Pedidos elevados

Un hecho bastante banal de la crónica política, como sin duda lo es un pedido de informes del Parlamento a un Ministerio, está en el origen de esta nota.

El cronista había escrito lo siguiente: «El senador Gargano elevará un pedido de informes a la ANEP». Y el editor de la sección Política me hacía ver –con razón– lo absurdo del enunciado.

En efecto, mal puede elevarse algo a alguien que se halla en un mismo nivel de jerarquía: ¿o acaso la ANEP tiene más rango que un senador de la República? A menos, claro está, que se responda afirmativamente a esta última pregunta y se considere que Montesquieu ‘ya fue’, y que el Poder Ejecutivo tiene un rango superior al Parlamento.

Puede elevarse una petición, una queja u otra cosa a un superior jerárquico. Pero si es éste el que pide algo a sus subordinados, diremos que ordenó, dispuso, solicitó, pidió un informe. Y entonces sí, el funcionario a quien se le ha pedido que elabore el informe, elevará el resultado de su tarea al jerarca.

De la misma manera, cuando el pedido de informes (o el trámite que sea) es solicitado por alguien que se encuentra en un mismo nivel jerárquico que el funcionario a quien se le pide que informe, no corresponde usar el verbo elevar sino cualquier otro que se nos ocurra capaz de expresar la acción, pero desprovisto de todo matiz indicador de diferencias de categoría. Podemos decir que un senador efectuó, realizó, hizo o cursó un pedido de informes a un ministro.

De lo contrario, habría que decir que el ministro a quien un parlamentario elevó un pedido de informes, al responder a éste, descendió la información solicitada. Algo medio disparatado, ¿no halla?

–Ta clarito, Mendieta. Y ahora, ¿por qué no le eleva al patrón un pedido pa’ que sirva la otra?

–¡Qué lo parió!

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