De moña y delantal
Pocos representantes se prestaron a participar de esta experiencia. Beatriz Argimón y José María Mieres (Partido Nacional), Pablo Mieres (Nuevo Espacio), Glenda Rondán y Washington Abdala (Partido Colorado) fueron los que, de pie, respondían las consultas sobre los derechos de los niños hechas por los escolares, aunque el diputado Abdala se encargó hábilmente de derivar la mayoría de las consultas a sus colegas.
«Nosotros nos comprometemos a que los derechos de ustedes, que están en los papeles, se cumplan», dijo a viva voz la diputada Argimón, ante la aguda pregunta de un niño sobre «¿qué hacen ustedes, los legisladores, para que nuestros derechos se respeten?».
La sesión fue presidida por otro niño que siempre tuvo a su espalda al presidente del cuerpo, el forista Washington Abdala. El escolar se identificó como Guillermo García, del Iname, y que actualmente cursa sexto año de escuela. Por el Iname concurrieron 70 de los más de 100 escolares que llegaron al Parlamento. Algunos de los niños traían sus preguntas previamente escritas, aunque otros –los más audaces– las expusieron en el momento. Tal fue el caso de aquel escolar que obligó a la diputada colorada Glenda Rondán, primero, a reconocer: «Ya estoy vieja, soy una abuela»; y, segundo, a comprometerse: «Los que integramos la Cámara vamos a hacer lo imposible para corregir los hechos que hacen no cumplir cabalmente sus derechos».
La sesión tuvo una gran ausencia y fue la falta de taquígrafos para registrar la primera vez en que escolares ocuparon el recinto de la Cámara de Diputados.
Cuando la sesión ya tenía una hora, el pequeño presidente concedió la palabra –con la formalidad que impera tradicionalmente en el lugar– a una de las directoras del Iname, la que se encargó de resaltar «el privilegio de ser uruguayo, de estar en el mismo lugar en el que diariamente lo hacen nuestros gobernantes». El presidente del Instituto Nacional del Menor, Julio César Saettone, cuando le tocó el turno de la palabra, lanzó el desafío: «La próxima vez haremos algo más organizado». Quizá para no desentonar con las sesiones cotidianas, no faltaron dos hechos que vale la pena destacar y que comúnmente se producen en el lugar.
Una de los escolares que ocupaba el lugar que tradicionalmente lo hace la bancada del Partido Colorado se perdió gran parte de la sesión al haber sucumbido, rendida ante el sueño. El otro elemento fue la votación final impulsada por el presidente Abdala, quien exhortó a votar levantando la mano «por los que quieran que los derechos del niño se cumplan». Con la velocidad que lo caracteriza, el diputado forista declaró «Â¡por unanimidad, por unanimidad!», aunque muchos no lo hicieron y estaban todavía tratando de saber por qué se levantaba la mano.
La mayoría de los niños que concurrieron ayer ni se imaginaba cómo funciona ni dónde se ubica la Cámara de Diputados.
La gran incógnita era el Salón de los Pasos Perdidos, a lo que cada uno le daba la interpretación que su imaginación podía otorgarle.
«Yo pensaba que era como un laberinto», dijo uno, mientras que otro confió que pensaba que era algo así como «un lugar donde no se escuchaban las pisadas».
Casi todos los escolares que pudieron responder, esperan que de la jornada de hoy haya, más que un recuerdo, algún reconocimiento más a su condición de menores.
Por lo pronto, el cuerpo legislativo pudo cumplir con la promesa de alfajores para todos, aunque en principio no alcanzaban y entre la diputada Argimón y algún secretario se vieron en figurillas para satisfacer la demanda.
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