Tiene la palabra
Un robo sin seguridad
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El pasado miércoles 27 (curiosamente la prensa no le dio mayor difusión a la noticia, salvo Canal 4 y poco más), se produjo un insólito robo de 900 cajas de cigarrillos que desde el Puerto de Montevideo, eran llevadas en camión hacia un Free Shop de Rivera. En las primeras horas de la mañana y cuando alegremente, en las oficinas de un prestigioso despachante de Aduana, éste se aprestaba a celebrar su cumpleaños, un amigo telefónicamente le hizo el «regalo» del día: «Se afanaron a la altura de Progreso, el camión con la mercadería». Novedad que, con el correr de las horas, tuvo plena confirmación, tratándose de una importación de cigarrillos al parecer marca «Star», «Boots», etc., poco conocidas en nuestro medio y según se dice, de interesante venta en Argentina. El volumen en dólares, de la mercadería sustraída en un asalto tipo comando, superaba ligeramente los ¡80 mil dólares!
Según se supo después, el camión en el que viajaba únicamente el chofer, un hombre de 65 años sorprendido a la altura del kilometro 12 o 13 de Ruta 5, fue detenido por un grupo de asaltantes bien armados, con gorras y cuellos levantados para que sus caras no se vieran, que al parecer portaban chalecos antibalas, de esos que suelen usar los guardias de empresas particulares.
Los que luego de reducir al camionero, lo llevaron hasta el kiómetro 29, destruyendo su celular y dejándolo por un rato largo (mientras se hacía el alije de la mercadería), en la valija de un viejo auto, liberándolo luego de un tiempo que al pobre chofer, le pareció interminable.
Todo esto que parece propio de una película norteamericana (o de una telenovela de Adrián Suar), ocurrió aquí en Uruguay, sin que mucha gente le prestara importancia al acontecimiento, que perjudicó notoriamente a una firma importadora y a un despachante aduanero de renombre, en tanto puso en peligro la integridad de un modesto obrero transportista, que milagrosamente salvó su vida al optar por no resistirse al asalto. Lo que hubiera resultado estéril, dado que viajaba solo, no tenía armas y en el traslado de una mercadería de tanto valor, ¡no tenía siquiera un guardia de seguridad que lo acompañara! Lo que, como se dice en la jerga canchera del delito, hacía que estuviera «regalado».
Alguien pensará que como en otras oportunidades, al existir seguros de una manera u otra todo se arreglaba. ¡Qué bah! ¡La interesante carga al parecer, no estaba asegurada!
Frente a las reiteradas salidas al aire del señor ministro del Interior, donde nos habla muy convencido de la disminución del delito y el auge de la seguridad, cabe preguntarse: ¿alguien realmente está seguro en este Uruguay de hoy?
La verdad es que cuando ocurren hechos como este que comentamos, y otros muchos que suceden aun en pleno centro de la ciudad, a cada ciudadano le entra un «chucho» bárbaro.
Pedro Laguarda Vidal
Carta abierta sobre situación de la Universidad de la República
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Conciudadanos:
La Universidad de la República fue creada por la sociedad uruguaya para incorporar a su medio el conocimiento universal y contribuir a él. Esto se logra a través de la formación de personal calificado, la contribución a la solución de los problemas relevantes de la sociedad, y necesita como elemento esencial la investigación. Es sólo la investigación, base de una enseñanza actualizada y de una actividad de extensión fructífera, la que permitirá enfrentar los problemas nacionales en términos de los recursos nacionales y al más alto nivel del conocimiento internacional.
Estos objetivos, con los que fue creada la Universidad de la República, son condición necesaria para aspirar a una verdadera independencia como nación. Esto se refiere no sólo a los aspectos técnicos o económicos sino también al campo de la cultura, del pensamiento y de la propia idiosincrasia.
Para cumplir sus funciones al nivel requerido es preciso conocer en profundidad la enorme producción científica, técnica, artística, etc. que el mundo genera en forma cada vez más vertiginosa.
