Para estar en el limbo
Mientras el presidente de la República, Jorge Batlle y su ministro del Interior, Guillermo Stirling, discrepan respecto a la conveniencia o no de legalizar la droga, mostrándose como un liberal neto el primero y un conservador el segundo, hace cierto tiempo que una nueva sustancia tóxica circula, anestesiando cuerpos y conciencias juveniles.
La ketamina o ketamin es un anestésico utilizado en los humanos y los animales, aunque su composición química es distinta según cada caso. El clorhidrato de ketamina de uso animal es entre tres y cinco veces más fuerte. Esta es la sustancia que emplean quienes la utilizan para buscar «nuevas emociones».
El estado anestésico que produce es disociativo. Afecta en forma directa el hipotálamo, región del cerebro donde residen todas las emociones, al mismo tiempo que anula el sistema nervioso, señalaron fuentes médicas.
La región límbica
Para decirlo en términos científicos, esta droga afecta, en parte, el sistema límbico y del hipocampo (ubicados en el cerebro) y disminuye la transmisión de impulsos en la formación reticular medial, interfiriendo en la transmisión de los componentes afectivo-emocionales procedentes de la médula espinal a niveles superiores.
En términos vulgares, nos remitimos al testimonio de Alberto, estudiante de publicidad de 22 años, quien describió los efectos del novedoso narcótico de este modo: «En la pista de baile la música suena muy pesada, las luces se tornan intensas y se pierde la coordinación física». La ketamina, al igual que el éxtasis, es una droga que suelen consumir quienes concurren a las discotecas a escuchar música electrónica, más conocida como «trance».
Los tres jóvenes –que consumen o algunas vez probaron esta sustancia–, consultados por LA REPUBLICA, coincidieron en señalar que luego de «tomar la droga» ésta produce un efecto disociativo en el cerebro. «Vos tenés ganas de tomar agua y pensás que no vas a poder hacerlo y cuando te querés acordar estás bebiendo de la botella», dijo Alejandra, de 25 años, una joven de pelo corto y lentes de colores.
Si bien tanto en uso animal como humano se administra por vía subcutánea o intravenosa, las personas que ingieren esta sustancia en nuestro país lo hacen de otro modo. Tras un proceso de cocción, la droga se cristaliza y se inhala por la nariz como la cocaína.
«Se vuelca el líquido en un recipiente de plástico, se le pone unos minutos en el microondas y ya está lista», comentó Pablo, un joven que ha probado la sustancia «un par de veces».
«A nadie se le ocurre tomarse un saque (esnifarla) y quedarse en su casa a mirar televisión. La historia es ir a la discoteca y consumirla cuando estás en el medio de la pista», señaló por su parte, Martín, que trabaja en una oficina del centro y ronda los treinta años.
El controvertido músico norteamericano, Marilyn Manson, compuso una canción sobre la ketamina (en Estados Unidos se conoce a esta droga como «simple K»), que se llama Disociative.
«Puede tumbar a un caballo»
Aunque su uso veterinario se aplica en gatos, perros, chanchos, caballos y reptiles, en el mundo de la noche es conocida como la «droga de los caballos». En Internet, donde la tecnología ha superado los mecanismos de control estatal, se puede encontrar información sobre la ketamina.
En una página web mexicana, se advierte sobre el peligro de excederse: «Algunas personas se sienten paralizadas e incapaces de hablar.
Ten mucho cuidado con la dosis de ketamina que tomes. Intenta no mezclarla con otras drogas, especialmente el alcohol. En exceso es capaz de tumbar a un caballo».
Entre los efectos secundarios, se señala que «la coordinación de movimientos se hace difícil y todo es lento y pausado». Entre los riesgos para la salud, se advierte: «No se conocen efectos a largo plazo, pero se torna peligroso cuando es mezclado con alcohol, barbitúricos o calmantes como el valium. Su exceso produce inconsciencia y daños cardiovasculares» en el mejor de los casos.
«Yo siempre la usé con moderación, pero conozco una chica que se pasó de rosca y comenzó a tener problemas en la piel y ponerse amarilla. Después achicó (cortó su ingesta)», señaló Alejandra.
María de las Mercedes Sierra es la propietaria de la veterinaria Santa Catalina, ubicada en la esquina de la Facultad de Veterinaria.
Tras manifestar su asombro al enterarse de su uso en la noche montevideana, Sierra dijo que cuando se la inyecta a un gato –para realizar operaciones que no sean en la cabeza– «queda con los músculos inmovilizados y con los ojos abiertos». «Otra cosa a tener en cuenta es que hay que hablar bajo mientras dura el efecto, porque reaccionan mal frente a determinados estímulos y a veces hay que suministrarles un relajante muscular para que se descontracturen».
LA REPUBLICA intentó sin éxito averiguar en el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (ubicado en el 7º piso del Hospital de Clínicas), si se han atendido pacientes o consultas al respecto.
Ninguno de los médicos de guardia quiso hablar por no tener «tiempo».
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