"Brujos de Cristo" despiden año 6633
La secta secreta, que sigue los pasos de los perseguidos por la Inquisición, pretendía celebrar la fiesta de Halloween con un espectáculo público en la plaza de los Inmigrantes en el Cerro, pero debido a una serie de atentados, según denunciaron estos «brujos», desistieron de la idea y optaron por celebrar puertas adentro –como siempre– y realizar un ritual de brujería.
Practicando la religión Wicca –la brujería– las altas jerarquías de este grupo se reunieron el pasado sábado en la noche para recibir el año nuevo y consagrar «el vino sagrado», con pócimas mágicas que se repartirán al resto de los feligreses para los festejos de hoy en la intimidad familiar. Cada adepto colocará esta noche un pañuelo rojo en la puerta de su casa, como manifestación de su consagración a la teúrgica crística.
Por su parte hoy, formando parte de los festejos de esta celebración de origen celta, en Montevideo Shopping Center y Portones se realizará por la tarde una serie de actividades recreativas, con disfraces y concursos para niños, que tendrán la oportunidad de recibir como regalos, paseos, comidas y golosinas. En McDonald’s, varios «monstruos» disfrazados entregarán golosinas y organizarán desfiles de Halloween. Mañana, la disco Mariachi organizará la semana del horror, que culminará el próximo domingo.
Brujos de 2000
La noche de Halloween es la fecha más importante para este movimiento religioso y representa la nueva cosecha, el fin y el comienzo del año celta. Estos brujos estarían entrando al año 6634, teniendo en cuenta la aparición de su espíritu guía.
Según indicó a LA REPUBLICA su líder, «Papo» Camacho, después que se hicieron públicas sus actividades, recibieron el rechazo de varias corrientes religiosas, «primero del párroco del Cerro, padre Silveira, que tiene su propia casa frente a la plaza. Después, nos profanaron el templo, cuando derramaron sangre de vaca debajo de la puerta, quebraron un vidrio con una piedra y nos tiraron un muñeco pinchado con alfileres».
Reconoció que en el Cerro varios movimientos se opusieron a sus rituales y fueron catalogados como un «foco maligno», tanto por iglesias evangélicas como por metafísicos. «Ahora también están haciendo cazas de brujas, nos persiguen y excluyen». El sábado por la noche, un equipo de LA REPUBLICA estuvo presente en la fiesta oculta, donde observó sus rituales, escuchó sus cánticos y peticiones hechas a la diosa de la brujería.
A pocas cuadras de la plaza de deportes ubicada en Portugal y China, en el Cerro, se reunieron en una vieja casona las selectas jerarquías de esta logia. El exterior de la casa estaba completamente a oscuras y no se percibían rastros de luces internas. Una persona de color abrió la puerta; en el angosto pasillo reinaba el silencio y los débiles detellos de las velas permitían observar una imagen de Cristo colgada de la pared sobre el altar y a un costado se ubicaban varios candelabros y cuatro copas plateadas. A la derecha del recinto «sagrado», los creyentes –en su mayoría mujeres– aguardaban pacientes el inicio de la ceremonia.
Existe una extraña mixtura de creencias religiosas entre sus componentes: católicos, umbandistas y practicantes del vudú se alinean a estos rituales.
Al abrirse una puerta, ingresó el líder sectario, denominado «Gran Maestre Papo», vistiendo un delantal azul con una estrella de cinco puntas y una capa roja. Lo escoltaban dos personas encapuchadas, ataviados como monjes: uno vestía de blanco y el otro de negro. Juntos procedieron a encender los candelabros, los mismos que minutos más tarde se apagarían, tras el sonido una campanilla que anunciaba el inicio del nuevo año.
El Gran Papo tomó el libro de la brujería «Wicca» y lo alzó al cielo mientras que la Biblia «yacía», abierta, sobre el altar. Dirigiéndose a sus fieles, realizó una serie de encomendaciones a la diosa Diana, la madre de la brujería. «Vamos a ser que todos los espíritus de luz y los que nos han protegido vengan en este momento. En el nombre de Dios, denos la fuerza para llevar este ritual a feliz término», pidieron los brujos.
Uno a uno de los sectarios presentes procedieron a lavarse las manos con el «agua lustral», contenida en una campana de vidrio y cuya función era quitar la energía negativa a fin de permitir la invocación a los dioses. El líquido sobrante en el recipiente fue tirado al exterior. Al igual que en el ritual católico, los «brujos» procedieron a la unción del aceite santo. Se bendijo la frente del seguidor –para que continuara pensando en esta religión–, la nuca –a fin de proteger las espaldas–, las manos y los pies. Después los miembros del grupo formaron un círculo y se tomaron de la mano mientras entonaban: «Tataina, tu, tu, tu na», una alabanza a la diosa Diana. Un nuevo silencio que antecedió un nuevo ritual. Procedieron a eliminar todo el mal hecho durante el año, incinerando en un quemador los papeles que cada uno llevó, que representaban los incorrectos actos y pensamientos ejecutados en el pasado.
El líder volvió a citar el libro de la brujería. «Que nada os detenga ni desvíe porque mío es el portal oculto que da acceso a la juventud y mía es la copa de vino de la vida. Yo soy la madre de todas las criaturas vivientes, los deseos de los corazones humanos llaman a la puerta de mi corazón. Todos seréis arrebatados al infinito en donde quedaréis subsumidos por toda la eternidad en mí. Todos mis ritos son actos de amor y de placer…».
El Gran Maestre pidió la protección y bendición para el Cerro de Montevideo e imploró para que «la diosa de la belleza y el terror» ponga de manifiesto los signos de tu retorno, y la «diosa de la vida y de la muerte, con tu venida nos será revelada la gloria».
Los brujos consagraron los cuatro elementos de la naturaleza –fuego, agua, aire y tierra– en copas plateadas, convocando a denominados los espíritus elementales, bendicieron el vino nuevo y por último danzaron hasta la madrugada.
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