Club de fans de Parodistas

Conocido es el fervor que despiertan ciertos intérpretes internacionales en la comunidad mundial femenina. En algunas oportunidades hemos presenciado en Montevideo, representaciones multitudinarias y desmedidas de este sector de la sociedad ante la presencia de sus «ídolos». Ricky Martin, Chayanne, Enrique Iglesias y Christian Castro han sido quienes en los últimos tiempos han acaparado los gestos, por momento desmesurados, de ese fervor.

Asimismo resulta moneda corriente la reproducción televisiva, vía cable de los shows de grupos como Backstreet Boys, donde estos personajes disimulan sus grandes carencias musicales con sus dotes físicos y los gritos ensordecedores de sus «fans».

En Uruguay, este sector femenino puede parecer, a simple vista, reducido debido a la falta de imágenes masculinas a las que verter su fiebre.

Pero no crean que estas chicas se resignan a esperar a que alguna de estas superestrellas aterrice por casualidad en nuestro país, para manifestar sus sentimientos comunes, que en conjunto pueden, perfectamente, compararse con los de hordas paleolíticas.

Es entonces, cuando nos sitúan en una escena que se observa comúnmente en las instalaciones del Teatro de Verano cuando actúan los Parodistas.

Los integrantes de estos grupos son nada más que hombres, comunes y corrientes, comprendidos en una franja etaria que abarca desde la adolescencia hasta la tercera edad. La mayoría de ellos ha realizado alguna incursión en la música tropical, que coincidentemente es ese el otro ambiente que suelen frecuentar estas manadas de fans.

Es importante consignar que, sin trajes con lentejuelas, cualquier integrante de un grupo de parodistas pasaría inadvertido ante la mentada horda. Pero vaya a saber si el atuendo, o quizás el maquillaje hacen que, como tocados por una varita mágica, estos hombres pasen instantáneamente a ser los Ricky Martin o los Chayanne del Uruguay.

El crecimiento demográfico de esta raza es, increíble y lamentablemente, próspero. Año tras año nacen nuevos grupos de parodistas, y junto con ellos aparecen sus «hinchas». Este último calificativo, acompañado de sustantivos varios que describen una parte del cuerpo humano, es usualmente utilizado por abonados y público en general del máximo escenario de Carnaval cuando los gritos de la horda, no permiten escuchar las actuaciones de los mentados. Es probable que a quien le toque en suerte disfrutar el espectáculo cerca de alguno de los grupos de «adoradoras de parodistas», difícilmente pueda apreciar claramente la actuación del conjunto anterior y posterior, debido a los murmullos constantes y la incapacidad de permanecer ubicadas en su asiento por más de un minuto.

Cómo identificarlas: lucen remeras del grupo en cuestión, generalmente autografiadas; maquillaje como para una fiesta nocturna con la variante de alguna inicial inscripta en las mejillas; vinchas con la frase «Parodistas Los…»; y pulmones de acero.

En muchas oportunidades, se las puede observar llorando cual Magdalenas porque alguno de ellos les guiñó un ojo al pasar, gesto que seguramente no estaba dedicado específicamente a ellas.

Lo cierto es que cuando actúan los parodistas, estas hordas agotan desde temprano las localidades del Teatro de Verano, contribuyendo a la continuidad de nuestro Carnaval. Es imposible prescindir de esta raza consecuente, que se adueña de todos los espacios libres de la zona, por lo que debemos acostumbrarnos a su presencia. Un ejercicio sano para practicar en las etapas en que actúan parodistas, es intentar permanecer por lo menos a dos metros de distancia de cualquiera de estos focos de manifestaciones fervorosas y si lo logra, al retirarse del Teatro de Verano colabore contándole los mejores chistes de la noche a todo aquel que no haya corrido la misma suerte que usted.

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