Una verdadera comprensión de esta información exige su estudio en profundidad a fin de poder distinguir, aplicar y desarrollar lo trascendente. Necesitamos entonces profesores dedicados enteramente a su trabajo.
Consecuentemente, mantener y desarrollar este personal altamente calificado necesita condiciones objetivas que le permitan dedicarse a esa tarea: laboratorios, bibliotecas y esencialmente un salario digno y estable.
La Universidad tiene personal altamente calificado en algunos sectores y en otros no y debe desarrollar también estos últimos.
Formar a un profesor altamente calificado es un proceso que lleva en general muchos años y que trasciende largamente la obtención de títulos de posgrado. La inversión que en estos profesores ha hecho el país es muy importante y ha exigido el esfuerzo de varias generaciones que, entre otras cosas, han creado la tradición de respeto por estos valores académicos, condición necesaria para motivar la vocación y entrega que dicha tarea requiere.
En los últimos años hemos asistido a reiteradas instancias como la actual en las cuales de manera sistemática se ha retaceado los recursos presupuestales.
Como consecuencia se ha provocado el alejamiento de la Universidad y en ocasiones del país de muchos jóvenes profesores de gran talento, en una sangría creciente que ineluctablemente provoca una disminución de la calidad académica de nuestra Universidad. Las perspectivas del presente proyecto presupuestal enviado por el Poder Ejecutivo constituyen un panorama para los próximos cinco años que provocará sin dudas una aceleración de este proceso degenerativo.
Queremos señalar esto de manera más gráfica. Hoy el salario mensual nominal de un Profesor Adjunto (grado 3) con 40 horas semanales de dedicación, que son el futuro de la Universidad, es de 9.075 pesos.
Estamos hablando de un salario neto de alrededor de 3,50 dólares la hora. Es una tasa horaria similar o inferior a la pagada hoy en el Uruguay por muchos trabajos no calificados. Más allá de los números, es muy claro el mensaje que el país está enviando a estos jóvenes talentos.
El país debe saber qué significa esto para el futuro. Muchos cargos de profesor hoy ocupados por personal en condiciones de cumplir los objetivos mencionados, serán ocupados por personas sin las competencias necesarias, y la experiencia indica que cuando la mediocridad ocupa ese espacio, se reproduce y es muy difícil hacerla retroceder de esas posiciones. Habrá que pensar en un período de varias generaciones para revertir esta situación. Una Universidad así constituida va a transmitir esta mediocridad a la sociedad por mil canales: no sólo habrá menor producción científica o artística, habrá también profesionales peor formados y contribuyendo a una cultura cada vez más dependiente. En esas condiciones la Universidad no podría cumplir los propósitos para los cuales fue creada por la sociedad uruguaya. Esto sin dudas agudiza los riesgos a los que está sometida la soberanía nacional.
Preservar la soberanía exige, entre otras cosas, tener una población instruida y crítica, con capacidad para incorporar los conocimientos del mundo, con capacidad de discernimiento en medio del torbellino científico-tecnológico, cultural y ético en que vivimos.
Las diferencias entre los maestros y los profesores
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Fed
erico Fasano Mertens
Yo no sé si corresponde hacer comparaciones, pero después de un hecho real, creo que sí, vale como dicen los españoles.
Hace pocos días, en un liceo capitalino, se toman exámenes previos de geografía 1º.
No sé cuántos adolescentes se presentan. Todos pierden el escrito y pasan al oral. También en él, pierden todos ¿por qué será?
Es llamativo esto. Los escritos si no son del todo perfectos, dejan ver que el alumno estudió, que pretende expresarse y no puede. Contestan las preguntas un poco incompletas, entreveradas y quizás mál redactadas. Pero las contestan. Escrito, que no es tomado en cuenta.
Todos pasan al oral, oral muy accidentado, no sé tampoco por qué. Se les hace preguntas al adolescente que responde bien. Pero se le dice ¿estás segura? Y si ¿pero segura?
La alumna estaba segura hasta ahora. Pero ya no lo está. Y vienen otras preguntas en el mismo tono.
Final, nervios, desesperación, ya no se entiende…
Alumnos no aprobados ¿Cuántos? Todos.
