En Colonia, 45 mil devotos oraron y comieron 6.000 kilos de asado

Fiesta católica

A primeras horas de la mañana comenzaron a llegar los ómnibus que trasladaban a los fieles y que estacionados frente a la costa se alineaban en una extensa fila. La celebración fue presidida por el cardenal»dominicano». En el amplio estrado se ubicaban todos los obispos y al costado, en una tribuna, 300 sacerdotes lucían sus estolas blancas. La visual no permitía saber con exactitud hasta donde llegaba el «mar humano» de católicos que entusiastamente portaban banderas y carteles. La misa campal tuvo ingredientes folclóricos y reflejo de ello fue el repique de tambores por parte de adolescentes, acompañantes de una joven negra que llevaba una biblia en la mano mientras bailaba candombe. Un representante de cada diócesis entregó como gesto de ofrenda una imagen con el mapa de su jurisdicción, los cuales formaron el territorio uruguayo. La organización del evento, que realizó una correcta tarea, teniendo en cuenta la cantidad de personas que llegaron a la ciudad, puso a precios económicos la venta de 6.000 kilos de asado y 12.000 chorizos, además de agua mineral. Unos 300 voluntarios trabajaron para el desarrollo del evento que transcurrió con normalidad. En la tarde del sábado ocurrió un hecho curioso, cuando la virgen de los Treinta y Tres fue trasladada en camioneta desde Florida hasta Colonia. Al llegar al peaje de ruta 5 entre Canelones y Florida, para sorpresa de quienes llevaban la imagen, se les cobró el importe como cualquier otro vehículo, argumentando que no tenían que dar el pase libre.

En la Eucaristía, monseñor Carlos Collazzi, obispo diocesano, enfatizó en la necesidad de arrepentirse y pedir perdón, al tiempo que la comunidad abogó por una «sociedad reconciliada y justa» y que las «familias puedan superar las crisis de valores». Por su parte, el cardenal López Rodríguez señaló que en Uruguay muchos hablan del desaliento y el desencanto porque no se cumplieron las promesas o se cumplieron a medias; las corrientes modernas del pensamiento son incapaces de dar sentido de plenitud a la vida humana». Advirtió que existen personas que viven honradamente pero prescinden de la misa dominical o no comulgan y por lo tanto se quedan a mitad del camino. Además de la exhortación a participar de las misas del domingo, el Papa a través de su legado, propuso purificar el sacramento de la reconciliación.

La pobreza en Uruguay

Con temas como «Las Necesidades Básicas Insatisfechas», «El Pan de los Derechos Humanos» y «La Participación de los laicos en la transformación de la sociedad», por primera vez, unos cien representantes de la Pastoral Social y Cáritas y del Departamento de Laicos provenientes de todas las diócesis del país se reunieron conjuntamente para reflexionar sobre la acción de los católicos en las realidades temporales.

Propusieron la creación de una globalización de la solidaridad, en vez de una globalización egoísta y excluyente. La temática analizada partió de un video que mostraba diversos rostros de la pobreza, como de los peones rurales, de los presos, los desempleados. Orlando Romero manifestó a LA REPUBLICA que los católicos deben comprometerse en la fe sin jamás alejarse de la realidad social. El obispo de Canelones a pesar de las dificultades, dijo ser optimista sin perder la objetividad, para revertir la situación. Reconoció que la iglesia no tiene soluciones específicas a los problemas sino que puede estimular y dialogar con aquellos agentes que pueden hacer los aportes definitorios. El obispo de Salto, monseñor, Daniel Gil, explicó que la pobreza es un problema muy antiguo para esta diócesis y precisó que en Bella Unión con el empobrecimiento causado por la crisis de la caña de azúcar, en Paysandú por la desindustrialización donde 16 grandes sectores cerraron en los últimos 15 años y en Fray Bentos todavía no pudo superarse la vieja crisis del frigorífico Anglo ni fue superada. Añadió que en el último decenio, el sector agropecuario fue fundido y que tendrá serios inconvenientes para lograr reflotarlo. «Tenemos las escuelas vacías, la inmigración de los jóvenes –sobre todo en Paysandú– y es que la pobreza tiene rostros distintos y todos muy dolorosos que están encerrados en la desesperanza», enfatizó el prelado, quien afirmó que no percibe «voces de esperanza ni que se programe una salida a estos problemas».

Monseñor Julio Bonino, obispo de Tacuarembó, manifestó en Colonia que los héroes de estos tiempos son las mujeres, ya que los hombres sin trabajo permanecen en sus casas sin saber qué hacer y sus hijos quedan con sus sueños frustrados. Acotó que en países como Chile, mejoraron económicamente, sin embargo sus habitantes perdieron la capacidad de soñar. «Quiero ser un uruguayo que sueñe con un mañana feliz y pretendo juntarme con otros para vivir esa utopía y como dice Joan Manuel Serrat: «Sin utopías la vida es un ensayo para la muerte».

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