Sociólogo argentino analizó los procesos de conversión

La "guerrilla católica"

Denunció que por motivaciones religiosas, en Argentina, dos sacerdotes que pertenecieron al movimiento izquierdista «Todos por la Patria» y al derechista de los «Carapintadas», fueron a la cárcel. Explicó que el último de ellos se fugó y está protegido en Uruguay.

Organizado por el Centro Latinoamericano de Economía Humana (Claeh), se realizó un seminario dictado por el doctor Fortunato Mallimaci los días 20 y 21 de octubre, sobre el tema «El Catolicismo en la sociedad de fin de milenio». El especialista en Sociología de la Religión disertó sobre lo que está sucediendo en el catolicismo actual, entre otros temas.

Ante un reducido auditorio, el doctor en Sociología se preguntó por qué tantos católicos son guerrilleros. Explicó que en este sentido, existen motivaciones de ética católica que llevan a desempeñar la actividad guerrillera, por la cual el creyente intenta transformar la realidad.

Según manifestó Mallimaci, quienes desean tanto modificar el sistema predominante o preservarlo, se sirven de varios conceptos bíblicos para justificar la lucha armada. Indicó que seguidos por frases «deja tu familia y sígueme», «agarra tu espada», o «el que no deja todo no es un buen cristiano», muchos católicos se unieron con Tupamaros, Montoneros, enfatizando que actualmente es un sacerdote el representante de las FARC en la región.

El experto en religión dijo que en 1968, en su paso por América Latina, (en el Congreso de Medellín) el papa Pablo VI manifestó que se podía oponer a la opresión. Sin embargo, fuentes católicas sostuvieron que sus afirmaciones fueron mal interpretadas.

Informó que dos curas en Argentina fueron presos por su participación en actividades guerrilleras, uno con el movimiento izquierdista Todos por la Patria y el otro, que se fugó, era parte de los derechistas «Carapintadas» liderados por el coronel Mohamed Alí Seineldín. El doctor en sociología afirmó que este último pudo escaparse y seguramente estará residiendo en territorio uruguayo, debidamente protegido.

Rememoró los conflictos a mediado de siglo entre peronistas y las jerarquías de la iglesia, ya que el peronismo era vivido como una experiencia religiosa. Incluso, se llegó a afirmar que los verdaderos cristianos eran los seguidores de Perón.

Explicó que quienes intentaron derrocar al líder populista en la década de los 50 tenían inscripta una cruz debajo del avión para su identificación. Años más tarde, los seguidores de «Evita» modificaron la cruz por la inscripción (PV), que significaba «Perón Vuelve», acotó Mallimaci.

Sobre el funcionamiento interno de la Iglesia Católica, afirmó que ésta tiene una estructura similar al Partido Comunista. Consideró que muchos cristianos se politizaron, pero que fueron muy pocos los que ingresaron al Partido Comunista, ya que –a su juicio– «esos miembros no se irían de una organización autoritaria y opresora para entrar a otra de similares características».

Afirmó que la Iglesia Católica por su estructura y funcionamiento es más un fenómeno de creencias en el más acá que en el más allá y que su principal rol está en este mundo, con la finalidad de hacer otro distinto. «Le gusta el más acá», ironizó.

Dijo que actualmente esta institución vuelve a ser llamada en América Latina para mediar en distintos conflictos, lo que genera mayor legitimidad.

«Creadora de encantamientos»

Acotó que los católicos se enfrentan a la dificultad de lograr la universalización del cristianismo y al mismo tiempo, garantizar su identidad».

«Por eso» –señaló el sociólogo– «se aboga por el ecumenismo. Mientras que el cardenal Ratzinger dijo que todo está bien, hay que diferenciar entre los católicos y el resto».

Sentenció que la Iglesia Católica sigue funcionando como un Estado que tiene un banco, embajadores y representación en Naciones Unidas.

Hizo referencia al episcopado francés, que propugna la laicidad como forma de integrar a los grupos islámicos y controlarlos y a la propuesta del arzobispo de Bologna de no permitir el ingreso a Italia de inmigrantes que no sean católicos.

Sostuvo que la Iglesia es una máquina de «crear, crear y crear», máxime en épocas de angustias a fin de alistarlos en los distintos espacios construidos dentro de la institución. La definió como «una creadora de encantamientos» Sin embargo, cuestionó que la mujer, por sí misma no pudo crear una sola orden religiosa.

Dijo que a la Iglesia le cuesta hablar de las familias en plural y en su diversidad, ya que si acepta una de las variantes «tiene que aceptar a todas». Criticó la norma que prohíbe a los divorciados comulgar.

Manifestó una presunta contradicción entre las canonizaciones registradas hace pocos días del papa Pío Nono, que a su entender era sumamente rígido y expulsaba a gente de la iglesia, y de Juan XXIII, defensor de que se discutiera todo y catalogado como el modernizador de la institución eclesiástica.

Mallimaci explicó que más que competir con el resto de las iglesias cristianas, los católicos compiten con los comunistas, anarquistas y neoliberales que fue definido por Pío IX como un «pecado mortal». Analizó el enfrentamiento que generalmente sostiene esta institución religiosa con todo lo dominante, con el propósito de ocupar un lugar social, a fin de reagrupar sus fuerzas y lograr una mayor legitimidad, «que no significa que se llenen las iglesias de fieles.»

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