La historia de un tesoro "canibalizado"
La vida del general Santos, cuando fue Presidente, estuvo caracterizada por el lujo, la comodidad y la suntuosidad.
Por tal circunstancia, no resulta extraño que la que fue su casa de retiro o casa quinta albergara todo tipo de construcciones extravagantes.
Aún quedan algunos dispersos rastros de fuentes con cascadas, estatuas (casi todas decapitadas o canibalizadas), pabellones destinados a la cría de aves exóticas (pavos reales, faisanes), un pequeño zoológico que albergaba, entre otras especies, a pumas y jaguares.
También había allí una gruta artificial llena de corredores laberínticos y retorcidos recovecos, un exquisito invernadero construido en piedra y dotado de lujosos vitrales, de lo que hoy sólo quedan algunos vestigios para alimentar la imaginación.
Otra de las improntas de la residencia del dictador era el túnel del amor (un corredor alimentado por agua de una cañada que recorría parte del parque) y el castillo «ma poupée» (mi muñeca), cuya construcción fue ordenada por la hija del militar.
La entrada principal está ubicada sobre la Avenida de las Instrucciones (ex Camino Artigas), entre las avenidas Millán y Batlle y Ordóñez, flanqueada por el Centro de Protección de Choferes y el Cotolengo Don Orione y una segunda entrada está situada sobre la calle Coronel Raíz.
La casa principal, que fuera centro de grandes fiestas bailables y de reuniones de la burguesía montevideana de la época y los altos mandos militares de finales del siglo XIX, acorde a la época, consta de grandes salones, la mayoría de los cuales hoy no pueden ser pisados por riesgo a accidentes), un patio interior decorado con estatuas de las que hoy sólo quedan vestigios decapitados y destrozados.
Una sólida (hasta hoy) escalera de hierro en forma de caracol llevaba a un subsuelo y al mirador. En el primero, ahora totalmente inaccesible por el medio metro de agua que lo cubre, según se comenta, estaban los calabozos.
Aún se puede observar desde afuera, a través de pequeñas ventanas a nivel del piso, la estructura que permite aceptar esa versión.
Hacia arriba, la escalera conduce a un mirador, una plataforma desde donde se puede ver todo el predio y, seguramente, en la época permitía una visión completa de Montevideo.
Para acceder a la casa, se atravesaba el parque por un camino que, según muestran algunas pinturas de la época, estaba «techado de flores» sobre las glorietas.
Narran los vecinos, recogiendo el patrimonio permanente que suele atesorar la memoria colectiva, que era común a fines de los años setenta ver camiones retirando las partes de la casa.
Han desaparecido columnas, estatuas y molduras, entre otros elementos no menos valiosos, pero se desconoce quién o quiénes se han apropiado de este tesoro histórico que hubiera merecido otra preocupación por parte de las autoridades.
Recorriendo el parque, el visitante puede sorprenderse por las construcciones allí existentes y más aún por las funciones que cumplían en la época. Una torre, similar a una pieza de ajedrez pero de más de cinco metros de altura, era la casa de muñecas de la hija del dictador.
Saliendo de ésta, una gruta artificial con cuatro entradas debió haber sido el lugar favorito para las imaginarias aventuras de los niños.
Cerca del lugar, un invernadero construido en piedra cuyo techo estaba conformado por hermosos vitrales hoy alberga una conjunto de malezas y de los vitrales; sólo queda el recuerdo.
Estas edificaciones estaban rodeadas por «el túnel del amor», alimentado por el agua de un pequeño arroyo o cañada, que comunicaba, a su vez, con el pequeño zoológico, en donde no faltó una fosa para los pumas y jaguares
En épocas de auge, había allí también exóticas aves, como faisanes y elegantes pavos reales. Detrás de éste, otros calabozos con sólidas rejas de hierro sellan el aspecto macabro que acompañó al oscuro personaje de la historia uruguaya.
El predio de 4 cuadras cuadradas (unas 3 hectáreas aproximadamente) fue adquirido por el entonces coronel Máximo Santos a Lino Herosa, el 5 de enero de 1877, en $ 4.000.
El militar la destinó para sus actividades recreativas y de descanso, ya que su casa céntrica era el Palacio Santos, que es la actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, en 18 de Julio y Cuareim. Según algunas versiones de historiadores, Santos optó por ese terreno para ser vecino del también coronel Lorenzo Latorre, el más influyente militar de la época, también presidente y previo a Santos, que dio comienzo al período conocido como «el militarismo».
Había salido del orden fiscal en 1730 en el marco del reparto de las chacras aledañas al arroyo Miguelete.
El primer propietario de la mansión fue Silvestre Pérez.
Luego de ser habitada por Máximo Santos, la casa fue adquirida por el prestigioso financista Reus, quien pagó en primera instancia $ 45.000. Después, en una maniobra financiera, la remató y volvió a adquirla en más del doble de su valor.
En 1893, la suntuosa finca fue nuevamente rematada y el nuevo propietario pasó pasó ser Eugenio Villemuy, quien pagó $ 61.000.
En 1943, la Intendencia de Montevideo abonó $ 50.970, en la que fue la última transacción de esta propiedad.
De ahí en más, este tesoro arquitectónico fue sede de varios museos, hasta pasar al abandono total.
Un intento de remodelación del intendente de la dictadura Oscar Víctor Rachetti quedó en meras intenciones y en los últimos años del último gobierno militar la casa fue avasallada, robada y destruida, tanto en su interior como en las construcciones aledañas.
No se salvaron ni siquiera las construcciones que en su momento oficiaban de caballerizas y donde se guardaban los carruajes.
El proyecto de la comuna
Una de las habitaciones de la casa fue acondicionada por un grupo de teatro independiente, para hacer de ella su sala de ensayo y depósito, con la anuencia de la comuna capitalina. El predio es usado hoy por el Departamento de Descentralización para guardar los camiones y otras funciones, pero está en la mira de la Intendencia hacer que esta enorme propiedad cumpla una función más acorde a sus características.
Con esta intención, se está estudiando un proyecto para elaborar un convenio de patrocinio con empresas privadas que puedan llevar adelante la remodelación de la casa, pues las finanzas de la Intendencia hoy no dan para hacerlo a través de la institución.
Por el lugar donde está ubicada, reviste un particular interés para la Intendencia, pues está contigua al área de promoción de Bulevar Batlle y Ordóñez, vinculada a su vez con el área patrimonial del Prado y al área de promoción del Miguelete.
La suntuosa mansión, que otrora conoció momentos de auge, aguarda ser rescatada del olvido y ser presentada como parte de nuestro patrimonio.
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