El Ministerio del Interior es consciente que con las tradicionales reglas y métodos de trabajo, no se combate la marginación social, los problemas familiares o las carencias barriales.

Obligada a modificar su estrategia de trabajo, la institución busca adaptarse a la realidad, presentando un proyecto donde la Policía de carácter «comunitaria», conjuntamente con agentes multidisciplinarios, esté al servicio de la sociedad, interviniendo en las disfunciones familiares y fomentando modalidades de solución no violenta a los conflictos.

Para lograr los objetivos, estos efectivos participaron en 1999 de cursos de capacitación dictados en los departamentos de Montevideo, Canelones, Florida, Maldonado y Artigas, donde se instruye sobre el contenido del Código del Niño y la Familia. Actualmente, hay 1.000 policías concurriendo a cursos de formación y próximamente otros «comunitarios» actuarán en Ciudad Vieja, cuando se instale un nuevo Centro Piloto de Prevención.

Actualmente, se aplican tres experiencias de policías comunitarios en Uruguay: dos en Montevideo y uno en Las Piedras.

Impulsado por la Dirección Nacional de Prevención del Delito, en la plaza Nº 4 de Deportes del Cerrito de la Victoria, funciona el Centro Piloto de Prevención Nº 1, donde 6 efectivos realizan un servicio las 24 horas del día.

En Rincón del Cerro, funciona una experiencia similar, con dos policías comunitarios, mientras que la Seccional 21ª impulsó un proyecto propio.

Las propias autoridades bautizaron a estos uniformados como «policías del futuro», mientras que en barrios marginales como 40 Semanas, los «comunitarios» son apodados como los «policías de la cuerdita», por el silbato que llevan colgado en su brazo. Al verlos, los vecinos advierten: «Â¡tranquilos, con ellos no pasa nada!».

En los Centros Piloto de Prevención se realizan tareas de atenciones primarias a menores carenciados en situación de riesgo, mediaciones entre vecinos, asesoramiento jurídico y en problemas de violencia familiar y de abuso sexual.

En la plaza de deportes del Cerrito de la Victoria, trabajan los policías comunitarios coordinando acciones con las autoridades de la enseñanza pública y privada, docentes de Educación Física y profesionales del Ministerio de Salud Pública.

Esta experiencia comenzó en el mes de febrero y según sostienen las autoridades, ya se alcanzaron logros en una jurisdicción que comprende 187 manzanas delimitadas por las avenidas José Batlle y Ordóñez, General Flores y las calles Chimborazo y Burgues.

El sargento de primera Ricardo Pou y el agente de primera Félix Báez explicaron a LA REPUBLICA que antes de actuar en la zona se registraban periódicamente cuatro riñas callejeras diarias por parte de adolescentes a la salida de las clases. Ahora, casi no se producen incidentes entre los menores que asisten a las cuatro escuelas públicas, un liceo y dos colegios privados ubicados en un radio de 500 metros de la plaza de deportes.

Los efectivos se encontraron con una difícil situación de alcoholismo, drogadicción y violencia.

Explicaron que lograron coordinar acciones con las comisiones vecinales y que el próximo 2 de diciembre organizarán la Semana del Cerrito de la Victoria, a fin de obtener fondos que permitan el funcionamiento de un comedor para cientos de niños.

Los policías comunitarios fomentan en la población una sensación de confianza. Ello posibilita que se informe sobre casos de maltrato familiar y otros conflictos.

En el Centro de Prevención enseñan a cómo redactar una carta de denuncia para presentar en las comisarías, lo que difiere de la mera queja cuando el efectivo policial se remite solamente a tomar nota de lo expresado por el damnificado.

LA REPUBLICA consultó a varios vecinos de la zona, para conocer su opinión sobre los policías comunitarios, lo que permitió recoger una amplia gama de respuestas.

Un trabajador de una empresa de la zona ubicada a una cuadra y media de la plaza de deportes, manifestó que no tuvo oportunidad de conversar con éstos, pero en ocasiones ha observado a «los policías de camisa blanca caminar por el barrio».