Llama la atención que profesores con experiencia como me manifiestan, no sepan que la más grande de las «experiencias», es el ser guía, guía para buscar el camino que está tratando de descubrir, pero esto debe hacerse con paciencia, dulzura, sensibilidad, cariño para trasmitirle confianza al joven.
Y más aún, si ese joven, como lo es el caso en que aludo, tiene la mitad de su visión y la mitad de su audición, pero tiene la inmensa voluntad de integrarse como un alumno normal, y lo ha hecho muy bien, ya que hasta el momento nadie se había dado cuenta de ello.
Termina todo muy doloroso. La niña se siente culpable y atormentada y hasta habla de «no querer vivir más» en una tétrica esquela que le envía a su madre. Digo e invito a la reflexión para establecer diferencias entre maestras y profesor.
Hay abismos. Y no me refiero a todos, conste.
El maestro observa, averigua los problemas, hace un seguimiento, lo guía, lo ayuda, investiga y sobre todo le da amor y comprensión.
Claro, está todo el tiempo con él. Puedo hacerlo. Pero hay algo instintivo que lo lleva muy adentro…
El profesor juzga sobre lo objetivo, exige perfección, no ofrece ese instinto paternalista o maternalista, porque sólo da una materia, está poco tiempo con el alumno, quizá no use la sicología, ni metodología adecuada.
Y repito, no generalizo.
Por eso creo, que entre profesores y maestros hay diferencias ¿usted qué opina?
D.M.
Las reflexiones del pequeño hijo de un policía asesinado
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Hola Federico: me llamo Martín Rosadilla, tengo siete años; hace dos años asesinaron a mi padre en las canteras del Parque Rodó.
Dos años que, junto a mi mamita y mi hermanita Florencia de dos años de edad he pasado muy triste, de noche sueño que jugamos a los policías con mi padre. El era policía de la 5ª, de noche cuando él venía yo siempre lo esperaba despierto porque siempre me traía una cosita.
El nunca se olvidaba de mí, como tampoco yo ahora que no lo tengo conmigo lo olvidaré, cuando yo sea grande voy a ser policía como él, para defender a los niños y a la sociedad y no un asesino con uniforme de Policía como el que mató a mi padre aquella noche del 10 de octubre de 1998.
Mi padre era valiente y como testimonio inolvidable fue condecorado con medalla de plata y un ascenso de grado por su valentía. Aunque soy un niño no entiendo por qué nunca aparecieron los documentos de mi padre donde guardaba una foto de los dos juntos que los compañeros de él nos habían sacado en la comisaría un día que mi papá me llevó, yo los quiero mucho a los compañeros de mi padre, eran muy buenos con él.
También quiero dejar mi agradecimiento al señor ministro del Interior por haberle otorgado una pensión a mi madre de $ 470 mensuales para los tres.
Federico, te quedo muy agradecido por publicar «mi palabra» en esta página de tu prestigioso diario, que con verdadera democracia nos das la oportunidad tan desinteresadamente a los niños como yo, así también al trabajador humilde o jubilado de expresar nuestras inquietudes y nuestros derechos y no como aquellos que quizás no son tan demócratas como dicen por TV.
Con todo cariño,
Martín CI 4.571.237-5
«Danilo Arbilla está exaltado»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El director de Búsqueda ha sido noticia los últimos meses; mayoritariamente en el ámbito policial o judicial. Uno se pregunta si este suceso es azaroso o al involucrado le place aparecer en primera plana de alguna prensa local. Del asunto inicial que lo llevó a primeros planos del comentario público, el lavado de narcodólares, salió indemne, por la justificada intervención del ministro del Interior, que consideró improcedente y agresiva la acusación, extremo que compartió la jueza doctora Canessa, archivando el expediente. Sin perjuicio de esta resolución el señor Arbilla continuó siendo noticia porque un fiscal mexicano, que investiga, a nivel internacional las vinculaciones del Cártel de Juárez lo mencionó a su escribano como relacionado con los hermanos Di Tulio, residentes argentinos, acusados, éstos sí con pruebas, como participantes en operaciones de lavado. Cuando la inanidad de este hecho (por lo menos hasta el presente), había apaciguado el comentario público, aparece nuevamente el conocido empresario, ahora sí, en una infracción sin atenuantes: Arbilla tiene y transporta un arma ilegalmente. Como todo Montevideo lo sabrá, el 24 de setiembre pasado fue detenido por llevar en la guantera de su automóvil un revólver calibre 38, sin la documentación autorizante.
