Nuestro país está a punto de tomar una opción

Nuestro país estuvo representado en el seminario al más alto nivel: la doctora Raquel Magri, secretaria general de la Junta Nacional de Prevención y Represión del Tráfico Ilícito y Uso Abusivo de Drogas, informó que la dependencia a su cargo desde abril de 2000 está abocada a la puesta al día del Plan Nacional de Drogas, con base en investigaciones hechas. Reconoció también que por ahora faltan pautas de tratamiento, y que a su juicio no se puede actuar sin investigar. Concretamente sobre la estrategia de reducción de daños no hubo pronunciamiento de su parte.

En Uruguay no se conoce el número total de usuarios de drogas inyectables, y menos su condición sanitaria, pero sí se sabe que el 55% de los portadores de 15 a 24 años las consumen, y que en la transmisión sanguínea del VIH predomina esta condición. Ninguna experiencia de reducción de daños se ha oficializado. En 1997 había un proyecto de reglamentación consensuado con el Ministerio de Salud Pública. El cambio de autoridades significó un retroceso, no sólo porque aún no está consolidado el organigrama institucional, sino a nivel de encuadre ideológico.

El programa regional de Onusida tiene como protagonista al IDES, que trabaja conjuntamente con el Programa Nacional de Sida del MSP. La doctora Jahel Vidal y la socióloga María Luz Osimani fueron las encargadas de presentar la experiencia en Buenos Aires.

En el marco de Sida y Drogas comenzaron con un diagnóstico del número y tipo de sustancias consumidas por usuarios asistidos en establecimientos públicos, en base a cuatro fuentes de relevamiento: datos epidemiológicos, entrevistas directas, historias clínicas y análisis de prensa.

Fueron 439 los casos estudiados. En el país circulan alrededor de 80 sustancias ilegales, pero los mayores volúmenes de consumo corresponden a alcohol, tabaco, mariguana, inhalantes, cocaína, anfetaminas (en ese orden), con predominancia de drogas ilegales entre los varones.

Uno de cada 4 uruguayos y uruguayas recibió oferta de drogas alguna vez, y uno de cada 6 consumió alguna vez. No hay datos sobre número total de usuarios.

Desde que se registró el primer caso en 1983 hasta la actualidad, la vía de trasmisión del VIH-Sida predominante en Uruguay es la sexual, pero respecto de la sanguínea el peso de usuarios de drogas inyectables es casi absoluto, sobre todo desde la vigencia del control obligatorio de la sangre transfundida. El primer caso de VIH debido al uso de drogas se registró en 1988 y el primero de sida al año siguiente. En el caso del sida pediátrico, que tiene una prevalencia del 3.9%, el 60 por ciento de las madres se infectaron por trasmisión sexual, pero el otro 40 por ciento son usuarias de drogas inyectables o tienen una pareja que lo es.

Actualmente se está llevando a cabo un trabajo de campo para determinar el perfil de los usuarios de drogas inyectables, a partir de mujeres y varones que consumieron en los últimos 2 años, que ya arrojó datos primarios: mayoritariamente se trata de personas de clase media y baja; el 69 % se inició entre los 16 y 18 años, con un inyector experiente. El 29% tiene actualmente entre 18 y 24, seguidos de cerca por los de 25 a 30; la mayoría mantiene un trabajo informal; un 27% fue procesado por consumo; el 53% nunca se asistió en los últimos 10 años; un 40% recibió atención de salud por sobredosis, abscesos y otros accidentes, aunque se prefieren las prácticas artesanales para resolver esas situaciones.

Entre usuarios de drogas inyectables, una misma jeringa puede ser usada hasta 7 veces (el uso compartido se da preferentemente durante la «fisura», es decir cuando la droga produce reacción, e incluye no sólo la jeringa: cuchara, diluyente, filtro, etc.; las sustancias preferidas son cocaína, pero también anfetaminas, morfina, heroína y pasta base de cocaína; el diluyente es habitualmente agua (potable o no), seguida de alcohol, alquitrán y sangre. Se inyectan en los brazos, pero no excluyen pies, ingle, pene, senos, para ocultar marcas. El mayor temor es la derivación al poder judicial o a la policía. Hay escasa prevención de los riesgos de transmisión sexual: el uso de condón es frecuentemente asimilado a relación homosexual.

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