Un farmacéutico, en cambio, manifestó conocer a los uniformados. «Cada tanto, vienen a preguntarme si no hay ningún problema. Debo reconocer que hay una mayor tranquilidad en las inmediaciones de la plaza de deportes, ya que antes habían muchachos drogados y era un peligro pasar por allí».

Otro viejo vecino del lugar dijo desconocer la presencia de los «comunitarios». «Lo único que sé, es que casi nunca hay nadie en el puesto policial emplazado al costado de la plaza y que los menores hasta roban el pan de las bolsas de mandados».

Por su parte, una señora que vive sola, respondió afirmativamente. «Â¡Ah, sí los conozco. Después que llegaron ellos podemos mandar a los niños a la plaza sin temor de que los roben o los golpeen. Un día me visitaron y dejaron su número telefónico por si tenía algún inconveniente».

Nuevo paradigma

La propuesta de renovar la función policíaca surgió en julio de 1996, luego de un primer trabajo de investigación sobre el fenómeno delictivo en nuestro país, entre 1985 y 1995, así como del análisis de las respuestas aplicadas por policías extranjeras, que plantearon nuevas apuestas y estructuras organizacionales.

Una vez que el Ministerio del Interior consideró al delito como un fenómeno social, se estableció que la función preventiva de la Policía debe extenderse necesariamente a los fenómenos sociales, transformando al agente en actor principal en la detección de la cadena de causalidad de los factores criminovalentes.

Este trabajo implica dejar atrás los principios de organización clásicos, en los cuales se observaba una fuerte centralización y concentración de funciones en los mandos. Las policías con mayor desarrollo (Holanda, Inglaterra, España, Alemania, Estados Unidos y Canadá, etc.) optaron por principios rectores opuestos (descentralización territorial y desconcentración de tareas) para acercarse a la comunidad, en pequeños grupos con jurisdicciones acotadas y manejables.

La Policía Comunitaria en Uruguay está especialmente capacitada en la tarea de relaciones públicas, humanas y comunitarias. No interviene en actividades de represión salvo circunstancias de «infraganti» delito, y tiene la función de ser un agente de paz social.

Estos efectivos trabajan en el marco de los Centros Pilotos de Prevención, que funcionan en zonas donde existen mayor conflictividad y riesgo social. Se pretende que sean educadores y formadores de hábitos de seguridad personal y colectiva.

Sin embargo, el «comunitario» no es una «policía paralela», ni un informante, ni un miembro de la inteligencia policial.

Un ejemplo sin recursos

El inspector español Antonio de la Fuente, experto en Policía de Proximidad, analizó el funcionamiento del Centro Piloto de Prevención Nº 1 y las actividades desarrolladas por los «Policías Comunitarios».

Señaló que esta experiencia preventiva «se puede considerar como un ejemplo a emular. La perfecta coordinación e interacción entre los diversos funcionarios, se plasma en una búsqueda de la prevención entre los niños y adolescentes en edades más conflictivas.»

Explicó que lo complicado es –a menudo– manejar a los jóvenes.

Añadió que la labor tanto en los colegios como en el propio liceo, es la base correcta del
futuro de estos niños y jóvenes, teniendo en cuenta dónde conviven. Sin embargo, acotó que los recursos son «lógicamente insuficientes para una respuesta eficaz, aunque por lo visto, no ha sido óbice para trabajar en la línea adecuada.

Por tanto, aunque todo se puede mejorar, no creo en esta replicalidad.» Mientras tanto, la responsable de la Plaza de Deportes Nº 4, profesora Corina Braida, señaló que «hay un acercamiento diario y a veces es desbordada por el trabajo.

Hay policías que superan esa relación que asumió el compromiso y tiene claro cuál es su tarea.»

Dijo que hubo poco trabajo en conjunto, pero que igualmente hubo experiencias exitosas. Resaltó el mayor diálogo con la comunidad y propuso trabajar más en equipo y que exista más cantidad de policías para poder hacer un mayor relacionamiento con la plaza y la comunidad.

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