La movilización será en Punta del Este

Protesta globalizada

Maldonado

Los convocantes son la organización Redes, Amigos de la Tierra; Grain, Acción Internacional por los recursos genéticos; Rapal, Red de acción de plaguicidas América Latina; y Uita, Unión Internacional de los trabajadores de la alimentación.

A propósito de la movilización y la lucha contra los alimentos transgénicos, la edila frenteamplista Marlene Chanquet (PVP) solicitó en la reunión del pasado viernes de la Junta Departamental que «se discuta sobre la utilización de semillas transgénicas, legislación vigente en cuanto a regulación en la utilización en el territorio nacional, empresas transnacionales y las consecuencias para la producción en nuestro país, pasando estas palabras a la comisión de Medio Ambiente, de Salud, de Legislación y de Ganadería, Agricultura y Pesca, ingresando el tema en el orden del día luego del tratamiento en comisiones». La unanimidad de legisladores municipales presentes apoyó el planteo de Chanquet, quien también invitó a los ediles a participar de la protesta frente al Conrad.

Manipulación genética

La edila basó su exposición en una importante documentación que luego entregó al presidente del legislativo y distribuyó entre los periodistas presentes.

«Para tener una noción de lo que significa la ingeniería genética vale explicar que se trata de un conjunto de técnicas de biología molecular que operan sobre el material genético para cambiar las características naturales específicas de un organismo al introducir en su ADN un gen de otro organismo e incluso de otra especie», dijo Chanquet. «De esta forma, las barreras naturales que existen entre las especies y la diversidad genética desarrollada durante millones de años de evolución, son agredidas por una tecnología creada para facilitar el control sobre la vida misma. Los organismos así producidos se denominan transgénicos y abarcan animales, bacterias y plantas.

Riesgos para los productores

La legisladora citó un informe de The Cornerhouse que menciona los riesgos económicos que tienen las plantaciones manipuladas genéticamente. «En la década de los 90, los agricultores estadounidenses adoptaron con gran rapidez los cultivos transgénicos, pero han experimentado grandes pérdidas.

En 1996, EEUU exportó a Europa maíz y soja por U$S 3 mil millones; tres años después esas exportaciones bajaron a mil millones. La reducción obedece a la desconfianza y rechazo de los consumidores europeos a los alimentos que contienen organismos genéticamente modificados. Lo que importa destacar –dijo Chanquet — es que las compañías Monsanto y Dupont, fabricantes de semillas manipuladas, vendieron y cobraron esas semillas. Por lo tanto fueron los agricultores y no las compañías, quienes pagaron las consecuencias».

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