El peligroso pez que apareció en aguas uruguayas causó conmoción

Piraña en el Santa Lucía

La licenciada en oceanografía biológica del Instituto Nacional de Pesca, Mónica Spinetti, técnica del Instituto Nacional de Pesca, afirmó que se trata de una especie «carnívora y sumamente agresiva». La especialista identificó científicamente al pez como un ejemplar hembra del tipo Pygocentrus nattereri a punto de desovar.

Respecto a cómo se puede explicar esta inusual aparición, Spinetti planteó la hipótesis de un eventual cambio de vientos registrado en los últimos días, que habría producido un movimiento de las aguas hacia el Río de la Plata y luego al Santa Lucía.

La piraña negra es reconocida por su voracidad. Su hábitat más común es el alto Uruguay, Río Paraná y cuenca del Amazonas, pero también se encuentra en Perú y Bolivia.

Los técnicos del Inape informaron a LA REPUBLICA que este tipo de pirañas suele atacar a los animales cuando éstos entran a los cauces de agua a beber. «Es común que a las vacas les coma la ubre y ataquen las partes del animal que quedan expuestas al tomar contacto con el agua».

El alimento diario de la piraña son otros peces. De todos modos, suelen atacar a otras especies animales cuando la oportunidad es propicia.

Respecto a los eventuales riesgos que supondría la presencia de otras pirañas para eventuales bañistas, los técnicos del Inape aclararon que «estos peces suelen atacar cuando la persona tiene una herida, ya que se sienten atraídas por la sangre». Se desconoce si la piraña capturada por el pescador Olivo Rivero es el único ejemplar que llegó hasta la zona de regatas, pero se recordó que suelen andar en «cardumen».

Olivo Rivero, de 68 años, que reveló su hallazgo a LA REPUBLICA, es un consuetudinario pescador que diariamente concurre con sus cañas a la zona de la pista de regatas. El lunes, mientras pescaba sobre el puente que une Santiago Vázquez con la zona de regatas, tuvo la convicción de que algo había picado en su anzuelo. Sin demora, recogió la tanza y observó cómo un «extraño» pez, no habitual en sus «cacerías» cotidianas, luchaba por recuperar su libertad.

En poder del pescador, el animal seguía pugnando por desprenderse del anzuelo. Rivero no le dio oportunidad, ya que lo extrajo desenganchó y lo introdujo en una bolsa de nailon.

No obstante, la sorpresa de Rivero fue mayúscula cuando observó con perplejidad que la bolsa era virtualmente «triturada» por los filosos dientes de su presa. «En ese momento me di cuenta de que lo que había sacado era una piraña», comentó el atribulado pescador.

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