El hecho es grave: el contraventor vive un momento de excitación notoria desde el comienzo de los acontecimientos conocidos que lo han introducido en una peripecia con componentes judiciales, políticos y periodísticos capaces de alterar su estabilidad emocional.
Ya lo había demostrado con una serie de actitudes excesivas como la de molestar al señor vicepresidente de la República cuando su problema, estrictamente personal, estaba en el ámbito judicial, cuando exorbitado acusó a periodistas del medio de conjurarse contra su persona y amenazar con juicios a diestra y siniestra. Sólo admitiendo una inestabilidad anímica preocupante, pudo el transgresor manifestar en el momento de su detención:
«No necesito ningún papel. Estoy autorizado por el ministro del Interior» (versión de LA REPUBLICA, 5/10/00, no desmentida). Semejante acusación al escribano Stirling está indicando el estado emocional que vive esta persona y el riesgo que implica autorizarle la posesión de un arma.
Los lectores de LA REPUBLICA (que somos muchos) esperamos que el Ministerio explique este insuceso, que, por la condición del protagonista, resulta un exabrupto.
Carlos W. Pommerenck
«Motociclo no es Mandrake»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Recorriendo un poco los barrios aledaños al centro de Montevideo, el domingo último asistimos a un espectáculo distinto en Sayago. (Dicho sea de paso, la Intendencia de Montevideo, debe ocuparse del camino Edison, hoy por hoy una vía de tránsito intransitable por su deterioro entre Garzón y Sayago). Nos referimos al gentío que en el local de la firma «Motociclo SA», pugnaba por adquirir bicicletas a un precio realmente irrisorio.
Todo ello, como consecuencia del cierre del merca
do argentino a la importación de este tipo de rodados, lo que lleva camino del cierre definitivo a la hasta pocos días, próspera industria nacional. (Una más… y van…). Las bicicletas de fabricación uruguaya (dicen que con mucho componente chino, lo que trae aparejadas las quejas de los argentinos), se vienen vendiendo (únicamente con tarjeta) a cuotas muy pequeñas y en cifra total muy inferior al precio de los comercios, lo que motiva a la masiva concurrencia de compatriotas, que por lo visto imitando el campeonísimo Wynants, se preparan «a todo pedal» para un futuro inmediato, donde viajar en medios del transporte colectivo, prácticamente dado el precio de los boletos se hará prohibitivo.
Dejando a un lado la broma, lo serio es que el inminente cierre de dicha fábrica, una más que se agregará a las varias que han «bajado la cortina» en los últimos tiempos, sin duda traerá aparejadas más pérdidas de fuentes de trabajo, amén de más colas en busca del certificado de buena conducta y ulterior pasaporte, pensando (por aquello de que «nadie es profeta en su tierra») en emigrar hacia donde sea en busca de mejores horizontes.
«Motociclo no es Mandrake», se escuchaba en una publicidad radial y televisiva hasta hace algunos meses, cuando todo parecía próspero y feliz en la entonces exitosa empresa.
Lo que ahora parece confirmarse en este Uruguay de hoy, donde ni aun siendo «mago» es posible hacer milagros. (Con el que por la noche pretendió la selección de Passarella, jugando «de colorado» en momentos en que los colorados, ni aun con el «mago» Jorge a la cabeza, son capaces de conseguir un triunfo ni a la bolita)
O.V.
De cómo el capitalismo dicta las normas a la democracia
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Quería ampliar sobre otro escrito en el que planteaba de cómo la palabra democracia, de la época más iluminada de los griegos y de la historia de la humanidad, es usada por este otro sistema que viene de la época más oscura de la Edad Media, el capitalismo.
