Enfermedades, pánicos y remedios

Luego de formalizado el divorcio, más de un 60% de las personas involucradas, con el correr de los días o meses comienzan a sentir los primeros efectos de esa «soledad civil». Existen en principio angustias que van decantando pequeños estados de pánico. El más común en el hombre es la sensación de no sentirse en condiciones de ir a visitar a los hijos y busca una excusa cualquiera para no hacerlo. En ese circuito individual de sentimientos puede sentir arritmias, sudoración, opresión en el pecho y hasta sensaciones de mareo. Generalmente intenta distraer estas situaciones acentuando euforias con el tan famoso «trago de alcohol». Sin embargo, esa angustia puede llegar a la depresión sin que él mismo sea consciente. Esta depresión puede ser pasajera y curarse ajena al razonamiento del individuo. En casos más severos sólo queda el camino de la terapia y la farmacología indicada para cada caso.

En la mujer, que generalmente es la que tiene a cargo a los hijos, los pánicos suelen darse cuando a la mañana tienen que levantarse, ya sea para atender las tareas de la casa como para trasladarse al trabajo. Pueden existir pequeños cambios hormonales y tendencia física a cambiar la silueta ya sea subiendo o bajando de peso sin necesidad de que exista un cambio en su rutina alimentaria. También como en el hombre se dan trastornos del sueño y cabe la probabilidad de que su angustia no termine en llanto sino en una serie de vómitos que suelen ser inexplicables para ella misma.

Claro que todas estas sintomatologías son fácilmente detectables y sanables. El problema consiste en la automedicación que pasa por llevar tranquilizantes, psicorrelajantes, antidepresivos, tabletas con cafeína, relajantes musculares con distintas composiciones químicas y como si fuera un amuleto, una pequeña dosis de alcohol en una petaca.

De la euforia a la depresión hay pocos segundos y de la compañía a la soledad, un trayecto menos breve del que se piensa.

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