Sistema que en su principio fue prohibido por inhumano hasta por la iglesia, pero que personas que evidentemente no eran muy cristianas llevaron a cabo de todas maneras, demostrando hoy en día de viejo ser tan inhumano, y antidemocrático como es su nacimiento.
Este grupo de personas que se esconde tras siglas como L.M.J. quienes dictan sus normas a la democracia, de la cual se valen mientras sus policías secretas o mafias contratadas eliminan a presidentes demócratas, para luego financiar a los asesinos.
De esta manera dejaron la deuda «externa», nunca mejor llamada ya que la crearon ellos, para de esta manera no permitir el desarrollo de la democracia en América Latina porque en el fondo los fascistas son racistas y por eso pueden hacen lo que hacen.
Esto podría cambiar si sus normas las propusieran primero al pueblo norteamericano o europeo, ya que para eso seríamos ciudadanos de tercera, de un tercer mundo también inventado por ellas, como un tercer Reich globalizado, pero tampoco cumplirían esta propuesta tampoco por su esencia fascista de antidemocrática. Pero eso sí, siempre tras la democracia ya que esta «suena de primera».
Mis mejores saludos
Mario G. Alonso
Los estados del alma y el rencor
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Ruego a usted tenga a bien publicar esta carta abierta a los Directores del BPS, la cual me fue devuelta por «improcedente».
Señor Presidente del BPS, don Carlos E. Gasparri y demás directores:
Vivimos en un mundo agresivo, frío y frívolo donde las personas son meros engranajes de una enorme máquina de producción.
En la antigüedad la persona mayor era un valor, y hasta existía en algunos pueblos un Consejo de Ancianos. Ahora el anciano es un estorbo, un «clavo» que cuesta mantener. Y mantenerlo, ¿para qué?, si no produce nada; y menos mal que tampoco reproduce…
Les escribo desde Tala, a 80 kilómetros de Montevideo, donde viven unos tres mil jubilados y pensionistas. El viernes hubo gente que lloró en la sucursal del BPS, a raíz de la tercerización de los pagos.
Duele el llanto de un niño, pero mucho más el de un adulto.
A pesar del bombardeo propagandístico, la mayoría de los jubilados y pensionistas de Tala firmaron contra los pagos en locales que no sean del BPS. Ustedes saben que el rechazo es en todo el país.
Pero ya sé que a ustedes ni les va ni les viene. Están en esos puestos (con la decorosísima excepción de Colotuzzo y Murro) para cumplir órdenes; no tienen capacidad de ser hombres libres; poseen la idoneidad del esclavo que obedece al amo de turno. Ustedes no deciden nada. Cumplen mandados; y en el incumplimiento se les va el puesto.
El dinero manda y dicen que cada hombre tiene un precio. Quizás los poetas, los bohemios y los locos no lo tengan. Decía Lincoln: «Locos son aquellos que han perdido todo menos la razón».
En el año 431 a.c. afirmaba Pericles: «En la democracia el poder está depositado no en manos de una minoría sino en la de todo el pueblo». Acá dieron vuelta la fórmula: mandan los menos; los que tienen más dinero. Es el poder de la sinrazón, la negación impúdica de la democracia.
El «estado del alma» que ustedes siembran es el odio, el rencor, el resentimiento, el despecho a lo largo y ancho del país. ¿Es así que se podrá construir una democracia basada en la libertad, la igualdad y la fraternidad que ustedes acaban de hacer añicos?
Han hecho llorar –y eso no es pequeño delito– a ancianos frente a las cajas de pago del BPS. Esas lágrimas brotaron de lo más hondo de seres humanos. No merecían tal castigo. Esas lágrimas serán compañeras de ustedes hasta el fin de sus días, que ojalá sean pocos, porque la amargura y el desprecio son demasiados.
Si existe Dios, que su maldición caiga sobre ustedes y sus descendientes, porque han ofendido a sus hijos predilectos, los pobres, y eso es ofender a Dios.
Sin rencor, pero con profundo dolor.
Buenaventura Romero
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